Radiodifusión pública: oportunidad para hacer la diferencia

Publicado en Zócalo, octubre de 2014

Una de las producciones del Sistema Público de Radiodifusión. Fotografía tomada de www.spr.gob.mx
Una de las producciones del Sistema Público de Radiodifusión. Fotografía tomada de http://www.spr.gob.mx

Aquella mañana de julio de 1979 el joven estudiante de la Facultad de Ciencias Políticas habló a nombre de todos los alumnos de la UNAM: “Si la sociedad nos brinda la oportunidad de estar en contacto con la cultura, de crearla, de difundirla, y nos responsabiliza de ello, nos ha de cobijar con la suficiente libertad para lograr nuestro objetivo, ya que dentro del recinto universitario se forja el futuro y el patrimonio cultural de la nación: libertad que requerimos ya que nos brinda la posibilidad de conocer, de asimilar y de no compartir las ideas de otros, elevando esta premisa de disentimiento razonado a norma universitaria”.

Armando Antonio Carrillo Lavat estaba por terminar la carrera de Ciencias de la Comunicación cuando fue seleccionado para ejercer un privilegio inusitado. Fue orador en la ceremonia conmemorativa de los 50 años de la autonomía universitaria en el Palacio de Minería. Muy serio y solemne, aunque no de corbata sino con camisa cuello de tortuga, el joven Carrillo habló delante del cuadro directivo de la UNAM encabezado por el entonces Rector Guillermo Soberón. Junto con él, fueron oradores don Alejandro Gómez Arias, el legendario dirigente del movimiento estudiantil que conquistó la autonomía universitaria en 1929 y don Miguel León Portilla, del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM.

Aquel joven que meses más tarde presentaría su examen profesional con la tesis “La política de comunicación de Canal 13 de TV” no imaginaba que tres décadas y media más tarde sería propuesto para ser el primer presidente de la cadena nacional de radiodifusión pública. La oportunidad que ese alumno demandaba para estar en contacto con la cultura y difundirla, ahora la tiene como funcionario del Estado mexicano. La autonomía que con tanto énfasis ponderaba para la Universidad, es uno de los atributos del Sistema Público de Radiodifusión que encabezará. Ser congruente en esa inédita responsabilidad con las aspiraciones de joven es uno de los menores retos que Carrillo Lavat tiene por delante. Lo más difícil será construir una radiodifusión pública independiente respecto del gobierno, de calidad que contraste con los contenidos de los medios comerciales, que tenga cobertura auténticamente nacional y que sea paradigma de pluralidad.

 

Amplias expectativas, riesgo de chasco

Armando Carrillo Lavat toma protesta, en el Senado, como presidente del SPR
Armando Carrillo Lavat toma protesta, en el Senado, como presidente del SPR

Desde que comenzó el actual gobierno Carrillo Lavat fue director del Organismo Promotor de Medios Audiovisuales, cuya infraestructura ha sido trasladada el nuevo Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano. Gracias a ello no cambiará de oficina pues la sede y los recursos del SPR son los que hasta ahora tenía el OPMA. Pero cometería un error formidable si supone que su trabajo será el mismo.

Como director del OPMA era funcionario del gobierno federal, a cargo de una entidad que producía y difundía televisión oficial. Ahora será el responsable principal de que se cumplan los ambiciosos e indispensables propósitos que la Constitución le adjudica en su Artículo 6º. al nuevo organismo y que la Ley del Sistema Público repite casi letra por letra:

“tiene por objeto proveer el servicio de radiodifusión sin fines de lucro, a efecto de asegurar el acceso al mayor número de personas en cada una de las entidades federativas a contenidos que promuevan la integración nacional, la formación educativa, cultural y cívica, la igualdad entre mujeres y hombres, la difusión de información imparcial, objetiva, oportuna y veraz del acontecer nacional e internacional, independencia editorial y dar espacio a las obras de producción independiente, así como a la expresión de la diversidad y pluralidad de ideas y opiniones que fortalezcan la vida democrática de la sociedad”.

El presidente del SPR estará acompañado por un consejo consultivo que en el diseño del nuevo organismo alcanza tanta importancia que también debe ser nombrado por el Senado pero a partir de una consulta pública. Para lograr los propósitos que señalan la Constitución y la ley, el titular del SPR requerirá de una amplia capacidad de interlocución pero, antes que nada, deberá tener un proyecto a la vez incluyente, profesional, plural y distinto a otras opciones en la radiodifusión mexicana.

