Policías y funcionarios, en las redes del Canal de las Estrellas

Publicado en Zócalo, junio de 2011

No se necesita ser Nostradamus para anticipar que el cuantioso gasto que hizo la Secretaría de Seguridad Pública para financiar la telenovela “El Equipo” no logrará mejorar sustancialmente la imagen pública de esa dependencia. Tampoco se requieren habilidades adivinatorias para considerar que ese fracaso, ni siquiera por haberse difundido en cadena de televisión nacional, no modificará el embeleso por la televisión que tiene la clase política mexicana y especialmente el gobierno federal.

La decisión de la SSP para financiar esa serie de 20 capítulos que comenzaron a transmitirse a principios de mayo manifiesta una amalgama de avidez propagandística, necesidad de legitimación y costoso candor acerca de los efectos de los medios de comunicación. El secretario Genaro García Luna y sus asesores padecen una ignorancia que, dicho sea en descargo suyo, es compartida por amplios segmentos en la política mexicana. Esa impericia radica en suponer que la televisión moldea conductas como si las conciencias de los televidentes fueran de plastilina.

Los estrategas de la SSP en materia de publicidad creyeron (desde luego marrulleramente persuadidos por algunos ejecutivos de Televisa) que bastaría hacer una telenovela con  policías judiciales buenos y virtuosos para que, gracias a ello, la sociedad mexicana dejara de desconfiar en los elementos de esa corporación.

Pero la televisión nunca ha funcionado así y menos ahora, cuando además de ese medio los ciudadanos tienen otros recursos para enterarse de los asuntos públicos y formarse una opinión acerca de ellos. Por muy llamativa y profesional que hubiera resultado la producción de esa telenovela, los telespectadores saben distinguir entre ficción y realidad. Por muchas escenas dramáticas que reivindiquen a la Policía Judicial, los televidentes saben que el desempeño de esos agentes no siempre es tan justiciero e intrépido como se asegura en la telenovela.

Costosa caricatura

El efecto de la teleserie está acotado por las informaciones que los ciudadanos reciben, en ocasiones a partir de su experiencia personal, acerca de la gravedad de la violencia, la impunidad que por desgracia sigue beneficiando a muchos delincuentes e incluso las complicidades que encuentran en corporaciones policiacas que no son ajenas a la corrupción.

Ninguna telenovela basta para contrapesar el entorno de incertidumbre que ha creado la propagación de la violencia criminal en México. “El Equipo”, además, muestra situaciones tan maquilladas que los televidentes no podrían tomarlas como referencia para justipreciar a criminales o policías de una realidad muy distinta a la que difundió esa serie.

De acuerdo con la descripción que hizo el analista de televisión Álvaro Cueva, esa teleserie resulta inverosímil por la polarización de estereotipos que plantea: “En ‘El equipo’ los policías son hermosos, atléticos, finos, cultos, inteligentes, sensibles y trabajan con una tecnología que ni Jack Bauer en 24.

En cambio, los delincuentes son feos, negros, panzones, nacos, ignorantes, tontos, insensibles y hacen su chamba en condiciones asquerosas. ¿Así o más maniqueo?” (Milenio, 15 de mayo de 2011).

El maniqueísmo es un recurso para simplificar la complejidad de la vida real. Cuando presenta policías judiciales muy distintos a los que los ciudadanos han conocido y delincuentes que no se parecen a muchos de los que suelen ser presentados en público por las propias autoridades judiciales, “El Equipo” funciona como propaganda vulgar, es decir, de previsible ineficacia.

Tratar de enmendar a partir de una pieza de ficción televisiva la apreciación que la gente tiene de la realidad es una apuesta incierta y, por eso, riesgosa. La simplificación de la realidad con el propósito de mostrar solamente los rasgos benignos de los policías, enfrentados a delincuentes torvos, infames y torpes, puede convertirse en mera caricatura. Que una televisora proponga como programa estelar esa parodia de la realidad, es discutible. Pero que lo haga con fondos públicos, merced a un acuerdo expreso con la dependencia del gobierno federal que está a cargo de la persecución a la delincuencia organizada, es un acto de ingenuidad e irresponsabilidad.

