Nuevo y sustancioso negocio

Comentario para Radio UNAM

17 de marzo de 2006

El Senado de la República está a punto de repetir, pero de peor manera, la escandalosa decisión que la Cámara de Diputados tomó el pasado primero de diciembre cuando en siete minutos aprobó las reformas a las leyes federales de radiodifusión y telecomunicaciones.

Sería peor. Si aquella vez los diputados tenían la coartada de haber actuado con desidia y precipitación, ahora los senadores no contarían siquiera con esas atenuantes. Gracias a la reacción que suscitó aquella decisión de diciembre, en los meses recientes se ha desarrollado un intenso pero sobre todo esclarecedor debate acerca de tales reformas. En extensas audiencias en el propio Senado de la República así como en foros auspiciados por instituciones como nuestra Universidad Nacional, ha quedado claro el sesgo que define a esas propuestas.

No ha sido gratuito que las hayamos denominado como la Ley Televisa. Se trata de una colección de modificaciones legales que favorecerían los negocios de esa empresa.

El aspecto central de la ley Televisa establece que las empresas que ya tienen concesiones para transmitir por televisión podrán aprovechar esos espacios para, además, ofrecer servicios de telefonía, Internet y transmisión de datos. Y no está mal que el país aproveche de manera intensiva las nuevas opciones de comunicación que ofrece la digitalización de las señales que transitan por el espectro radioeléctrico. El problema radica en que, si se aprueba esa reforma legal, Televisa disfrutaría de un nuevo y sustancioso negocio sin que el gobierno estuviera obligado a requerirle el pago de derechos por esa explotación adicional de las frecuencias de radiodifusión.

El dinero que Televisa se ahorraría gracias a una de las previsiones de la ley que no en balde lleva su nombre ascendería a varios miles de millones de dólares.

Por eso, entre otros motivos, Televisa ha puesto tanto empeño para que se apruebe esa reforma legal que, entre varias de sus consecuencias, desprotege, ignora y margina a los medios de radio y televisión de carácter público.

Por eso Televisa ha presionado de diversas maneras a los partidos políticos y a sus legisladores. Lo auténticamente indecoroso no son esos amagos sino la displicencia de los partidos Acción Nacional y Revolucionario Institucional al admitir las promesas y amenazas de Televisa.

La discusión de la Ley Televisa será el jueves próximo. Si los senadores del PRI y el PAN mantienen la decisión de sus direcciones nacionales estaremos ante una palmaria rendición del poder político ante el poder económico. La última palabra no está dicha. Los cuestionamientos a la Ley Televisa multiplican. Mucha gente reconoce que en ese tema se dirime el futuro de la radiodifusión pero, también, en buena medida, el futuro de nuestra vida pública.

 

 

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