Retrato de un genocida

Nexos, octubre de 2007

 
   Quienes vieron Hotel Ruanda, la cinta de Terry George que reconstruye el acoso a centenares de refugiados que buscaban salvarse de la matanza que ocurrió en ese país entre abril y julio de 1994, se habrán estremecido ante la crueldad que allí se muestra. Paul Rusesabagina, el gerente del hotel en cuya hazaña está inspirada la película, dice que la historia real “fue mucho peor que lo que se vio en la pantalla”. Las escenas más crudas fueron evitadas para que la película tuviera una clasificación accesible a los jóvenes.

   Gracias a la película, en el mundo occidental se ha recordado que en Ruanda hubo una atrocidad descomunal aunque muchas de las historias de esa pesadilla siguen sin ser contadas. En aquellos meses de 1994 fueron asesinadas entre 800 mil y un millón de personas. Las viejísimas rencillas entre las etnias Hutu y Tutsi fueron utilizadas por grupos políticos que azuzaron el aborrecimiento racial. El asesinato del presidente Juvenal Habyarimana el 6 de abril de 1994 detonó una extensa movilización de los grupos más radicales de la etnia Hutu (especialmente las milicias denominadas Interahamwe) para asesinar a los miembros de la etnia Tutsi que durante largo tiempo gobernaron en Ruanda. Varios meses más tarde el Frente Patriótico Ruandés, controlado por tutsis, se impuso militarmente. Para entonces había ocurrido uno de los mayores genocidios en la historia.

   Uno de los momentos más dramáticos en la película ocurre cuando algunos de los refugiados salen del hotel escoltados por tropas de Naciones Unidas pero no logran llegar al aeropuerto de Kigali, la capital de Ruanda, porque centenares de hutus comienzan a cercarlos instigados por un locutor de radio. Algunas versiones sostienen que ese locutor era George Ruggiu, un ciudadano belga que trabajaba en tareas de propaganda para el gobierno de mayoría hutu. La emisora en donde Ruggiu colaboraba, Radio Televisión Libre de las Mil Colinas (RTLM) fue uno de los instrumentos principales que tuvieron los grupos radicales de filiación hutu para espolear el odio racial contra los tutsis.

 

La radio del odio

   La historia de Georges Henri Yvon Joseph Ruggiu es sintomática de la ofuscación colectiva que, entre otros factores, podría explicar una matanza tan inconcebible como la que ocurrió hace 13 años en Ruanda. Nació en octubre de 1957 en Verviers, un pequeño pueblo al sur de Bélgica. Su padre era italiano y él adquirió la nacionalidad belga a los 18 años. Al parecer fue profesor de escuela durante breve tiempo pero su actividad principal fue la de trabajador social. Estuvo en la Administración Belga para la Seguridad Social y fue voluntario en la Cruz Roja, en donde ayudó a cuidar niños con problemas de salud mental. Algunos de sus colegas de entonces lo describieron como “retraído e inadaptado, un cruzado para los más desafortunados, alguien que estaba en busca de una causa” (de acuerdo con un reporte de La Voz de América en mayo de 2000).

   Esa motivación la halló hacia 1990, cuando conoció a varios estudiantes de Ruanda que eran vecinos suyos en Bélgica. Pero la causa que abrigó llegaría a ser profundamente equivocada y perversa. Pobre, dividido y por añadidura martirizado debido a frecuentes asonadas y a la segmentación racial, las complejidades de ese país africano conmovieron a Ruggiu. Ruanda fue colonia de Bélgica y aun después de la independencia, ocurrida en 1961, ambos países mantenían  vínculos estrechos.

   En 1992 Ruggiu se relacionó con diplomáticos de Ruanda que vivían en Bélgica, precisamente en la época en la que hutus y tutsis  suscribieron los “Acuerdos de Arusha” que pusieron fin a una prolongada guerra civil y confirmaron la permanencia de los hutus en el poder. En esas fechas viajó por primera vez a Ruanda para asistir a la boda de un amigo suyo. Cuando conoció los suburbios de Kigali, recordó las favelas que había visitado en Brasil y comentó su deseo de ayudar a los pobres. De regreso en su país, colaboró en la creación de un “Grupo de reflexión ruando-belga” que difundía los Acuerdos.