Mensaje y contexto

La televisión no modifica las actitudes de los ciudadanos. Puede influir en ellas, sobre todo cuando existe un contexto favorable a los mensajes que se pretende tengan peso sobre una audiencia determinada. Si tengo gripe, estoy buscando un medicamento y miro en televisión el anuncio de un antigripal, estoy más predispuesto que la mayoría de los televidentes a tomar en cuenta dicho mensaje. Pero eso no significa que vaya a salir corriendo a comprar ese producto en la farmacia. La experiencia acerca de ese medicamento por parte de otras personas que yo conozca y mi experiencia misma en materia de antigripales, serán determinantes para que yo le haga caso, o no, a la invitación que hace el anuncio.

Es decir, la propuesta que formula ese contenido en la televisión tendrá eficacia en la medida en que los telespectadores sean propensos a mensajes de esa índole. Si los ciudadanos están ávidos de tener policías generosos y gallardos, se interesarían más en la teleserie. Pero lo que quieren hoy los mexicanos es honestidad y sobre todo eficacia en el combate a la delincuencia, aunque la vida privada de los policías judiciales no ofrezca material dramático como para una telenovela.

Por eso la inversión de dinero y esfuerzo, así como la utilización de instalaciones oficiales para grabar la telenovela de una empresa privada, han sido un desperdicio.

Una de las protagonistas de la fallida telenovela

Dispendio y denuncia

Ese gasto podría tener consecuencias legales, porque se trata de propaganda encubierta. Las normas administrativas permiten a las dependencias del gobierno federal contratar espacios de publicidad para anunciar sus acciones, hacer campañas sociales, difundir información, etcétera. Pero no está prevista la contratación de dramatizaciones con las que se busca persuadir a los ciudadanos de los méritos de una corporación policíaca.

Ese gasto no ha sido menor y las autoridades de la SSP han querido mantenerlo en secreto. El periodista Jenaro Villamil informó que  “El Equipo” requirió una inversión de 150 millones de pesos por parte de esa dependencia (Proceso, 14 de mayo de 2011). Se trata de una suma enorme, pero si además de producir esa serie la SSP pagó para transmitirla el desembolso pudo haber sido más alto.

Actualmente, de acuerdo con sus tarifas para el segundo trimestre de 2011, la contratación de un minuto de publicidad comercial en la cadena nacional del Canal 2 cuesta un millón 863 mil pesos (sin impuesto). Cuando un cliente compra en paquete o paga por anticipado recibe descuentos importantes. En todo caso, la compra no de un pequeño espacio sino de uno de los segmentos más caros en la programación del llamado Canal de las Estrellas (a las 10 de la noche) puede haber costado bastante más que el equivalente a 4 minutos de publicidad ordinaria.

La diputada Leticia Quezada, del PRD, presentó una denuncia ante la Secretaría de la Función Pública por desvío de recursos públicos en la grabación de esa telenovela. El asunto puede ser más grave.

Engaño al público

“El Equipo” muestra, en plenitud, el estilo de propaganda que Televisa se empeña en vender a las instituciones gubernamentales y políticas. Se trata de la adaptación, para clientes de ese corte, de la modalidad denominada “integración de producto” (product placement, se le dice en otros países). En las series dramáticas, de la misma manera que en cada vez más películas para el cine, los actores aparecen consumiendo bebidas, alimentos o cigarrillos, o conduciendo automóviles de marcas específicas.

Hace poco Televisa difundió una telenovela que se desarrollaba en una agencia de automóviles. La marca Ford aparecía a cada momento. A diferencia de la publicidad subliminal, que no se manifiesta de manera expresa, la “integración de producto” incrusta a las marcas como parte de la dramatización.

Se trata, en rigor, de un engaño al público. Los televidentes miran un programa en el entendido de que la publicidad es presentada de manera expresa, en los cortes comerciales. Pero ya que se trata de menciones y exhibiciones pagadas por una firma comercial, tendrían que ser contabilizadas como parte del tiempo que la ley autoriza para difundir publicidad en las televisoras.