Hay muchas definiciones de medios públicos. Pero casi todas coinciden en subrayar que los medios de esa índole existen hoy en día para ser diferentes a la televisión y la radio comerciales. Si el SPR no logra distinguirse de esa manera, las amplias expectativas que lo preceden se tornarán en un gran chasco. No se trata sólo de no mimetizarse con formatos y temáticas de los medios comerciales. Hace falta que la programación de los medios públicos tenga creatividad y calidad.

El desafío de Armando Carrillo no es menor. Por eso la primera pregunta que se hicieron los interesados en estos temas cuando se conoció la propuesta que el presidente Peña Nieto envió al Senado el 12 de septiembre pasado era Carrillo si cuenta con la experiencia y la capacidad que hacen falta para desempeñar esa responsabilidad.

 

Trayectoria de un empleo a otro

Carrillo Lavat conoce la radiodifusión pública porque la estudió desde su licenciatura (luego dirigió media docena de tesis sobre el mismo tema) y ha trabajado en ella. Fue Subgerente de Producción de Noticieros en Canal 13, Director de Producción en el Instituto Mexicano de la Radio y Subdirector de Medios Audiovisuales en el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología. En Madrid, tomó un curso en el Instituto Oficial de la RTVE, la corporación de medios públicos de España. Desde 2013 era director del OPMA.

Además ha colaborado en medios privados: Director de Operaciones en Proyecto 40 de Televisión Azteca, Director de Operaciones y luego Director de Producción en Grupo Imagen y Director de Producción de Noticieros en MVS Multivisión.

Entre una ocupación y otra, Carrillo trabajó en productoras independientes. Entre otras asignaciones, fue productor adjunto del primer debate entre candidatos presidenciales en mayo de 2012, cuando la atención de los televidentes fue acaparada por la guapa edecán que repartía las preguntas a los aspirantes a gobernar el país.

Tan variadas ocupaciones indican que Carrillo Lavat tiene experiencia en tareas de producción audiovisual aunque no necesariamente en la conducción de grupos de trabajo complejos como los que tendrá que haber en el SPR. Su mudanza de una empresa a otra puede ser muestra de independencia, pero también de inconsistencia laboral. Hubiera sido indeseable que al frente del organismo de medios públicos llegase un funcionario corporativo que toda la vida hubiera estado en la misma empresa pero su frecuente cambio de adscripciones laborales no deja de llamar la atención.

 

Modelo alemán, local y nacional

Como director del OPMA, Carrillo Lavat ha sido discreto. Sus apariciones públicas y sus entrevistas de prensa fueron escasas. Por eso es difícil saber qué orientación propondrá para la entidad encargada de dar presencia nacional y calidad a la radiodifusión pública.

En una entrevista con Adrián Arias para el portal de la empresa MediaTelecom, en noviembre de 2013, Armando Carrillo sostuvo que, a su juicio, la radiodifusión pública mexicana tendría que parecerse más a la de Alemania que al conocido y acreditado modelo británico:

“En la BBC es muy difícil ver programas que hablen de aquellas cosas que suceden fuera de los grandes asentamientos urbanos; a pesar de que es una cadena muy prestigiada y reconocida, su enfoque no es tan amplio como el de la Deutsche Welle”.

“La Deutsche Welle –continuó– trabaja mucho con las comunidades. Produce contenidos para varias localidades y se caracteriza por ser muy incluyente; eso es lo que buscamos hacer en México, que la nueva cadena no sea la voz de lo que dice el OPMA o el gobierno en turno, sino que podamos sumar la voz de las entidades en donde vamos a transmitir”.

Los programas de la BBC, en efecto, recogen fundamentalmente expresiones de los núcleos urbanos porque allí vive más del 80% de la población (en México ya tenemos un porcentaje similar de población urbana). Ese enfoque no limita la variedad ni la calidad de sus programas. La diferencia esencial entre la BBC y la corporación de medios públicos de Alemania radica en la concentración de recursos y decisiones de producción que hay en la institución británica.

