Flacuchas en alta definición

Publicado en la revista Iniciativa, junio de 2013

anorexia

Flacas, delgadísimas, escuálidas: sus imágenes en abundan las pantallas, adornan anuncios espectaculares, destacan en las revistas. Anuncian ropa, perfumes, automóviles. Pero sobre todo reproducen un estereotipo: las mujeres, para ser deseables, han de ser delgadas.

Por supuesto la contemplación de esas muchachas esmirriadas no implica forzosamente que todas las damas quieran ser como ellas, o que el gusto de todos los caballeros se oriente por tal estilo. Los medios de comunicación construyen y propagan estereotipos. Pero las personas no somos esponjas dispuestas a absorber sumisamente las imágenes que nos ofrecen televisión, cine o Internet. Cada quien busca y elige los contenidos que prefiere y los acepta, o no, de acuerdo con la experiencia, las preferencias y el contexto que tiene.

Pero en no pocas ocasiones, la reiteración mediática de los mismos prototipos físicos y la debilidad emocional de algunos de los espectadores más vulnerables ocasiona que, del reconocimiento del arquetipo, haya quienes quieran pasar a su imitación.

Por eso entre los adolescentes, especialmente las muchachas, abundan quienes quisieran ser tan delgadas como las jóvenes de los desfiles de modas o de los anuncios comerciales. Y esa apetencia en ocasiones se convierte en síndromes morbosos.

El año pasado la investigadora Olga Bustos Romero, de la Facultad de Psicología de la UNAM, encontró que 7 de cada 10 mujeres estudiantes de Bachillerato están insatisfechas con su cuerpo. A las jóvenes entrevistadas se les mostraron nueve siluetas y se les pidió que eligieran la que se asemejaba más a su figura real. Luego, se les solicitó que mostraran la silueta que desearían tener. “La diferencia entre una y otra nos daba el grado de insatisfacción con su imagen corporal”, explicó esa investigadora en un articulo publicado en el número 2 de la revista Derecho a Comunicar.

La doctora Bustos falleció recientemente. Estas líneas que abrevan en uno de sus muchos textos académicos son un amistoso homenaje a su empeñoso trabajo acerca de la condición social de las mujeres mexicanas.

Cuando se les preguntó qué rasgos de las modelos que aparecen en la publicidad les gustaría tener, el 45% de las entrevistadas dijo que quisieran ser delgadas, de piernas largas y abdomen plano.

A diferencia de las muchachas, solamente el 11% de los estudiantes varones dijo estar incómodo con su cuerpo. Y nada más el 30% manifestó que quisiera tener abdomen, brazos y rostro como los modelos de los anuncios pero no se refirieron a la figura esbelta. Estar flacos es obsesión de las mujeres adolescentes, no de los hombres de esa edad.

Dicha inquietud es algo más que contemplativa. El 42% de las mujeres dijo que recientemente había hecho alguna dieta. Esa respuesta fue compartida por el 35% de los hombres. Desde luego pueden haber sido dietas para aminorar la obesidad, más que con el propósito de ser tan delgados como los muchachos y muchachas que deslumbran en los anuncios de televisión y en las revistas.

De hecho, no está mal esa preocupación por la dieta. El 64% de todos los encuestados, hombres y mujeres, reveló que en su familia han hecho dietas para controlar el peso. Y 4 de cada 10 indicaron que en su familia hay o han tenido problemas de sobrepeso. El 15% manifestó que, de plano, en la familia hay casos de obesidad.

La línea entre la salud y la manía pareciera clara. Preocuparse por el sobrepeso es pertinente. Empeñarse para enflaquecer hasta la extenuación es otra enfermedad. Se trata de una dolencia que afecta muy especialmente a las jovencitas.

La anorexia, como es sabido, consiste en la manía por adelgazar de manera tan compulsiva que la persona afectada por esa enfermedad deja de comer. La bulimia es la necesidad apremiante por comer en grandes cantidades para, después, experimentar sentimientos de culpa tan agudos que el individuo llega a comportamientos como la inducción del vómito.

En México se estima, de acuerdo con la misma fuente, que 3.5% de las adolescentes padecen anorexia y 5% bulimia. En ocasiones esas enfermedades conducen a la muerte, o al empeoramiento de otros males.

Así que no es asunto menor la necesidad de deslindar las imágenes que vemos en los medios, de nuestra realidad cotidiana. De la misma manera que las escenas de violencia no producen de automáticamente individuos violentos, la exhibición de cuerpos macilentos no conduce a una imitación inmediata, pero puede llevar a ella.

Los medios no tienen la culpa de los casos de anorexia y bulimia que están aumentando en nuestros países. Pero una contemplación acrítica de tales íconos puede tener, como dicen las envolturas de algunos productos, consecuencias negativas para la salud.

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