Medios, transparencia ausente

Publicado en la revista Iniciativa, marzo de 2013

Imagen tomada de The Express Tribune, http://tribune.com.pk/
Imagen tomada de The Express Tribune, http://tribune.com.pk/

Los medios de comunicación deberían ser las instituciones más transparentes de la sociedad. El compromiso con la verdad que supuestamente enarbolan tendría que significar una permanente apertura acerca de sus propios asuntos. Pero en México los medios de comunicación no acostumbran tener, acerca de sí mismos, la franqueza que les exigen a otros actores de la vida pública.

Después de habérseles subordinado durante largo tiempo, en las dos décadas más recientes los medios de comunicación (especialmente los más profesionales e independientes) se han habituado a indagar, develar, denunciar y reclamar ante insuficiencias y excesos de los poderosos. Todavía no tenemos un periodismo de investigación sólido e influyente, pero las denuncias y advertencias en los medios han conducido a que la sociedad, y a veces también la justicia, sancionen torpezas y abusos del poder.

Todo eso está bien. Pero la relación de los medios con el resto de las instituciones y la sociedad no es equitativa porque la influencia de las empresas de comunicación –en especial la televisión— es tan apabullante que casi no hay personaje público que desatienda sus exigencias. Uno de los resultados de esa hegemonía política y cultural de los medios es su animadversión a rendir cuentas acerca de sus propios asuntos.

La información sobre los medios ha sido, en nuestro país, escasa, inconsistente y por lo general secreta. En Buenos Aires la prensa publica todas las mañanas las audiencias que alcanzaron los programas de televisión de la noche anterior. En México en cambio, los ratings televisivos los conocen únicamente los clientes de la empresa que hace tales mediciones. En Estados Unidos, al menos cada mes los periódicos publican el número de ejemplares que vendieron. En nuestro país no existen cifras de circulación confiables y actuales. Prácticamente todos los diarios y revistas abultan sus datos para impresionar a posibles anunciantes.

La nula vocación de transparencia en los medios, la inexistencia de disposiciones legales que la propicien y la falta de exigencia social, se aúnan para mantener esa situación. En años recientes algo hemos avanzado para conocer el estado de los medios pero debido a cambios en el entorno, e incluso en los modelos de negocio de las empresas de comunicación, y no a consecuencia de una propensión a la claridad.

Hace algo más 20 años indagué los tirajes de los diarios de la ciudad de México. Tuve que acudir a informes de la empresa que les vendía el papel, a un recuento de los ejemplares que llegaban y los que luego eran devueltos en los expendios de voceadores y a varias confidencias de amigos y colegas que trabajaban en algunos periódicos. Yo mismo era funcionario de un diario y esa posición me facilitó el acceso a toda esa información. Esa ha sido, hasta donde tengo noticia, la única estimación de la cantidad de ejemplares que imprimen los periódicos en la capital del país.

Desde hace algún tiempo la Secretaría de Gobernación mantiene un padrón de diarios y revistas que incluye cifras de circulación pero se trata de datos que proporciona cada casa editorial. Por eso no son confiables. La simulación acerca de tales cifras se ha mantenido sin que casi nadie se inconforme ante esa expresión de arcaísmo empresarial y atraso político.

La inquietud ante la opacidad en los medios se ha reavivado porque reciben cada vez más recursos públicos. Durante el sexenio de Vicente Fox el gobierno federal gastó 16 mil millones de pesos en la contratación de espacios en medios. El gobierno de Felipe Calderón posiblemente gastó más de 25 mil millones de pesos (la cifra exacta aún está por conocerse). Los gobiernos estatales y cada vez más municipios e instituciones públicas tienen sus propios desembolsos en publicidad.

La mayor parte de ese gasto ha sido para comprar espacios en Televisa y Televisión Azteca. Radio, y sobre todo prensa escrita, están cada vez más relegadas de las prioridades publicitarias del gobierno.

Se trata de un gasto excesivo, pero además innecesario. Casi todo, está destinado a promocionar acciones que el gobierno tiene obligación de hacer porque para eso lo eligieron los ciudadanos.

El gasto en propaganda es una de las extravagancias más costosas del sistema político mexicano. En la mayor parte del mundo los gobiernos no pagan anuncios, para auto promoverse, en ningún medio de comunicación.

Ese gasto, en México, debería ser cancelado. Pero mientras eso sucede, lo menos que podemos esperar es que sea transparente y que los ciudadanos conozcamos de manera regular, detallada y pública, qué medios contratan, para qué espacios y con cuáles montos, tanto el gobierno federal como los gobiernos locales.

Todo ese es dinero nuestro, proveniente de los impuestos que pagamos. Conocer su destino, para evaluarlo y discutirlo, podría ser un primer paso en la transparencia que les hace falta a los medios de comunicación.

 

 

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