La Ley de Radio y Televisión y su Reglamento únicamente permiten que en televisión haya 11 minutos de publicidad cada hora. Los concesionarios hacen trampa y para transmitir segmentos comerciales mayores a ese tiempo, lo calculan como si se pudieran acumular los minutos de las 24 horas del día para luego repartirlos como mejor les convenga, de tal forma que en los horarios de mayor audiencia hay hasta 30 minutos, o a veces más, de publicidad cada hora.

A esa infracción cotidiana, que sólo se explica debido a la negligencia de la Secretaría de Gobernación que debiera encargarse del cumplimiento de las leyes para la televisión y la radio, se añade la “integración de productos”. En otros países, por ejemplo en la Unión Europea, el product placement tiene reglas estrictas. Entre otras cosas, es obligatorio que se le indique al público qué menciones, escenas o situaciones se deben al pago de las empresas cuyos productos son ubicados dentro de un programa de televisión o una película.

Televisa, decisión política

En México, no solamente carecemos de reglas para el emplazamiento de productos sino que el gobierno federal se hace cómplice de tales artimañas. Al contratar ese extenso infomercial que ha sido “El Equipo”, la SSP intentó embaucar a los ciudadanos proponiéndoles una versión acicalada del combate a la delincuencia.

También Televisa, en su avidez mercantil, avanza más allá de los límites que esa misma empresa había establecido en su relación con los telespectadores. Al presentar como telenovela un programa realizado por encargo de una dependencia pública y que ostensiblemente es una pieza de promoción institucional, la empresa actúa como mecanismo de propaganda oficial. Ni siquiera en los tiempos de la égida manipuladora y autoritaria del PRI, Televisa ponía los contenidos de sus programas de ficción al servicio del gobierno.

Se trata, desde luego, de un acuerdo comercial. Pero también de una decisión política de la empresa de Emilio Azcárraga Jean. Ese estilo mercantil, puesto al servicio de cualquier institución o cualquier político siempre y cuando paguen, es entre otras cosas un recurso para burlar la legislación electoral que prohíbe la compra de espacios para spots expresamente proselitistas.

La serie “El Equipo” no llama a votar por un candidato, aunque es un instrumento de propaganda que busca beneficiar al gobierno federal. Más tarde seguramente habrá, en otras series, menciones, alusiones, entrevistas y programas enteros dedicados a los candidatos que estarán en campaña presidencial. La “integración de producto” es una manera de integrar la política al Canal de las Estrellas.

Confiar en la policía

La Policía Judicial Federal requiere una mejor imagen. El combate a la delincuencia difícilmente puede prosperar cuando los ciudadanos tienen desconfianza y temor de las corporaciones encargadas de perseguir y encarcelar a los criminales. Los mexicanos quisiéramos policías en los que pudiéramos confiar. Pero esa confianza se construye con hechos y no con fábulas de telenovela.

Muy a menudo, los noticieros y los diarios informan acerca de policías corruptos o abusivos. Mientras esas actitudes y atropellos sigan repitiéndose, por muchas teleseries que patrocinen la imagen de las corporaciones policiacas será desfavorable. Sin duda existen policías honestos, comprometidos con la justicia y persuadidos de la utilidad social de su trabajo. Para esos policías debe resultar indignante y ofensiva la parodia de su trabajo que ha mostrado “El Equipo”.

Peores excesos veremos en el futuro inmediato, mientras la llamada clase política siga creyendo que la clave para ganar consenso en la sociedad se encuentra en la televisión. Como si no tuviera otros asuntos que atender, recientemente el secretario de Educación Pública ha dicho que las telenovelas son un instrumento pedagógico. Que alguien instruya al secretario Alonso Lujambio, ¡por favor! acerca del comportamiento de la televisión.

2 thoughts on “Policías y funcionarios, en las redes del Canal de las Estrellas

  1. Sencillamente perfecto. Es un texto documentado, ejemplo para quienes nos dedicamos (o dedicaremos) a la expresión escrita. No podemos más que estar de acuerdo con el autor, después de ofrecer tan contundentes y bien documentados argumentos.

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