El affaire Poniatowska

Publicado en Nexos de junio de 2006

La crispación que ahoga al ambiente público mexicano se expresa en cada episodio de la actual temporada política. Sin espacio para los acuerdos, las diferencias se magnifican. Y cuando no existen se les inventa. La discusión alrededor de Elena Poniatowska ha sido ejemplo de la desmesura que suele definir a nuestras domésticas y por lo general fugaces disputas.

La escritora, que forma parte del comité de campaña de Andrés Manuel López Obrador, grabó unos anuncios de televisión y radio para defender a ese candidato presidencial. Son “puras mentiras” que López Obrador tenga relación con el presidente venezolano Hugo Chávez y que los segundos pisos en vías rápidas del DF y “el apoyo a nuestros viejitos” se hayan pagado con deuda publica, “no calumnien”, fue el mensaje de Poniatowska.

El Partido Acción Nacional respondió a ese spot con otro que reproducía aquel mensaje de la escritora. Pero mientras se le escuchaba hablar de segundos pisos y pensiones para los “viejitos” se veían las conocidas escenas de René Bejarano y Gustavo Ponce –ex secretario particular y ex tesorero del gobierno de López Obrador– embolsándose fajos de dólares y jugando en Las Vegas, respectivamente. “¿A quién quieren engañar?” preguntaba una voz en off que recalcaba: “López Obrador es un peligro para México”.

Esos fueron, cada uno en 20 segundos, los mensajes que suscitaron otro capítulo de encono y distorsiones. Ambos, mercadotecnia política al fin, apelaban a la emoción y no a la razón. Del mismo corte fue la andanada de lamentos y tergiversaciones que se desató, particularmente en el periódico La Jornada.

 

Construir un acontecimiento

El 9 de abril, domingo de ramos, ese periódico publicó un editorial en primera plana para denunciar que Felipe Calderón, candidato presidencial del PAN, estaba emprendiendo una “guerra sucia” contra López Obrador y Poniatowska. Considerar que el candidato del PRD es “peligro para México” implica un “linchamiento moral con fines de aniquilamiento” advertía el diario. Pero con ese anuncio, decía, “el PAN no perjudica en lo mínimo a Elena Poniatowska”.

En unas horas La Jornada modificó esa posición. El lunes 10 su encabezado principal advertía: Desató AN campaña de odio contra Poniatowska. De pronto no eran López Obrador ni la civilidad política sino esa escritora los agraviados –no se decía cómo– por Acción Nacional. Poniatowska le platicó a la reportera Ana Mónica Rodríguez: “Entre un cúmulo de papeles que tengo se encuentran muchas cartas anónimas, con infinidad de insultos, además de las llamadas telefónicas que me han hecho por apoyar la campaña de AMLO”.

Esas injurias eran y serán muy condenables. Pero Poniatowska no dijo que las hubiera recibido a causa del spot que, para esas fechas, tenía pocos días de haberse transmitido. La Jornada anunció en su primera plana: Ha recibido insultos, revela la escritora. En esa misma página aparecía un texto de Carlos Monsiváis, preocupado porque a López Obrador se le considerase peligroso para el país: “es el llamado a la destrucción del enemigo”. De Felipe Calderón, que para entonces había dicho que le tenía gran respeto a la escritora, Monsiváis requirió “una retractación más amplia” aunque consideró que “no está ni podría estar a discusión la credibilidad de Elena Poniatowska”.

Estaba en marcha una espiral de irritaciones. El lunes 10 Calderón aclaró “no tenemos absolutamente nada contra Elena Poniatowska… el que le saca es Andrés Manuel… por eso le digo que en lugar de andarse escondiendo tras las faldas de una persona como ella, mejor que venga y que dé la cara”. A su vez el presidente nacional panista, Manuel Espino, le dijo a la reportera Claudia Herrera que a Poniatowska la consideraba “una figura respetable” pero deploró que “se preste tan a la ligera a una campaña acusando de mentiroso al PAN… No hemos mentido… Pobre señora, a mí la verdad es que me da pena que teniendo ese prestigio lo haya apostado a algo que no vale la pena”.

Aquella nota apareció bajo el encabezado Poniatowska “pobre señora, me da pena” dice Espino.

Pero en la primera plana de ese martes 11 de abril se publicaba el siguiente titular: Poniatowska, esa “pobre señora”, da pena: Espino.

Espino es un dirigente de opiniones esquemáticas –rudimentarias en ocasiones–. Pero no había formulado un juicio descalificatorio contra Poniatowska y mucho menos acerca de su trabajo literario. Sin embargo, con una utilización mañosa de frases parciales y fuera de contexto, La Jornada armó una estruendosa causa célebre.