   Ruggiu adquiría creciente animadversión contra el Frente Patriótico manejado por tutsis. En mayo de 1993 el presidente Habyarimana lo invitó a Ruanda. Pocos meses después Ruggiu se fue a vivir a ese país a trabajar con el Movimiento Republicano Nacional para la Democracia y el Desarrollo, el partido en el gobierno. El presidente gestionó su contratación como productor en la naciente RTLM.

   La Radio Télévision Libre des Mille Collines (cuyo nombre recuerda que, debido a su orografía verde y sinuosa, Ruanda es conocida como la tierra de las mil colinas) fue creada en 1993 por medio centenar de líderes políticos y empresarios para propagar la supremacía de la etnia Hutu. A diferencia de la radiodifusora del gobierno, que tenía un discurso que en Ruanda parecía arcaico porque se refería a los tutsi como “la monarquía feudal”, la RTLM era tan directa que llegaba a notorios extremos de vulgaridad y rispidez.

   Esa emisora describía a los Tutsi como enemigos a los que era preciso aniquilar. Un reporte de Artículo 19, organización dedicada a defender la libertad de expresión en el mundo, explicó años más tarde acerca del odio racial contra los Tutsi promovido en dicha estación : “Las ideas habían estado allí durante años. RTLM las presentaba de manera más apetitosa para la generación más joven. RTML usaba el lenguaje de la calle”. A los Tutsi, sin más rodeos, les llamaba “cucarachas”. Lo que había que hacer para que imperase la “mayoría del pueblo” era, simplemente, “eliminarlos”.

   Se le atribuye a Ruggiu la transmisión de soflamas como esta: “¿Qué están esperando? Las tumbas están vacías. ¡Agarren sus machetes y partan a sus enemigos en pedazos!”.

 

Hombre blanco al micrófono

   Ruggiu no era periodista ni tenía experiencia en el manejo radiofónico. Mucho menos hablaba kinyarwanda, el idioma local. Diversos testimonios consideran que al presidente Habyarimana le interesó contratarlo porque era blanco. “La presencia de un muzuungu u hombre blanco en la RTLM daba la apariencia de fortaleza, quizá incluso de respaldo internacional” dice, acerca de Ruggiu, una indagación sobre el uso de los medios en el genocidio en Ruanda.

   El ex cooperante belga, habilitado como conductor de radio, transmitía en su idioma natal. Una mujer acusada de participar en el genocidio, explicó años más tarde: “A los que entendían francés les gustaba escuchar al muzuungu y saber que estaba del lado de los hutu y que hablaba tan bien contra los tutsi. La gente educada y los bourgmestres podían explicarles las transmisiones en francés a los otros”.

   Entre enero y julio de 1994 Ruggiu convocaba todos los días al odio racial desde RTLM. Más tarde, cuando fue juzgado por el Tribunal Criminal Internacional para Ruanda, recordó que en abril de aquel año, una semana después del asesinato del presidente y del inicio de la matanza contra tutsis y contra todo aquel que fuera considerado colaborador de ellos, recorrió Kigali escoltado por miembros del Ejército. Entonces comprobó que las transmisiones de Radio Mil Colinas “estaban contribuyendo a las masacres perpetradas contra los tutsis”.

   Su papel en RTLM, dijo en otra ocasión, era difundir “la ideología y los planes de los extremistas hutus en Ruanda”. Se han conocido testimonios de que “Ruggiu personalmente transmitió programas incitando a los hutus a perpetrar asesinatos o agresiones graves contra los rebeldes tutsis, a los que él calificaba como ‘cucarachas’. También incitó la persecución de esos tutsis y de los hutus moderados, así como de ciudadanos belgas en esa área”. Sus arengas las enderezaba, además, contra la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en Ruanda.

  En una de las audiencias del Tribunal que lo juzgó años después, Ruggiu declaró que en una ocasión, por instrucciones del Ejército de Ruanda, difundió un mensaje para que fuera detenido un Vokswagen rojo. A través de la radio proporcionó las placas y la ubicación del automóvil pero, dijo, nunca supo qué ocurrió con el vehículo y sus ocupantes.

   Durante varios meses la masacre en todo Ruanda fue escasamente difundida por los medios de comunicación internacionales, que casi no disponían de corresponsales en ese país. El desinterés de las empresas globales de comunicación acerca de dicho conflicto era correspondiente a la decisión de Estados Unidos, Francia y otros países para no intervenir militarmente, con lo cual permitieron que continuara el sangriento ajuste de cuentas entre los viejos rivales étnicos en esa nación africana.

