La disputa por la televisión digital

Zócalo, abril de 2009

Más de lo mismo, o más opciones en el mismo espacio: esas son, esquemática pero claramente, las posibilidades que ofrece la televisión digital. En torno a ellas, en América Latina actualmente se libra una intensa y en ocasiones notoria batalla empresarial y gubernamental –a veces también social– para elegir entre cuatro estándares de televisión digital.

Aunque el gobierno mexicano resolvió hace 5 años, sin discusión ni anuncio previo alguno, que en nuestro país funcionará el modelo estadounidense, esa decisión no tendría que ser definitiva. Otros países latinoamericanos están adoptando modelos distintos, tomando en cuenta consideraciones sociales, culturales e incluso políticas. Alguno más, se había orientado por el esquema estadounidense y ha sabido rectificar.

¿Cuáles 4 modelos?

El formato digital permite comprimir las señales de televisión para que, en el mismo canal en donde actualmente cabe una frecuencia de televisión analógica, ahora haya espacio para varias señales y/o para señales de mayor calidad. Los modelos en disputa ofrecen distintas variantes de esas dos  posibilidades: más canales y/o mejor definición de imagen.

1. El modelo estadounidense, llamado HDTV –High Definition Television– por su orientación a la alta definición, ha sido impulsado por un consorcio que crearon en 1993 el gobierno de ese país y una docena de empresas dedicadas a la tecnología de las comunicaciones. El estándar HDTV comenzó a ser empleado comercialmente en 1998 en Estados Unidos con un sistema de asignación de frecuencias en donde, a las empresas e instituciones que ya disponen de canales analógicos, se les otorga una nueva frecuencia, ahora digital, por cada canal que tengan. De esa manera se asegura que ninguna televisora se quede fuera de la adopción de la Televisión Digital de Alta Definición. Pero, al mismo tiempo, se cancela la posibilidad de que entren nuevas opciones al campo televisivo.

Recientemente el Senado estadounidense prorrogó para junio de 2009 el momento en que desaparecerán las señales analógicas. Se había previsto que eso ocurriera en junio, pero aún quedan muchos hogares sin adquirir nuevos televisores o sin el convertidor que permitirá sintonizar señales digitales en aparatos analógicos.

2. El estándar europeo se denomina DVB-T, o Digital Video Broadcasting y es promovido por un consorcio que reúne a 280 empresas y organismos de la industria de las comunicaciones. La adopción de ese protocolo ha permitido que, por ejemplo, en Francia la televisión analógica transite a un esquema de 6 canales digitales multiplex, en cada uno de los cuales caben 6 señales. Es decir, la televisión digital abierta en Francia ofrece 36 canales.

En la Gran Bretaña hay también 6 multi canales, pero en cada uno de ellos caben entre 3 y 5 señales de televisión, de acuerdo con la definición de la imagen que tengan. Uno de esos 6 multicanales fue adjudicado a la corporación de la radiodifusión pública, la BBC, que tenía dos canales analógicos; otros dos multi canales fueron distribuidos entre el tercero, el cuarto y el quinto canales nacionales. Los otros tres canales múltiples serían subastados, para permitir el acceso a la transmisión televisiva de nuevas empresas y grupos productores.

La Unión Europea resolvió emprender en 2012 el “apagón digital”, es decir, el momento en el cual todas las señales de televisión deberán ser de esa índole y no analógicas. Algunos países comenzaron a declarar la plena digitalización televisiva algunos años antes.

3. El sistema japonés le permite al radiodifusor elegir las modalidades de televisión que quiere difundir: más canales digitales en un solo canal múltiple, o menos canales pero de alta definición. Ese estándar, denominado ISDB-T (Integrated Services Digital Broadcasting) fue creado a iniciativa del consorcio de la televisión japonesa, NHK, y funciona desde 2003 en multi canales que se dividen, cada uno, en 13 segmentos –de allí su versatilidad–.

4. El protocolo chino, llamado DTMB (Digital Terrestrial Multimedia Broadcast) fue creado en 2006 en las Universidades de Jiaotong en Shanghai y Tsinghua en Pekín. Su principal rasgo es la posibilidad de transmitir imágenes de alta definición a dispositivos de televisión móviles.

En 2008, 81 países habían elegido alguno de los cuatro sistemas. 6 de ellos, México entre ellos, se habían comprometido con el protocolo estadounidense. 2 más, por el de origen japonés. Uno (China misma) por el que promueve el gobierno de Pekín. Y 72 por el sistema europeo, entre ellos Alemania, Arabia Saudita, Australia, Hungría, India, Kenia, Malasia, Polonia, Reino Unido, Rusia, Suecia, Turquía y Uruguay.