 

Abundantes denuestos

El escándalo Poniatowska estuvo fundamentalmente circunscrito al mencionado diario, de donde hemos tomado la mayor parte de la información para esta nota. En la sección de cartas de La Jornada la poetisa Carmen Boullosa dijo, el martes 11 de abril, que Poniatowska “es una alerta moral. Alguien puede no estar de acuerdo con sus posiciones, por supuesto -no queremos diosas sino escritoras-, pero llamarla peligro es una imbecilidad”. En efecto, considerar que Poniatowska es un peligro sería una bobada. Pero nadie lo había dicho.

Agravios y confusión resultan idóneos para nutrir una tolvanera mediática y política. El miércoles 12 Poniatowska le dice a la reportera Ana Mónica Rodríguez que el dirigente nacional del PAN “es un pobre lacayo del poder y lo que ha hecho a lo largo de su vida es lambisconear a los poderosos”.

Esa declaración aparece como encabezado principal del diario. Junto a ella se publican opiniones de otros escritores. Poniatowska “demostró tener extraordinaria valentía social” considera Raquel Tibol. Federico Campbell le dice “imbécil” a Espino y asegura que sus declaraciones “están preparando a la opinión pública para hacer posible un gran fraude electoral… en ese proyecto están tanto Televisa como el PRI”.

Días antes el Senado había aprobado las reformas a las leyes de radiodifusión y telecomunicaciones que por su autoría, promoción y beneficiarios fueron denominadas “Ley Televisa”. Campbell manifestaba “espero que la televisión no le gane a la pluma y a las letras”. En actitud similar el caricaturista apodado “El Fisgón” escribió “estas cosas aclaran que el PAN pactó la ley Televisa”.

Los defensores de Poniatowska quisieron olvidar que esa escritora colabora para Televisa. En el guirigay de La Jornada las precisiones eran prescindibles. Fernando del Paso le escribió a Manuel Espino: “Elena Poniatowska no es una pobre señora. Es una gran señora. Pero no me sorprende que usted no entienda por qué lo es. Más bien, me sorprendería mucho que lo entendiera”. El líder de los diputados del Partido del Trabajo, Alejandro González Yáñez, consideró que el episodio constituía “un golpe no sólo a Elena Poniatowska, sino a la cultura mexicana”. Con elegante retórica, ese dirigente dijo que el presidente del PAN “no tiene madre al hablar de una de las mujeres en México con amplia trayectoria ética y cultural absolutamente transparente…frente a ella, que es un gigante, Espino es un enano”.

La tergiversación de un par de frases y el desatinado sentido político del PAN, junto con la prejuiciada y arisca reacción de simpatizantes del PRD, alimentaron esa tormenta declarativa. Los encabezados de La Jornada confirmaban las intuiciones de esos partidarios del señor López: si el PAN es de derecha y la derecha está plagada de zafios e incultos, entonces las críticas a Poniatowska tienen que ser expresión de una cruzada anti-intelectual.

Esa convicción estaba afianzada tanto en expresiones de incultura al estilo de las que tan frecuentemente ofrecen el presidente Vicente Fox y algunos de sus colaboradores, como en una creencia fundamentalista de los defensores de Poniatowska: se trata de una escritora tan apreciada, pero sobre todo tan mitificada, que no se le debía tocar con el pétalo de una crítica. Esos defensores de la escritora no le reclamaban al PRD haberla llevado a la arena del debate político al utilizarla en su propaganda.

 

Cero razonamientos

En el ámbito de La Jornada se extendió una veneración indignada que tomaba como pretexto a Poniatowska. La escritora Aline Pettersson en una carta publicada el miércoles 12 y el político Jaime Martínez Veloz en un artículo el viernes 14 aluden a José Millán Astray, el militar franquista que en 1936 vitoreó a la muerte y denigró a la inteligencia. Para la primera, la actitud del PAN constituía una “forma asesina de la inteligencia”. Para Martínez, los panistas son “enanos mentales”. La descomposición del discurso corrió paralela a la magnificación de expresiones que en otras circunstancias habrían resultado baladíes.

Espino insiste, en La Jornada del jueves 13, que Poniatowska ha sido reconocida “como escritora, como intelectual, y por eso nos llamó la atención que de repente apareciera denostando a nuestro candidato, a nuestro partido”. El PAN informó que retiraría el anuncio en donde aparecía la imagen de la escritora. Pero era inútil. Víctor Hugo Rascón, presidente de la Sociedad General de Escritores de México, dice en una carta de respaldo a Poniatowska: “vivimos tiempos furiosos, tiempos de odio, tiempos de intolerancia”. El sábado 15 el periódico italiano Il Manifesto le exige al PAN “que cese sus ataques y descalificaciones a la escritora, adalid de la libertad de expresión y del valor civil”. El domingo 16 el admirado y habitualmente mesurado José Emilio Pacheco escribe en Proceso una pieza cargada de irreflexión en donde compara al affaire Poniatowska con el caso Dreyfus de la Francia de hace algo más de un siglo y concluye proclamando No Pasarán, como hacían los militantes de la resistencia española contra el fascismo.