La radiodifusión pública alemana, en cambio, funciona con un esquema mixto: una cadena de programación nacional y otra de programas locales, ARD y ZDF. Ambas son manejadas por un consorcio en el que están representados los länders o estados federados que conforman la República Federal Alemana. La Deutsche Welle es la institución que ofrece servicios de radiodifusión fuera de ese país.

La idea de que el Sistema Público de Radiodifusión se apoye en producción local no es mala, siempre y cuando no vaya en demérito de la centralización que hace falta en segmentos importantes de la programación y de la difusión nacional que requieren los contenidos para ser vistos en todo el país.

 

Necesaria pluralidad informativa

Los noticieros, por ejemplo, necesitan tener un alcance nacional no sólo para estar en condiciones de ser alternativa a los programas informativos de los medios privados sino, también, para cumplir con la disposición constitucional que requiere del nuevo sistema la “difusión de información imparcial, objetiva, oportuna y veraz del acontecer nacional e internacional”.

En esa frase hay todo un programa de trabajo. En rigor y a pesar de los buenos propósitos de los legisladores que incorporaron esa fórmula a la Constitución, la imparcialidad y la objetividad no existen cuando se elaboran y difunden informaciones en los medios. Cada periodista o conductor, y cada empresa o institución, ofrecen noticias a partir de su propia perspectiva. Lo deseable y posible, en cambio, es que se mantenga un esfuerzo para incluir la mayor parte de puntos de vista en la presentación de las informaciones.

A diferencia del enfoque unilateral y la pobreza de fuentes informativas que ha definido al desempeño de los medios comerciales en México, es de esperarse que las noticias en el SPR abreven en varias fuentes, muestren ángulos variados especialmente en los asuntos de mayor interés público respecto de los cuales suele haber diversas interpretaciones y, sobre todo, que sean mostradas dentro de un contexto que les permita a los ciudadanos comprender y aquilatar esos acontecimientos.

   El otro ejemplo que el director del SPR puede tomar de la experiencia alemana es la convergencia de medios en la que ahora se desarrolla la propagación de contenidos. La radiodifusión pública en ese país se difunde en las dos grandes cadenas de televisión que hemos mencionado pero además alimenta un complejo sistema de radio y cada vez tiene más presencia en Internet.

 

Radio e Internet, indispensables

La instrucción constitucional para que nuestro Sistema Público de Radiodifusión difunda contenidos en todas las entidades federativas no indica que únicamente debe transmitir por televisión. De hecho, radiodifusión en términos legales amalgama tanto a la televisión como a la radio. Por eso es de esperarse que el Sistema aliente al menos un canal de televisión nacional que tendrá como punto de partida el canal 30 el cual, con repetidoras en 15 ciudades del país, ha funcionado a cargo del OPMA. Pero además será necesario que el SPR establezca una cadena de radio nacional, con espacio para las producciones regionales y locales.

Hasta ahora el Canal 30 ha tenido un bajísimo, casi imperceptible perfil. El hecho de haber transmitido en señal digital que solamente puede ser sintonizada en televisoras con esa tecnología, limitó su audiencia. Además, hasta hace pocos meses se encontraba fuera de la programación de los sistemas de televisión de paga que ahora, sin embargo, están obligados a incluir esa señal igual que la de todas las instituciones federales que tienen canales de televisión.

En Internet, la presencia del OPMA y luego del SPR ha sido también demasiado discreta. Los programas y videos disponibles en su sitio web (spr.gob.mx) son muy pocos en comparación con la producción que ese organismo ha promovido. Los programas de un medio público deberían estar todos en línea, para que los interesados en ellos puedan consultarlos y descargarlos cuando quieran.

Las redes digitales son un recurso de interacción y expresión no solamente para que sus audiencias se dirijan a los medios públicos, sino para que se despliegue la deliberación que es una de las tareas esenciales de tales instituciones. Hacia la tercera semana de septiembre la cuenta en Twitter del Sistema (@SPR_Mexico) tenía menos de 1400 seguidores.

 

Ir más allá del costumbrismo

Ahora, en ejercicio de la autonomía y los recursos que le asignan las reformas legales recientes, la televisión del SPR y la presencia que sus contenidos alcancen en otros medios tendrían que multiplicarse y entrar a la disputa por las audiencias en nuestro país.

