Televisa: medrar con el miedo

Zócalo, diciembre de 2008

Nuestra sociedad vive, se estremece, se extiende o involuciona en el miedo. Sus resortes vitales se conmueven mucho más a partir del temor que de las ilusiones o los proyectos. A los asuntos públicos por lo general se les evalúa en negativo: cuánto nos costará tal o cual iniciativa y no qué beneficio proporcionará; qué implicaciones conlleva, más que sus ventajas sustantivas. A los políticos, se les juzga mucho más por su capacidad para ofrecer confianza o al menos certezas –es decir, para contrastar ante el miedo contemporáneo– que por sus ideas o habilidades en las tareas de gobierno. El miedo social habitualmente desconcierta, atolondra, paraliza incluso. Pero también puede ser utilizado en busca de adhesiones y lealtades: el cobijo que se busca ante el temor contemporáneo puede ser fuente de soportes e incluso devociones.

Eso es lo que busca Televisa con su campaña contra el miedo que suscitan la inseguridad pública y la crisis económica. Los ampliamente difundidos spots que han saturado los canales de esa empresa –y, con ellos, a los televidentes que dependen de la televisión abierta para entretenerse e informarse– lucran con el temor de las personas y proponen a ese consorcio como fuente de serenidad delante de la incertidumbre de estos tiempos.

Temores amalgamados

“Lo que realmente sentimos es miedo”, “el miedo paraliza”, “el miedo es sólo miedo”, proclaman en tales anuncios actores conocidos por su desempeño en telenovelas y programas musicales pero hasta ahora poco habituados –y poco aptos– a la pontificación mediática. Alejandro Camacho, Adal Ramones, Lucero, Leticia Calderón, Galilea Montijo y Gloria Trevi, son algunos de los protagonistas de esa nueva realización dramática.

Los mensajes de Televisa amalgaman los temores que causan la incertidumbre acerca de la economía y la desazón por la seguridad en las calles. Referirse en menos de un minuto a las dos grandes causas de aprensión en la sociedad actual implica, de suyo, un exceso de simplificación. Sin contexto alguno, a partir de frases contundentes y en un impostado pero eficaz tono melodramático, los personajes de la farándula apostillan la crisis con recomendaciones para negar el miedo.

La perplejidad acerca del rumbo de la economía global –y por lo tanto nacional– ha sido uno de los rasgos más inquietantes de los colapsos financieros en los meses recientes. A diferencia de otras épocas difíciles, cuando menudeaban los diagnósticos categóricos, en esta ocasión casi no se han conocido voces con autoridad y conocimiento suficientes para diagnosticar rumbos y plazos de esta crisis. Los especialistas más respetados se han rehusado a formular pronósticos precisos debido a que esta crisis tiene tantas aristas, algunas de ellas nunca antes conocidas, que sería aventurado augurar sus costos y alcance. Esa vacilación delante de la crisis financiera se trasmina velozmente en una sociedad de por sí inquieta ante cualquier bamboleo de la economía.

Al sobresalto permanente que nos ha impuesto la inseguridad pública, que es el otro extendido motivo de miedo en la sociedad mexicana de nuestros días, nos hemos acostumbrado aunque sin dejar de temer. Evidentemente la impunidad de la que se benefició en tiempos recientes y las enormes cantidades de dinero que circulan en esas malhadadas actividades detonaron, entre otros factores, un costoso incremento en la delincuencia organizada. Primero se expandieron sus negocios y luego, las vendettas que han asolado a prácticamente todo el país.

Hay circunstancias reales, objetivas, para que ese aumento de la criminalidad nos mantenga en estado de alerta e incluso atemorizados. Pero también podemos preguntarnos en qué medida la propagación que los medios hacen de asaltos, secuestros, balaceras, ejecuciones y otras fechorías de los delincuentes mayores, no contribuye a propiciar cierta magnificación de la de por sí extendida criminalidad.

Acerca de la divulgación mediática de los hechos criminales, el pensador polaco Zygmunt Bauman ha escrito: “Sería una estupidez o una locura negar la realidad de la delincuencia y de los peligros relacionados con ella. Pero el peso de la delincuencia con respecto a otros temas de preocupación pública tiende a medirse –al igual que el de todos los demás objetos de atención pública– en función de la extensión y la intensidad de la publicidad que se le dedica, más que por sus cualidades intrínsecas” (Miedo líquido. La sociedad contemporánea y sus temores. Paidós, Barcelona, 2007).

Profecía autocumplida

Los medios no inventan los hechos criminales. Pero con frecuencia, al difundir esos hechos sin contexto ni jerarquización suficientes, pueden suscitar entre los ciudadanos la impresión de que los criminales tienen más fuerza y presencia que la que realmente alcanzan.

Lo mismo se puede decir de la cobertura mediática de la crisis económica. Sin explicaciones bastantes –y dilucidar esta crisis, como hemos señalado, resulta especialmente complejo– los medios pueden amplificar en vez de ayudar a comprender las dificultades económicas.

Lejos de reconocer esas limitaciones, los spots de Televisa parten de un veredicto inmutable: los mexicanos tienen miedo. Y al decirlo con tanta certeza, los personajes de la farándula habilitados como catequistas de la ecuanimidad social contribuyen a reforzar, precisamente, la sensación de miedo.