   Georges Ruggiu, sin embargo, estaba muy al tanto de las dimensiones catastróficas de la matanza. Por eso cuando algunos medios en su país natal dijeron que él contribuía a instigar los asesinatos, envió un fax a la Radio Televisión Francófona de Bélgica en donde rechazaba haber llamado a la violencia. Eso no evitó que el ministro de Justicia iniciara una averiguación sobre la participación de Ruggiu en el hostigamiento a ciudadanos belgas en Ruanda.

   Aun cuando quería defenderse, el locutor de Radio Mil Colinas manifestaba su intolerancia contra la tribu en cuyo exterminio participaba. En una entrevista explicó que si en una comuna habían sido asesinadas 50 personas, apenas representaban al 9% de la población de esa colectividad y seguramente esa había sido la proporción de gente que había ayudado al Frente Patriótico que defendía el interés de los Tutsi. En otras palabras, para Ruggiu esa “erradicación” era normal. Y acerca de la “población furiosa” a la que había incitado, Ruggiu consideraba “¿acaso Robespierre no hizo exactamente lo mismo en Francia?”.

 

Genocida confeso

   A fines de 1994, cuando ya había sido propalada la aterradora magnitud de ese genocidio, el Consejo de Seguridad de la ONU creó el Tribunal Criminal Internacional para Ruanda. Ruggiu, que estaba entre los más buscados por el Tribunal, quiso escapar y durante algún tiempo viajó con pasaporte sudafricano. En julio de 1997 lo arrestaron en Mombasa, Kenia y fue conducido a la sede del Tribunal en Arusha, al norte de Tanzania.

   El ex locutor de RTLM fue, entre docenas de inculpados, el único que no era ciudadano de Ruanda. El Tribunal lo acusó de “incitación directa y pública para cometer genocidio” y de “crímenes contra la humanidad”. El proceso duró tres años, al cabo de los cuales Ruggiu reconoció: “Indudablemente fui un genocida y desafortunadamente tomé parte en ello”. Admitió que había “incitado asesinatos y causado serias agresiones contra el bienestar físico y mental de los miembros de la población Tutsi con la intención de destruir, total o parcialmente, un grupo étnico o racial”.

   En mayo de 2000 el Tribunal Internacional lo sentenció a 12 años de prisión por incitación al homicidio. Esa pena no fue más extensa porque Ruggiu aceptó ser testigo contra tres acusados de genocidio. Cuando la sentencia se difundió, el gobierno de Ruanda protestó porque, dijo, no había correspondencia entre ese castigo y los crímenes que Ruggiu confesó.

   Hasta agosto de 2007 el Tribunal había expedido condenas a 27 acusados de genocidio –de los cuales 11 fueron sentenciados a cadena perpetua– y tenía más de 40 decisiones pendientes.

   En el libro La crisis de Ruanda. Historia de un genocidio, el investigador francés Gerard Prunier estima que, en 1994, el 80% de las víctimas en ese país fueron asesinadas durante las primeras seis semanas de la masacre. Se trata, indica, de una tasa de exterminio cinco veces mayor a la que hubo en los campos de concentración nazis.

   Ya en prisión, Ruggiu se convirtió al islamismo y decidió llamarse Omar. Georges Omar Ruggiu viste los hábitos musulmanes, lleva el cabello casi a rape y muestra una larga barba. En las pocas fotografías suyas que se conocen aparece con una mirada dura, quizá extraviada. Es la mirada de un ofuscado que con el subterfugio de ayudar a los pobres terminó siendo cómplice de genocidio. O quizá es simplemente la mirada de un miserable que no tuvo empacho para convocar al odio criminal.

 

Referencias

-Article 19, Broadcasting Genocide: Censorship, propaganda & state- sponsored violence in Rwanda 1990-1994.

-Allan Thompson, editor. The media and the Rwanda Genocide. Pluto Press, London, 2007, 450 pp.

-International Criminal Tribunal for Ruanda,

http://69.94.11.53/default.htm

 

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One thought on “Retrato de un genocida

  1. Hola Raúl, me da gusto saludarte. ¡Qué bueno que haya quien hable de estos temas en México! Te felicito por tu texto y me pregunto si ya viste Algunas veces en Abril, de HBO y dirigida por Raoul Peck. Es una película que aborda el tema del genocidio a diez años de ocurrido y aboga, de manera impactante y honda, por una reconciliación del país. Si ya la has visto, estarás de acuerdo que es un filme indispensable; si no, te recomiendo que la veas cuanto antes. Recibe un fuerte abrazo.

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