Calderón: ocasión desperdiciada

Zócalo, noviembre de 2007

   Si se le evaluara a partir del comportamiento de los legisladores de su partido en la reciente reforma constitucional, podría considerarse que el gobierno del presidente Felipe Calderón ha resuelto tener una postura crítica, reclamante e incluso reformadora respecto de los grandes consorcios de la radiodifusión. Es imposible suponer que la muy activa participación de los senadores del PAN en el diseño y la defensa de la reforma constitucional en materia electoral, que incluyó un amplio y novedoso apartado para disminuir el poder que los medios habían alcanzado como espacios y árbitros de la competencia política, no haya tenido la anuencia del titular del Poder Ejecutivo. Aunque la responsabilidad de lo que dijeron e hicieron hay que atribuírselas plenamente a esos legisladores, se puede presumir que durante el proceso de discusión en el Congreso mantuvieron una estrecha comunicación con el presidente Calderón.

   Pero si se le justiprecia a partir de las intervenciones públicas que tuvo en las semanas posteriores a la votación de esas reformas constitucionales, particularmente en la conmemoración anual de los radiodifusores, habría que considerar que el discurso de Calderón es tan complaciente con esos industriales que resulta contradictorio con las reformas que han impulsado los legisladores del suyo y el resto de los partidos nacionales.

   La Semana Nacional de la Radio y la Televisión ha sido siempre momento de reiteraciones o definiciones en la relación entre los empresarios de ese gremio y el gobierno. El pasado 10 de octubre se cumplían 5 años del decretazo que el presidente Vicente Fox y su esposa forzaron con tanto apremio que incluso dispusieron la publicación de una edición vespertina del Diario Oficial para que aquellas reformas fuesen un hecho a la hora en que se realizaba la comida auspiciada por los dueños de Televisa y otras empresas. La expedición de un nuevo (y todavía vigente) reglamento de Radio y Televisión así como la disminución del llamado tiempo fiscal a la décima parte de los espacios que había significado desde 1969, fueron un inopinado obsequio del matrimonio Fox a los dueños de la televisión privada.

   Quizá por la coincidencia de esa fecha, pero sobre todo debido a que la reforma constitucional acerca de los procesos electorales estaba muy reciente y no se habían conocido definiciones suyas acerca de esos cambios, el discurso se Calderón era muy esperado este 10 de octubre. Acaso tal expectativa creó un contexto de exigencias con las que ese mensaje no cumplió.

   Buena parte de aquel discurso estuvo aderezado de lugares comunes que en nada resultaron diferentes a los discursos que cada año, en las mismas fechas, les ofrecían a los radiodifusores los presidentes priistas. “Su labor contribuye a la construcción de identidad, a la unidad y a la integración de todos los mexicanos”, “la libertad de expresión debe estar asociada íntimamente al respeto a los demás y a la responsabilidad con México”, “la relación del Estado con los medios de comunicación debe basarse en el respeto mutuo”, “estamos obligados a escuchar la voz de la ciudadanía”, etcétera. Cada uno de tales postulados es reivindicable desde las posiciones políticas más diversas. Pero se quedan en palabras huecas, o escasamente útiles, cuando no están acompañados por medidas específicas para que esas responsabilidades de la radiodifusión puedan cumplirse.

 

Intenciones sin proyecto

   Y eso es, precisamente, lo que se está dirimiendo ahora en México. Después de la reforma constitucional, que implicó un fuerte enfrentamiento entre la clase política y el poder mediático, el Congreso tiene que revisar el Código Electoral –en donde habrá un capítulo destinado a regular la utilización de tiempos oficiales para difundir mensajes de propaganda política– y más adelante, de acuerdo con el calendario anunciado por los legisladores, vendrá la actualización de las leyes de Telecomunicaciones y de Radio y Televisión.

   Podría suponerse que el presidente Calderón quiso ser en extremo discreto y por eso no aludió a esos procesos legislativos en su encuentro con los radiodifusores. Pero también es posible considerar que el titular del Ejecutivo, tan dispuesto como se encuentra recientemente para exigir (a veces no sin razones) que distintos sectores de la sociedad asuman responsabilidades jurídicas y éticas, no quiso responsabilizarse él mismo con una posición definida en este debate.

   Calderón recordó los tres principios que en otra ocasión había señalado para el desarrollo de la radiodifusión y las telecomunicaciones: cobertura, convergencia y competencia. Así planteados, sin precisiones, resultan incuestionables. El crecimiento de ese sector en México y especialmente de las nuevas tecnologías en las que puede apoyarse hacen pertinente una visión integral, capaz de amalgamar capacidades de difusión con distintos cauces para la transmisión de mensajes.

   Pero sin un marco legal a la vez moderno y que contenga principios generales para la regulación de los medios independientemente de las modalidades específicas que asuma la propagación de sus contenidos, seguiremos estando a la zaga no sólo del desarrollo tecnológico en otros países sino, antes que nada, del desempeño que ya mantienen las principales empresas de telecomunicaciones en México. Y si ese marco legal no tiene el explícito propósito de impulsar cobertura y convergencia para beneficio de la sociedad y no como vías para aumentar la exacción de sus recursos, no será la comunicación para la sociedad sino el negocio para quienes acaparan muchos medios en pocas manos lo que veamos ensancharse durante los años siguientes.

   El presidente Calderón dijo que su gobierno desarrollará “la       ampliación de las redes de Internet y de telefonía” pero no ha precisado cómo ni con qué parámetros. Recientemente la Secretaría de Comunicaciones y Transportes aseguró que cuando termine el actual sexenio al menos 70% de los mexicanos tendrá acceso a Internet. Hoy en día apenas 20% de los habitantes en este país disfruta de ese privilegio.