Los spots de Televisa funcionan, al menos en principio, como profecía autocumplida. Si ya estábamos inquietos con las incertidumbres económicas y de otra índole, la imagen de los predicadores del optimismo afectado nos puede dejar, entonces sí, en situación de franco desasosiego.

Los spots de Televisa no proponen soluciones sino actitudes: no se trata de enfrentar los problemas sino de sobrellevarlos. Al actor Adal Ramones le hacen decir: “no existe un solo momento en nuestra historia en donde un problema haya sido más grande que nuestro corazón”. Desplazado el análisis por la sensiblería, el parapeto que se postula es una laboriosidad generalizada. ¿Cómo enfrentar la crisis? “Echándole muchas ganas”.

A los temores, sin sondear ni precisar sus causas, se les exorciza con una retórica voluntarista. “A lo que más miedo deberíamos de tenerle es al miedo mismo” se dice en uno de los spots, en alevosa expropiación de Franklin D. Roosevelt que dijo esa frase en un discurso en marzo 1933. “El miedo paraliza, el miedo no deja pensar, el miedo es solo miedo” se enfatiza en una suerte de sacralización del temor social.

El miedo, en efecto, sobre todo en dosis extremas y sin tregua, puede inmovilizar a las personas y a las sociedades. Pero al miedo, que se robustece en la medida en que se desconocen las causas que lo suscitan, la mejor manera de combatirlo es el examen racional de sus circunstancias. Y los spots que medran con el miedo en vez de contribuir a entenderlo, tienden a mitificarlo y expandirlo.

Sensiblería y voluntarismo

Ante el temor social, Televisa no postula respuestas racionales sino voluntarismo y sentimentalismo –de acuerdo con el tono preponderante en sus programas de televisión–.

Gloria Trevi ­–ataviada con una sobriedad que contrasta con los atuendos que exhibía cuando interpretaba “Doctor Psiquiatra”­– dice en uno de los anuncios:

“Qué va a pasar mañana. Mañana va a sonar el despertador muy temprano, le vas a dar un gran beso a tus hijos y ellos se van a ir a la escuela”.

Galilea Montijo añade: “Y por ellos, tú te vas a ir a partir el alma trabajando”.

Leticia Calderón emplaza: “¡Poniéndole más esfuerzo, más espíritu!”.

Alejandro Camacho: “Y más corazón que nunca”.

Trevi, de nuevo: “¿Te da miedo? No. ¿Cómo te va a dar miedo si trabajar es lo que has hecho toda la vida?”.

Las cabriolas conceptuales que experimenta el razonamiento propuesto en ese spot resultan significativas. La matutina y entrañable escena familiar, es utilizada para enfatizar la importancia del trabajo. Nunca queda claro por qué, para ahuyentar al miedo, es preciso trabajar. Pero luego, el temor al que se refiere Trevi no es a la crisis económica, ni a la inseguridad, sino al trabajo.

La exigencia que propone el spot (“¿cómo te va a dar miedo si trabajar es lo que has hecho toda la vida?”) no tiene relación alguna con las premisas del mismo anuncio, que comienza con las referencias a la crisis, la incertidumbre y el miedo. Pero proponer al trabajo como vía de sublimación ante los temores contemporáneos no deja de resultar insuficiente y, antes que nada, insultante para quienes no tienen empleo.

Si la fórmula que propone Televisa fuese inequívoca los dos millones de personas que, de acuerdo con los datos que publicó el INEGI a fines de noviembre pasado, padecen desempleo abierto (para no mencionar a los muchos mexicanos más que se encuentran en diversas formas de subempleo) no tendrían más camino que hundirse en el miedo.

Miedo a cambiarle de canal

Si en algo podrían contribuir los medios de comunicación no para soslayar la crisis, sino para que la sociedad asuma con responsabilidad los riesgos que conlleva, sería propalando explicaciones aunque fuesen insuficientes, propiciando el debate sobre tales asuntos, trayendo experiencias de otras latitudes, actualizando constantemente la información sobre estos temas. Al miedo se le combate, antes que nada, con razones y, desde luego, eliminando las causas que lo provocan.

El trabajo es indispensable como motor de la economía y de la sociedad. Pero no es la reivindicación ni la ecuanimidad de los mexicanos lo que Televisa pretende con sus spots. A ese consorcio le interesa legitimarse frente a su teleaudiencia –y de paso ante el poder político– como fuente de sosiego y despreocupación sociales.

El miedo forma parte de la sociedad e incluso se le puede reconocer como señal de alerta ante los peligros que la desafían. Y también suele ser utilizado como recurso de manipulación. Volvemos con Bauman: “Los miedos están ahí y explotar su caudal aparentemente inagotable y autorrenovable para reconstruir un capital político diezmado es una tentación que a muchos políticos les resulta difícil resistir”.

Por lo visto esa posibilidad le resulta seductora también a un consorcio como Televisa. Ante el declive en las audiencias de la televisión abierta, Televisa apela al discurso del miedo no para confortar a los atribulados mexicanos, ni necesariamente para que trabajen más, sino antes que nada para que no cambien de canal en sus televisores.

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