Los medios dolidos y la tiranía del spot

Artículo publicado en Nexos, marzo de 2012

Además de la formidable influencia que ya tienen, la televisión y la radio se benefician de una suerte de profecía autocumplida: se habla tanto pero de manera tan superficial acerca de su ascendiente y se les reverencia con tanta estupefacción que a los medios, de por sí influyentes, se les confiere así un poder adicional.

Ilustración tomada de http://entantoencuanto.wordpress.com

Se trata del poder de la imagen que los propios medios propalan acerca de sí mismos y que suele ser magnificada en los más variados ámbitos: lo que importa hoy en día, se considera a menudo, es lo que aparece en televisión y se refuerza en comentarios radiofónicos. Lo que se dice y hace fuera del entorno mediático alcanza escasa o ninguna influencia, se añade en esa apreciación apantallada por la pantalla.

Eso no lo afirman solamente los propagandistas de los medios. Esa es la convicción de numerosos políticos, que comparten acríticamente una suerte de nuevo sentido común mimetizado al influjo mediático. El crecimiento de nuestras sociedades y el deterioro en la credibilidad de los partidos y de la política convencional han contribuido a reforzar la dependencia respecto de los medios electrónicos para persuadir a los ciudadanos.

 

Más spots no dan más votos

La influencia política de los medios resulta mayor en países en donde las frecuencias y otros recursos comunicacionales se encuentran acaparados por pocas empresas. En México, como es bien sabido, Televisa y Televisión Azteca controlan el 96% de las concesiones para televisión comercial. La inexistencia de otras opciones en el campo de la televisión abierta ha multiplicado el poder de esas empresas aunque cada vez más mexicanos tienen televisión de paga.

Hoy en día no hay campaña política, a menos que esté reducida a un ámbito muy local, que pueda prescindir de los medios electrónicos. Pero el hecho de que sean indispensables, con frecuencia conduce a suponer que la televisión y la radio definen, de manera casi mecánica, la opinión y las decisiones políticas de los ciudadanos.

No es así. Durante el último cuarto de siglo, hemos comparado la cobertura que los medios electrónicos les dedican a los candidatos presidenciales con los resultados en las urnas. Invariablemente, encontramos que no hay relación directa entre la atención que reciben en los medios y los votos que esos candidatos obtienen en las elecciones. En las campañas de 2006 el candidato del PRI, Roberto Madrazo, recibió el 36% de todo el espacio para esos temas en los noticieros de televisión y alcanzó únicamente el 22% de la votación. Felipe Calderón del PAN y Andrés Manuel López Obrador del PRD, tuvieron 27.4% y 29% del espacio en noticieros y lograron votaciones superiores al 35%.

Gastar más en los medios tampoco es garantía de éxito para los partidos. En esa elección el PRI y el Partido Verde, que estaban aliados, invirtieron 642 millones de pesos en la contratación de spots en radio y televisión. El PAN, casi 627 millones de pesos. La coalición que respaldaba a López Obrador, casi 582 millones de pesos. El resultado electoral no tuvo relación directa con ese gasto. Esos y otros datos de la elección en 2006 se encuentran en mi libro Simpatía por el rating (Cal y arena, 2010).

Más recientemente, entre el 18 de diciembre de 2011 y el 29 de enero de 2012, la cobertura a las precampañas para que el PAN seleccionara a su candidato presidencial fue muy pareja. De 186 horas destinadas en noticieros de radio y televisión a los aspirantes presidenciales, Santiago Creel recibió el 20%, Ernesto Cordero 19.8% y Josefina Vázquez Mota el 19.5%. Enrique Peña Nieto, del PRI, tuvo el 21.8% de ese espacio y Andrés Manuel López Obrador, 18.9%. (Datos del monitoreo que realiza la FCPyS de la UNAM por encargo del IFE). La ganadora en la elección interna de Acción Nacional recibió 54% de los votos, muy por arriba de los otros precandidatos.

