Aristegui, audiencias reivindicadas

Publicado en emeequis

El trato entre prensa y poder político en México está colmado de episodios de censura. La diferencia en el caso Aristegui fue, junto con la notoriedad de la periodista, la reacción de millares de sus seguidores.

Quizá no todos los que protestaron por la exclusión de la radio –afortunadamente temporal– de Carmen Aristegui, eran radioescuchas asiduos de su noticiero. Incluso, entre quienes reclamaron hubo algunos que no simpatizan con el periodismo de esa conductora. Pero la desaprobación multitudinaria contra el despido de Aristegui, que desbordó las redes sociales y se convirtió en uno de los dilemas políticos más delicados que ha enfrentado el gobierno actual, indica que algo importante está cambiando en la relación entre los medios de comunicación y sus públicos en este país.

Los medios en México habitualmente no han tenido, ni han procurado, una interlocución frecuente con sus públicos. Para las empresas de comunicación del otro lado del micrófono no hay ciudadanos sino receptores o, mejor, consumidores. La lógica inevitablemente autoritaria de la comunicación de masas propicia esa relación, que resulta todavía más vertical tratándose de medios tan concentrados y tan iguales entre sí como suele ocurrir con la radio y la televisión mexicanas.

Por eso los medios no acostumbran rendir cuentas a sus públicos acerca de los cambios en la programación, ni cuando reemplazan conductores o periodistas. Las empresas de radiodifusión (y lo mismo ocurre en la prensa escrita) están habituadas a despedir conductores y colaboradores, por motivos financieros pero también debido a causas políticas que nadie, o casi nadie, se toma la molestia de cuestionar. La principal fuente de censura en los medios mexicanos, hoy en día, no se encuentra en el gobierno sino en los intereses de las empresas de comunicación. Radioescuchas, televidentes y lectores por lo general admiten con resignación esos cambios.

La suspensión del programa de Carmen Aristegui en MVS Radio suscitó, al contrario, una reprobación inusitada. Twitter, Facebook y el correo electrónico, fueron espacios para ventilar la desazón y el enfado de una enorme cantidad de personas que, en vez de públicos contemplativos, decidieron comportarse como ciudadanos.

Las demostraciones en las redes sociales, además de la presión de algunos comentaristas que en la prensa insistieron en ese tema, influyeron para que Carmen Aristegui retornara a su espacio en MVS Noticias. En ese acuerdo, desde luego, resultó esencial la voluntad de arreglo tanto de la periodista como de la empresa. Para el gobierno el desplazamiento de Aristegui, al que no fue ajena la oficina presidencial, se había convertido en asunto incómodo y a ratos inasible. Todos, al final, manifestaron prudencia. Y todos ganan con ese arreglo.

En las protestas que circularon por redes sociales destacó la vehemencia, en ocasiones entintada de una incómoda intolerancia, de algunos de los admiradores más fieles de Aristegui. A ellos se sumaron fanáticos de otras causas, que vieron en la exclusión de esa periodista la confirmación de sus obsesiones en contra del gobierno. Muchos más, simpatizantes o no del estilo de esa conductora, consideraron que el forzado apartamiento de la radio que estaba padeciendo constituía una expresión de ominosa censura que resultaba preciso atajar. La causa de Aristegui estuvo, así, reforzada por ciudadanos de variadas convicciones pero que coincidieron en respaldar a esa destacada periodista.

El papel activo que tuvo la audiencia de Aristegui, fue reconocido por la periodista y la empresa en el comunicado con el que comunicaron su retorno a MVS. Además de publicar el Código de Ética que ha normado la relación entre ambas partes, se anunció el compromiso para designar un “Defensor del radioescucha”.

Reivindicar el interés de las audiencias, significa hacerlo delante de mensajes abusivos, informaciones erróneas, noticias parciales o comentarios de mala fe. El defensor de los radioescuchas tendrá que desempeñarse con autonomía plena a fin de evaluar críticamente y con seriedad los contenidos del noticiario matutino de MVS.

La periodista regresa a su espacio radiofónico apuntalada por un movimiento social muy significativo. Pero eso no debiera implicar que su trabajo dejará de estar sujeto al escrutinio público. La sacralización que hacen de ella sus partidarios más exaltados es contradictoria con la apertura de los medios con la que Carmen Aristegui ha estado comprometida desde hace largo rato.

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