El difícil destino de Monitor

Publicado en la revista emeequis, 16 de julio de 2007

La suspensión de Monitor, uno de los noticieros más conocidos en la radio mexicana, ha suscitado comparaciones un tanto exageradas. Hay quienes dicen que se trata de un atentado a la libertad de prensa, aunque la decisión de cancelar las transmisiones fue del dueño y conductor de Monitor. A ese episodio se le ha equiparado con la censura contra RCTV, pero en el caso venezolano el gobierno canceló el uso de una concesión y al noticiero mexicano lo que le sucedió fue que se quedó sin recursos financieros. Algún periodista ha sugerido que se trata de una medida estaliniana, pero no hay comparación alguna entre la forzosamente inmovilizada Rusia de hace más de medio siglo y el panorama mexicano (con democracia insuficiente pero con espacios de participación y expresión reales) a comienzos del nuevo siglo.

Lo que es indiscutible es que el cierre de Monitor, aunque haya sido una decisión empresarial y no del poder político, ha causado una profunda rabia entre los radioescuchas de ese espacio y, quizá con más vehemencia, entre no pocos interesados en estos temas que concuerdan en culpar de ese desenlace al gobierno actual. Pero si pudiéramos entender la circunstancia de Monitor de manera menos apasionada, habría que tomar en cuenta numerosos factores que influyeron para que José Gutiérrez Vivó dejara de transmitir su noticiero el 29 de junio pasado.

Cualquiera que visitase recientemente las instalaciones de Radio Monitor en San Jerónimo tendría que coincidir en que esa empresa no parecía estar al borde de la quiebra. Solamente quien conociera los apuros financieros del consorcio encabezado por Gutiérrez Vivó, el incumplimiento de Radio Centro que durante más de tres años se ha negado a pagar una deuda de más de 21 millones de dólares, el dilatado y aún vigente calvario judicial de una instancia a otra para reclamar el cumplimiento de ese compromiso y las varias quincenas que los trabajadores de Monitor tenían su recibir sus salarios completos, podía entender por qué las transmisiones del noticiero mostraban cada vez menos recursos de producción.

Pero las instalaciones aun relucientes, que hace pocos años fueron reinauguradas –en una ceremonia a la que Vicente Fox se negó a acudir cuando supo que allí también estaría el entonces jefe de gobierno del DF Andrés Manuel López Obrador– dejaban ver las consolas digitales, los estudios habilitados con tecnología muy reciente, las pantallas de plasma en la cabina principal, varias de las motocicletas, la unidad de control remoto y alguno de los helicópteros que le permitían a Monitor ofrecer una peculiar simbiosis de información y servicio a los radioescuchas del Valle de México.

Podría decirse, en una apreciación simplista, que todos esos recursos eran tan costosos que terminaron por agotar las finanzas de Grupo Monitor. De igual manera, se ha dicho insistentemente que las cualidades empresariales de ese personaje no son tan notables como sus atributos en el campo de la radiodifusión. En todo caso, pareciera indiscutible que si Monitor llegó a ser el noticiero más importante de la radio mexicana (posición que de unos años a la fecha le disputaban otros programas informativos) fue por el reconocible profesionalismo y, desde luego, por la cotidiana perseverancia de Gutiérrez Vivó.

Nadie sin un vehemente empeño como ese, alcanza 33 años de transmisiones prácticamente todos los días, de lunes a viernes. Y nadie sin recursos, que son la base material para cualquier trabajo profesional, logra imponer un estilo y mantenerse a la vanguardia periodística durante tanto tiempo como consiguió hacerlo ese informador.

Los de Gutiérrez Vivó no fueron problemas de calidad informativa, ni en el terreno del desempeño profesional. La arrogancia con que manejó el noticiero, y aparentemente también a la empresa, era un rasgo que hoy coinciden en reconocer lo mismo partidarios entusiastas que muchos y a veces resentidos ex colaboradores de ese periodista.

Pero tampoco esos atributos bastan para explicar la ruina financiera de Monitor. El gasto quizá innecesario en proyectos no indispensables para la sobrevivencia del noticiero radiofónico (como la adquisición en 2003 de las instalaciones de El Heraldo para crear Diario Monitor), la todavía hoy vigente deuda de Radio Centro, la caída en la publicidad comercial y la casi completa suspensión de la publicidad oficial, la escasa potencia de las estaciones de AM en las que a falta de otras opciones tuvo que confinar sus transmisiones, forman parte de una compleja colección de problemas en el vértice de los cuales quedaron atrapados Gutiérrez Vivó y su empresa. Ninguno de esos factores hubiera bastado para llevar a la quiebra a Monitor. Todos juntos, crearon una situación inmanejable.

Por eso es imposible que el remedio a uno solo de esos conflictos permitiera la resurrección de Monitor. Si hay justicia, la familia Aguirre tendrá que pagar dentro de pocas semanas la deuda –que según los abogados asciende ya a 25 millones de dólares– pero quizá ni siquiera así podrían aliviarse todos los rezagos financieros que acumula Monitor. Si Gutiérrez Vivó encuentra un socio con visión y audacia suficientes, podríamos escucharlo de nuevo en la radio pero acotado por nuevos compromisos.

Fuera de esos no hay más escenarios propicios. Los trabajadores de Monitor han mantenido una insólita y quizá plausible solidaridad con Gutiérrez Vivó porque saben que de la cohesión que mantengan depende, en parte, el destino de su fuente de empleo. Pero si esa crisis financiera no encuentra solución rápida –y aquí, de nuevo, el tiempo corre a favor de grupos mediáticos como Radio Centro– esos trabajadores buscarán otras formas de apremio aunque sea a pesar de la preservación de Monitor.


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