Los defensores del estándar estadounidense sostienen que a los telespectadores les beneficia fundamentalmente la imagen de mayor calidad y realce. El europeo, favorece las ventajas de la diversidad y la pluralidad de opciones televisivas. Los protocolos japonés y chino, con diferentes características, apuestan a la movilidad para que los usuarios miren televisión donde quiera que se encuentren, especialmente en teléfonos habilitados para esa función.

México, mimetizado con EU

La importancia del estándar digital se advierte con claridad si tomamos en cuenta la gran cantidad de latinoamericanos que no tienen más opciones que la señal abierta para ver televisión. Se calcula que, en América Latina, la televisión de paga –es decir, la que llega por cable o satélite o cualquier otro sistema de difusión codificada– tiene una penetración del 33%. Eso implica que casi 7 de cada 10 hogares latinoamericanos dependen de la señal abierta para ver televisión.

México fue el primer país en decidir su modelo de TV digital. El  2 de julio de 2004, con tanta discreción que el asunto pasó inadvertido para muchos analistas e interesados en los medios, el entonces presidente Vicente Fox  expidió un Acuerdo a favor de ese estándar y acordó entregar una frecuencia para televisión digital por cada una de las que ya tuviera, con televisión analógica, cada empresa o institución dedicadas a ese medio. Tales canales serán usufructuados, con dichos fines, hasta el último día de 2021.

No hubo discusión ni participación social, ni presencia del Congreso, que antecedieran a esa disposición presidencial. Las dos cadenas nacionales de televisión, Televisa y Televisión Azteca, que concentran 94% de las concesiones para televisión comercial, fueron beneficiadas con otra frecuencia por cada una de las que ya tenían. Esa digitalización televisiva no significa más opciones, sino únicamente imagen de alta definición.

Rectificación argentina

En Argentina, en 1997, el gobierno de Carlos Menem estableció la Comisión de Estudio de Sistemas de Televisión Digital que luego se convertiría en Comité Consultivo para ese tema. Un año más tarde, Menem adoptó el sistema estadounidense. Las vicisitudes económicas demoraron el desarrollo de ese estándar y mientras tanto, otros países de la región asumían determinaciones distintas.

El cuestionamiento al estándar estadounidense se convirtió en una de las muchas diferencias políticas en Argentina. En mayo de 2000, ya bajo la presidencia de Fernando de la Rúa, el secretario de Comunicaciones dijo que aquella decisión fue tomada “sobre fundamentos incorrectos, con pruebas inexistentes, sin ningún tipo de coordinación con Brasil y basándose en consideraciones falsas sobre la norma europea DVB”. En abril de 2006 el gobierno de Néstor Kirchner designó una  nueva Comisión de Estudio de los Sistemas de Televisión Digital Terrestre. Un año después la nueva presidenta, Cristina Fernández, anunció que estaba considerando la posibilidad de homologar la televisión digital con el sistema adoptado en Brasil, que para entonces se había inclinado por el protocolo japonés.

Brasil, estándar japonés

En Brasil, en efecto, en 2006 el gobierno del presidente Luiz Inacio Lula da Silva acordó desarrollar el sistema japonés de televisión digital. Esa decisión estuvo precedida por una intensa presión de las principales empresas televisoras, especialmente TV Globo. En 2003 el gobierno había creado el Sistema Brasileiro de Televisión Digital, con la participación de 1500 investigadores de 73 universidades públicas y privadas y con la tarea de desarrollar un estándar propio. Entre otras cosas, se buscaba amalgamar la expansión de la televisión digital con la propagación de Internet en todo el territorio brasileño.

Sin embargo, esos afanes de originalidad e irradiación tecnológicas fueron desplazados por el interés de las televisoras que impulsaron el modelo ISDB, con el propósito de controlar la transmisión de señales televisivas a los teléfonos móviles.

Chile y Perú, pendientes

En Chile, al finalizar octubre de 2008, el gobierno de la presidenta Michelle Bachelet envió al Parlamento un proyecto de televisión digital que establecía un periodo de ocho años para la transición desde el modelo analógico y reservaría el 40% del espectro radioeléctrico destinado a televisión para canales culturales, regionales y locales.

La decisión sobre  cuál de los estándares en juego tendría la televisión digital chilena seguía pendiente en marzo de 2009. Los operadores de la televisión pública preferían un estándar que reforzara la diversidad cultural en ese medio. Los dueños de la televisión privada cabildeaban a favor de normas técnicas que ofrecieran imagen de mayor calidad.