   Aumentar a la vez que mejorar la cobertura de la Red de redes parece fundamental. Si México lograse triplicar el acceso a Internet en los próximos 5 años habría alcanzado un hito mundial. Sin embargo tales metas quedarán ahogadas en la retórica, así como en el endémico mal de los proyectos sin contenido, a menos que existiera una auténtica política de Estado para desarrollar esa y otras áreas de las telecomunicaciones.

   Para que nuestro país alcanzara ese objetivo en el siguiente lustro se necesitaría reorientar drásticamente la política de desarrollo de las telecomunicaciones y sustituir a Telmex por un esfuerzo que conjuntara recursos públicos con inversiones muy diversas. Pero más allá de los buenos propósitos del presidente Calderón y los anuncios triunfalistas de la SCT no se advierten, en el panorama actual, decisión ni propuestas gubernamentales para emprender esa revolución comunicacional.

 

Caravanas con refrendo ajeno

   En vez de ofrecer una política de amplio aliento, al presidente Calderón le ha interesado paliar inquietudes de corto plazo de los radiodifusores. En su alocución del 10 de octubre les ofreció hacer “todo lo que esté a mi alcance para que puedan adoptarse los mejores estándares tecnológicos-digitales en los servicios de radiodifusión” y, por otra parte, establecer “procedimientos claros y asequibles para quienes buscan la renovación de sus concesiones”.

   El primer ofrecimiento se refiere a la indecisión que ha existido acerca del estándar que México adoptará para la conversión hacia la radio digital. Ni el gobierno, ni los radiodifusores mismos, han asumido una definición clara acerca de los modelos europeo y estadounidense (que describimos someramente en Zócalo de octubre de 2006) que suponen distintas tecnologías en cada caso. No es un asunto que pueda resolverse con la sola voluntad presidencial.

   La promesa para que sean renovados los títulos de concesión que se encuentran vencidos, o que terminarán próximamente, tampoco depende de la decisión del titular del Ejecutivo. Aunque la decisión última acerca de esas renovaciones es de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, existe un procedimiento que debe ser promovido por la Comisión Federal de Telecomunicaciones. Si bien la Cofetel no es autónoma respecto del gobierno, sus comisionados tampoco están obligados a seguir puntualmente las instrucciones del presidente.

   Además, una de las resoluciones que la Suprema Corte de Justicia tomó en junio pasado acerca de las reformas a las leyes federales de Telecomunicaciones y de Radio y Televisión estableció que los refrendos de concesiones no serán automáticos. En una extensa argumentación a propósito del artículo 16 de la ley de Radio y Televisión, los ministros de la Corte establecieron que de la misma manera que el otorgamiento de nuevas concesiones tiene que pasar por una licitación, también en su renovación es necesario abrir la posibilidad de que concursen empresas distintas a las que son titulares de tales licencias. La evaluación que se realice acerca de su desempeño, le daría al concesionario una ventaja razonable al tramitar el refrendo del título de concesión. Pero no hay renovaciones inmediatas. El procedimiento para el refrendo tiene que ser conducido por la Cofetel a partir de reglas que deberán ser precisadas en la nueva legislación. El presidente Calderón no tiene en sus manos la capacidad administrativa ni existen los instrumentos jurídicos para que pueda cumplir con la promesa de revalidar todas las concesiones pendientes. Quiso lucirse con los radiodifusores haciendo caravana con refrendo ajeno.

 

Legalidad o advertencia

   El presidente les obsequió otro guiño retórico a los concesionarios cuando se ufanó de haber cerrado, en los meses recientes, “más de una docena de estaciones de radio y televisión que operaban en forma ilegal”. Durante largo tiempo esos empresarios han considerado que el espectro radioeléctrico es patrimonio suyo y se han encrespado cuando algunos ciudadanos o grupos sociales establecieron emisoras sin propósitos comerciales y que no siempre cumplieron los escabrosos procedimientos administrativos para obtener permiso de transmisiones. La mezquina causa contra las radiodifusoras comunitarias fue uno de los temas que cohesionó y le dio identidad a la CIRT durante los años recientes.

   La aplicación de la ley siempre es deseable. Pero antes que nada es preciso que exista una legislación capaz de promover la diversidad y la equidad y eso es lo que apenas está por construirse para la radiodifusión.

   Calderón afirmó: “no hemos permitido, ni permitiremos que por la fuerza se tomen instalaciones de radio o televisión por parte de personas o de grupos, nunca más una toma violenta de una estación o de un negocio lícito en el país”.

   Los radiodifusores que le aplaudieron la tarde del 10 de octubre, en la conmemoración de la CIRT, pensaron que hacía alusión a las emisoras que hace varios meses fueron ocupadas por la APPO en Oaxaca. Pero en una lectura voluntarista, ingenua o pícara, La Jornada del día siguiente consideró que Calderón se refería al asalto que Televisión Azteca emprendió contra la antena del Canal 40 en diciembre de 2002.

   La afirmación del presidente vale contra cualquier transgresión de la ley. Pero si tuviera la decisión de cumplir parejo con ese orden jurídico, de la misma manera que desalojó las estaciones ocupadas por militantes de oposición en Oaxaca el presidente Calderón tendría motivos de sobra para acotar los excesos propagandísticos, los engaños a televidentes y clientes de sus empresas, la promoción de la intolerancia y la distorsión de los acontecimientos que se han vuelto habituales en los canales concesionados a Ricardo Salinas Pliego.

–0–

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s