Satisfactoria prueba en 2009

Las personas reaccionan de manera distinta ante los mensajes en los medios de comunicación. Cada individuo procesa, de acuerdo con su experiencia y contexto, las informaciones y exhortaciones que recibe por televisión y radio. Sin embargo esa constatación de que los ciudadanos no son autómatas y toman decisiones electorales a partir de consideraciones diversas, más allá de lo que encuentran en los medios, no la han entendido los políticos que en México se desviven para tener unos segundos de fama mediática.

En el otoño de 2007, los partidos políticos rompieron momentáneamente el beneplácito que suelen tener ante exigencias e intereses de las televisoras. La reforma electoral que incorporaron a la Constitución tuvo causas diversas, desde el afán para desquitarse de las autoridades del IFE a las que destituyeron contradiciendo la carta magna, hasta el intento para lograr mayor equidad en la distribución de los espacios para propaganda política en los medios. La medida más importante de esa reforma fue la prohibición a la compra de tiempo para mensajes políticos en radio y televisión y la asignación de espacios gratuitos, hasta entonces utilizados por el gobierno federal, para spots de los partidos y las autoridades electorales.

Las nuevas disposiciones tuvieron su primera prueba en la elección federal de 2009. Las dos televisoras privadas inicialmente sabotearon el inicio de tales reglas. A la postre, los canales de televisión del Distrito Federal difundieron más del 99% de los anuncios de campaña entregados por el IFE.

El nuevo régimen de propaganda política requiere que la autoridad electoral se haga cargo de nuevas y complejas tareas. Además de entregar los spots que serán transmitidos a cada una de las estaciones de radio y televisión, el IFE tiene que verificar que tales mensajes se difundan sin alteraciones. Para las elecciones de 2009 instaló 150 centros para monitorear 1090 estaciones de radio y 384 de televisión que constituían el 72% de los medios a los que les envió spots.

Agobiada autoridad

Las nuevas reglas les dan a los partidos políticos la posibilidad de presentar denuncias contra diversos actores del proceso electoral: candidatos, concesionarios y permisionarios de radio y televisión, ciudadanos, etcétera. El “procedimiento especial sancionador” establece un mecanismo muy expedito para desahogar en pocos días esas quejas pero se ha convertido en un factor adicional de presión para el IFE.

Muchas quejas presentadas de acuerdo con ese procedimiento son reclamos (con frecuencia relacionados con la propaganda electoral) que los partidos se hacen unos a otros. Buscan aprovechar la notoriedad que adquieren esas denuncias, aunque en ocasiones saben que serán archivadas. Antes de ello, el IFE debe darles trámite aquilatando pruebas y convocando a las partes involucradas para que, en pocos días, el Consejo General que lo encabeza evalúe una propuesta de dictamen.

En el proceso para organizar y sancionar las elecciones intermedias de 2003, el Consejo General del IFE se reunió en 18 ocasiones. Seis años más tarde, cuando ya existían el procedimiento especial sancionador y las nuevas reglas en materia de propaganda política, el Consejo tuvo que realizar 88 sesiones. En el proceso de 2003 las sesiones de ese organismo sumaron 97 horas. En las siguientes elecciones intermedias, en 2009, fueron 322 horas. (Datos en IFE, Secretaría Ejecutiva, Informe General sobre la Implementación de la Reforma Electoral durante el proceso 2008 – 2009).

Durante el periodo de preparación hacia las elecciones presidenciales de 2012, la sobrecarga fue mayor porque tres de los nueve consejeros que deben integrar al Consejo General fueron designados por la Cámara de Diputados con más de un año de retraso. En Nexos de junio de 2011, Ricardo Becerra [“Piensen en cargar un elefante (y luego en el IFE)”] relató algunas de las vicisitudes que ocasiona el procedimiento sancionatorio que la autoridad electoral está obligada a poner en práctica.

Cuando el IFE impone sanciones, lo mismo que cuando considera que no hay motivo para ellas, los denunciantes o los afectados acuden al Tribunal Electoral. La existencia de ese escalón último en el proceso para lograr la justicia electoral es pertinente. Pero no lo es tanto la existencia de criterios contradictorios, y con frecuencia heterodoxos para no decir apartados de la equidad y la ley, en las decisiones del TRIFE.