En Perú, en febrero de 2007 nació la Comisión Multisectorial encargada de recomendarle al gobierno cuál estándar deberá adoptar. En ese grupo de trabajo participaban representantes de varios ministerios del gobierno y de organizaciones profesionales. En marzo de 2009 Perú seguía sin tomar una decisión aunque no eran secretas, ni discretas, las presiones de los gobiernos de Japón y Brasil por el estándar ISDB-T.

Intenso examen colombiano

La experiencia de Colombia ha sido paradigmática por la extensa discusión que ha precedido a la elección del modelo digital. La Comisión Nacional de Televisión, integrada por representantes del gobierno y organismos profesionales, creó a fines de 2006 un consejo asesor para hacer una propuesta que permitiera a la población de ese país “no sólo contar con servicios de mejor calidad y alta definición, sino además con servicios interactivos que permitan potenciar la educación, la transmisión de información y el entretenimiento, para generar el escenario propicio para que Colombia reduzca su brecha digital y sea testigo de la sociedad de la información”.

La Comisión realizó una docena de Foros de Televisión Digital Terrestre, con asistencia de más de 4 mil personas, en Cali, Medellín, Manizales, Bucaramanga, Barranquilla, Villavicencio, Valledupar, Pasto, Ibagué y Arauca. “Estudiantes, profesores, productores y realizadores, publicistas, periodistas, amas de casa y operadores del servicio de televisión, entre muchos más, participaron en cada uno de los foros”, dice la propia CNTV que ofrece amplia documentación sobre ese proceso en su sitio www.cntv.org.co El 28 de agosto de 2008 la Comisión anunció que Colombia tendría el sistema europeo.

Uruguay, también DVB

En Uruguay, la Comisión Nacional de Televisión Digital Terrestre Abierta , integrada  por empresarios, gobernantes y representantes de la sociedad, dedicó gran parte de 2007 a estudiar diversas opciones. En agosto de ese año, el presidente Tabaré Vázquez suscribió el decreto en donde se establece que la televisión digital en Uruguay se ajustará al estándar europeo, que “ofrece la posibilidad de una mayor diversidad de contenidos y señales y más competencia en el sector, así como oportunidades de desarrollo de nuevos servicios y emprendimientos tecnológicos asociados, entre ellos la interactividad de los ciudadanos con los nuevos medios de comunicación”. Esa decisión de los uruguayos causó un notorio disgusto en el gobierno de Brasil.

En 1998, los gobiernos del Mercosur se habían comprometido a establecer conjuntamente el estándar de televisión digital. Argentina rompió de inmediato ese acuerdo. La decisión de Brasil en 2006 hizo evidente que no habría una política conjunta en ese terreno. El interés del gobierno brasileño para que otros países de la región se sumen al estándar japonés tiene motivos financieros, pero también políticos y culturales. La venta de televisores y decodificadores, así como la retransmisión de programas televisivos, está directamente relacionada con el protocolo de televisión digital disponible en cada nación.

Venezuela, cerca de Pekín

Venezuela, mientras tanto,  parecía orientarse al sistema chino. Entre Caracas y Pekín se ha desarrollado una creciente relación tecnológica y de negocios que incluyó, en enero de 2009, la entrega a Venezuela de la administración del satélite denominado “Simón Bolívar” que, entre otras funciones, tendría la transmisión de señales de televisión. Algunos países en la órbita de influencia venezolana, como Nicaragua y eventualmente Cuba, podrían sumarse al desairado modelo chino de televisión digital.

Diversidad cancelada

La disputa central es entre los modelos estadounidense y europeo que expresan dos concepciones de televisión: una, que privilegia la definición de la imagen pero con los mismos y ya conocidos contenidos; otra, que favorece la diversidad de canales y opciones. Por otra parte, las presiones del gobierno brasileño para propalar el sistema japonés forman parte de una también constante búsqueda de hegemonía política y mercantil en Sudamérica.

La alta definición no resuelve las carencias de la televisión latinoamericana. Pero el estándar HDTV resultará especialmente oneroso porque implica menos opciones de televisión y, de esa manera, el mantenimiento de los esquemas de propiedad de canales que en casi toda América Latina se encuentran concentrados en pocas manos. La precipitación para allanarse al modelo estadounidense, como sucedió inicialmente en Argentina y sigue ocurriendo en México, está cancelando posibilidades para que la digitalización sea origen de una nueva diversidad en la televisión.

Este artículo sintetiza parte de un ensayo más amplio sobre las perspectivas de la televisión digital latinoamericana entregado para un número de la revista Popular Communication coordinado por la Dra. Rosalía Winocur.

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