El martes 18 La Jornada publica una carta abierta en donde René Drucker califica a Manuel Espino como “minusválido mental” y en la que le dice al candidato presidencial Felipe Calderón: “su mediocridad no le permite ser un líder con dignidad, inteligencia, pero, sobre todo, con ideas”. El doctor Drucker es coordinador de la investigación científica de la UNAM.

 

Inmunidad intelectual

Quienes usaron a Poniatowska no fueron los panistas sino los propagandistas de López Obrador. La sacralizaron como si el hecho de haber escrito libros que para muchos son entrañables la pusiera a salvo de ser criticada como todo aquel que participa en la vida pública.

Incluso algunos de quienes cuestionaban esa utilización de Poniatowska incurrían en tal exaltación. Jorge G. Castañeda, el 19 de abril en Reforma, aplaude la militancia política de esa escritora pero encuentra en ella la causa para que “pierda la inmunidad conferida por su indudable estatura literaria y cultural… La autora de La Noche de Tlatelolco no podía ignorar que su entrada a la batalla política implicaba abdicar de sus privilegios y caparazones culturales”. Pero ¿por qué el oficio de escritor le va a dar a alguien inmunidad o caparazones? ¿Desde cuándo los novelistas son ajenos a la evaluación a la que están sometidos, por sus actos precisamente públicos, todos los personajes públicos?

En medio de la batahola discursiva había unas cuantas voces mesuradas. El viernes 21 en La Crónica Luis de la Barreda recapitula: “quien acusa públicamente de mendaz a un partido durante una campaña presidencial se expone, así sea una autoridad moral o el más grande escritor que los siglos hayan visto sobre la tierra, a ser refutado por aquellos a quienes tacha de embusteros”. El domingo 16 León García Soler, voz aislada en La Jornada, había ironizado: “Una dama es una dama y ésta, para colmo, princesa polaca venida de París y declarada intelectual señera de la izquierda, desde el lumpen proletariado hasta el radical chic”.

Ese radical chic encontró en Poniatowska una causa políticamente correcta aunque no estuviera sustentada en hechos ni dichos cabalmente ciertos. La tormenta declarativa amainaba pero el 25 de abril La Jornada publicó, como nota principal, el manifiesto con el que alguien embaucó a dos docenas de escritores iberoamericanos. El portugués Saramago, los españoles Savater y Juan Goytisolo, el brasileño Fonseca y el chileno Skármeta, entre otros, firmaron un texto en el que reprueban “la diatriba de la ultraderecha mexicana contra Poniatowska y otros muy destacados intelectuales mexicanos”.

Si hubo diatriba –es decir, un discurso violento e injurioso– fue de los más enardecidos defensores de Poniatowska. El fundamentalismo que demostraron avivó las aprensiones acerca de la intolerancia del candidato presidencial con el que simpatizan.

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2 thoughts on “El affaire Poniatowska

  1. Estimado Raul:

    En efecto, mas alla de las respuestas de una barahunta de intelectuales, sobresale la verdad de que Donha Elenita Poniatowska se puso de pechito con una bola de tipos sin escrupulos, capaces de acusar al oponente del pecado propio, de urdir a una guerra sucia para perpetuar los derechos de casta de una elite, blablabla…

    Disiento con la conclusion de tu entrada en el sentido de que “El fundamentalismo que demostraron….”, ya que no aportas argumento en cuanto a la intolerancia del susodicho ex candidato ahora ungido “Presidente Legitimo”, solo arrojas la piedra ahi, al final de tu discurso… (aunque me confieso ignorante de tus demas articulos. Probablemente ahi aclaras dicho punto, o mas bien, ahi lo desarrollas) Al parecer, llenas de verdades tu articulo para lanzar una ultima aseveracion la cual pudiera parecer verdad como conclusion de un discurso mesurado, objetivo y bien fundamentado como lo es tu articulo.

    Finalmente, presento a tu atencion un articulo publicado en proceso 1586, por Alvaro Delgado titulado “La inteligentsia panista”. Contiene mas discurso en el tenor de tu articulo, pero lo que si me parece risible es la cantidad de figuras de la farandula que tiene el pan en su “consejo nacional de intelectuales” como asi se le llama. Me llama la atencion que hayan sido panistas a quienes se les ha acusado de censurar obras de arte por contener desnudos, y llamen entre su, repito, “consejo nacional de intelectuales” a miembros de una ‘mind-numbing’ farandula. (perdon por licencia de utilizar ingles en vez de espanhol, creo que la eleccion de palabras es mas descriptiva de lo que quiero decir).

    Nota: No uso acentos, pues mi teclado y sistema operativo actual me lo impiden, y las enhes no existen, por consecuencia…

    Saludos/Obrigado

    Omar Navarro.

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