Titubeos, temores y tirrias

A fines de septiembre pasado, por ejemplo, el Tribunal Electoral consideró que la transmisión, meses atrás, de dos debates entre precandidatos al gobierno de Nayarit había constituido una adquisición ilegal de espacio en televisión. Los magistrados del TRIFE no tenían evidencias de compra o venta de espacio en la televisora involucrada, pero estimaron que debido a las circunstancias de tales debates “se infiere” que hubo tal adquisición. Antes, el IFE había resuelto que en ese caso no había motivo de sanción alguna.

Aquella sentencia del Tribunal, insuficientemente sustentada, ocasionó que los grupos radiofónicos más importantes considerasen que los debates en campañas y precampañas estaban prohibidos. La ausencia de aclaraciones por parte del TRIFE, así como la parsimonia del agobiado IFE para responder ante el mismo tema, alimentaron la suspicacia de propietarios y operadores de los medios, algunos desde tiempo atrás declarados malquerientes de la reforma electoral y, otros, legítimamente desconcertados. La confusión se mantuvo todavía a comienzos de febrero, cuando fue aprovechada por los grupos que, dentro del PAN, no querían que hubiera debate entre los precandidatos presidenciales de ese partido.

Hay otros ángulos que serán críticos en la relación entre medios y política durante los meses próximos. La reforma de 2007 otorga a partidos y autoridades electorales 48 minutos diarios en cada estación de radio o televisión, pero ese tiempo únicamente se puede utilizar en spots de 30 segundos, en segmentos de 2 o 3 minutos cada hora. Así que, por disposición constitucional, tendremos muchos anuncios breves pero la ley impide que ese espacio se acumule para programas de análisis o debate.

Por otra parte, la taxativa para comprar o vender espacio de propaganda electoral ha sido burlada por radiodifusoras y televisoras en donde se mencionan nombres de candidatos o partidos no por decisión espontánea de periodistas o conductores, sino como resultado de acuerdos comerciales de los que no siempre hay documentación. Las televisoras denominan “integración de producto” a la colocación de una marca en la decoración, la vestimenta o los diálogos tanto en telenovelas como incluso en noticieros. La autoridad electoral ha señalado que, cuando alude a siglas de partidos o nombres de candidatos, esa práctica es ilícita.

Allí se encontrarán algunos de los tropezones previsibles en la cobertura que los medios hagan de las campañas políticas. A pesar de las reglas que diseñaron en 2007 algunos de los partidos, o todos, intentarán obtener menciones en televisión y radio más allá de los spots. La autoridad electoral, abrumada con crecientes exigencias, será protagonista en vez de solamente árbitro de la competencia política. Los medios no tendrán dificultades para cumplir la obligación de difundir spots pero las televisoras reeditarán, cada vez que puedan, su reclamo contra normas y autoridad electorales. Hace seis años, televisoras y radiodifusoras ganaron 2 mil millones de pesos gracias a las campañas presidenciales. De ese tamaño es la animosidad contra las reglas que las han privado de tales ingresos.


2 thoughts on “Los medios dolidos y la tiranía del spot

  1. […] 60  En este tenor, de acuerdo a lo que documenta Raúl Trejo, “hace seis años, televisoras y radiodifusoras ganaron 2 mil millones de pesos gracias a las campañas presidenciales” (Raúl Trejo Delarbre, Los medios dolidos y la tiranía del spot , Publicado en Revista Nexos, México,  marzo de 2012, En línea, Dirección URL [https://mediocracia.wordpress.com/2012/04/11/los-medios-dolidos-y-la-tirania-del-spot/#more-800] […]

  2. […] 60  En este tenor, de acuerdo a lo que documenta Raúl Trejo, “hace seis años, televisoras y radiodifusoras ganaron 2 mil millones de pesos gracias a las campañas presidenciales” (Raúl Trejo Delarbre, Los medios dolidos y la tiranía del spot , Publicado en Revista Nexos, México,  marzo de 2012, En línea, Dirección URL [https://mediocracia.wordpress.com/2012/04/11/los-medios-dolidos-y-la-tirania-del-spot/#more-800] […]

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