La mayor parte de los programas que produjo el OPMA rescatan costumbres, tradiciones y expresiones de variados flancos de la sociedad mexicana: gastronomía, bailables, vestimenta, barrios, oficios, viejos y niños, artesanías y bellas artes, mujeres e indígenas. En ese repertorio hay una vocación para reivindicar rasgos culturales que puede resultar enaltecedora, bonita incluso, pero que resultaría limitada si el afán de la televisión pública se agota en tales géneros.

En una entrevista para la Deutsche Welle, disponible en el sitio en español de esa corporación (http://www.dw.de/actualidad) y difundida en julio de 2014, Carrillo Lavat consideró que la televisión pública “es aquella que trata de dar mejores herramientas a la población. Dar elementos para que las personas tengan una mejor convivencia”. A su juicio, esa televisión debe difundir “no solamente el concierto del domingo y la biografía de Beethoven sino además elementos para una mejor convivencia”.

La convivencia es deseable, pero la cultura social y cívica no se sublima a fuerza de admoniciones en los medios de comunicación, ni saturándolos de ejemplos virtuosos y enaltecedores. La cultura cívica se consolida en el conocimiento enterado de los acontecimientos públicos, en la disponibilidad de opciones para informarse y sobre todo en la deliberación (es decir, en la confrontación de ideas) acerca de los asuntos más relevantes. El concierto dominical y la vida de los grandes músicos, por cierto, también son importantes.

Una radiodifusión pública digna de ese nombre tiene que ir más allá de la documentación costumbrista. Debiera mostrar lo que ha sido y es el país pero también vislumbrar sus opciones de futuro. Tendría que ocuparse del folclor y las tradiciones pero además de las expresiones artísticas de vanguardia. Es pertinente que allí aparezcan el son jarocho y la trova yucateca pero también el jazz y rock contemporáneos. Debe dirigirse a los nostálgicos pero antes que nada a los jóvenes.

 

Televisión de grandes pretensiones

La prueba de fuego de una televisión pública comprometida con la calidad y la pluralidad estará en sus noticieros y programas de opinión y, también, en sus producciones artísticas y dramáticas de mayor calado. En la presentación de noticias no debiera ser difícil procurar equilibrio y mesura frente a la gritería y la escandalización que abundan en los noticieros de la televisión privada. Además será deseable que haya periodismo de investigación: el reportaje, tanto para mostrar ángulos poco conocidos de los temas de mayor actualidad, como para develar y colocar en la agenda pública asuntos que los intereses coyunturales y el estruendo mercantil han soslayado, tendría que ser un género insoslayable en tales espacios. En el examen de los temas de mayor relevancia tendrían que comparecer voces expertas, con espacio para precisar y argumentar posiciones, y no solamente opinadores como aquellos que en los medios comerciales juzgan acerca de todo en sentencias drásticas de unos cuantos segundos.

El SPR está obligado a destinar espacio y recursos para la producción televisiva de grandes pretensiones: teleseries que aborden asuntos actuales con franqueza y elegancia, sin tratar de ofrecer moralejas, con una complejidad dramática que contraste con la simpleza de las telenovelas reiterativas y simplonas en las que se ha refocilado durante tantos años la televisión mexicana. La música y el deporte también tendrían que contar con sitios destacados. Fue significativo, a comienzos de este año, que el OPMA transmitiera los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi gracias al convenio que le propuso América Móvil, el consorcio telefónico que compró los derechos de ese evento (en el DF esos juegos los transmitió el Canal 22). La búsqueda de acontecimientos de interés para la sociedad debiera ser constante y no solamente excepcional en nuestra televisión pública.

 

Cómo defender la autonomía

Si el Senado aprueba la propuesta presidencial (lo cual quizá haya ocurrido o estará por ocurrir cuando este ejemplar de ZÓCALO se distribuya) Armando Antonio Carrillo Lavat será presidente, por cinco años y con posibilidad de una reelección, del organismo público más importante que se haya creado en México para hacer y difundir radiodifusión pública.

Ese organismo, a fin de estar protegido de coacciones e intereses políticos y corporativos, pero antes que nada para que sea independiente del gobierno, es autónomo. Ojalá que en la conducción del SPR Carrillo Lavat recuerde la sentencia de aquel muchacho que hace 35 años habló en el Palacio de Minería: “La autonomía es un ejercicio responsable, respetable y respetado por todos, y la mejor defensa de la autonomía es precisamente su ejercicio” (Gaceta UNAM, 12 de julio de 1979).

 

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