Información y democracia. El libro de Roberto Gutiérrez López.

Comentario en la presentación del libro Información y democracia. Los medios de comunicación y su influencia sobre la política. El caso de México (Ediciones Pomares y UAM Azcapotzalco, México, 2005) de Roberto Gutiérrez López.

Junio de 2005

 

 

El de los medios de comunicación es, a no dudarse, un tema que llegó para permanecer en la agenda de los asuntos públicos mexicanos. Soslayado durante largo tiempo tanto en el periodismo –en donde prevalecía la aldeana resistencia a ocuparse en unos medios de las vicisitudes de otros– como en el campo académico –en donde sigue faltando reflexión, distancia, rigor y multidisciplinariedad para entender a los medios– el de la comunicación de masas, sus condiciones, reglas e influencia, ha seguido siendo un terreno por cultivar desde el análisis crítico.

Recientemente, algunos de los vacíos en el conocimiento y la discusión de los medios comienzan a ser cubiertos por trabajos rigurosos como el que esta noche presenta Roberto Gutiérrez López. Al interés por comprender a los medios más allá de disecciones solamente ideológicas, Gutiérrez añade un enfoque metodológico que cumple con seriedad y que le permite mirar, junto con ellas, más allá de las vicisitudes coyunturales que han experimentado recientemente los medios mexicanos en sus relaciones con el poder político y la sociedad.

Información y democracia parecieran elementos indispensables, y por ello inseparables, en la construcción de una sociedad que se pretenda moderna y equitativa. Pero una y otra suelen estar disociadas con tanta frecuencia y con resultados tan onerosos que ese alejamiento constituye, sin lugar a dudas, uno de los obstáculos cardinales para el desarrollo de la sociedad y la política en nuestro país.

Gutiérrez no se queda en el reconocimiento de ese problema, como hacen muchos de los autores que se asoman a la complejidad de los medios en sus relaciones con la política y la sociedad. Para entender a los medios se apoya en dos vertientes de análisis. La primera de ellas es la aplicación de categorías de la ciencia política al escrutinio de los medios y sus implicaciones en la vida pública. La otra, es una escrupulosa reconstrucción del debate mexicano acerca de los medios electrónicos, incluyendo los episodios más significativos que manifiestan inflexiones y excesos de las empresas comunicacionales en los años recientes.

Para entender la circunstancia de tales medios y, de manera más amplia, el estado actual del cambio político mexicano, Gutiérrez López propone reconocer que hemos arribado a “la conclusión de la transición política en el plano del régimen y simultáneamente sostener como inacabada la transición en el plano del sistema” (pp. 27-28). De esa manera podría conciliarse la discrepancia entre quienes, entusiasmados por la renovación de la normatividad electoral y sus resultados en materia de claridad y competitividad en los comicios, han sostenido que la transición mexicana ya concluyó y aquellos que, atenidos a un panorama menos optimista como el que se puede apreciar en los sindicatos y desde luego en la situación de los medios de comunicación, consideramos que esa transición ha sido fallida o al menos insuficiente.

Al ubicar así al problema que constituyen los medios, Gutiérrez considera que las asignaturas pendientes en materia de actualización legal para la comunicación de masas forman parte de la incumplida agenda de la Reforma del Estado. Esa concepción no es muy distinta de las que han sostenido los más perspicaces creadores de las reformas políticas en México, comenzando por don Jesús Reyes Heroles que llegó a reconocer la necesidad de que la reforma electoral estuviera acompañada por la modificación del marco legal para los medios de comunicación. La reforma del sistema electoral era sin duda indispensable, pero al no estar complementada por el cambio en las reglas para los medios quedó truncada, con secuelas como las que hoy es posible reconocer en la vida pública mexicana.

La hegemonía que han alcanzado las empresas de comunicación más importantes no determina todas las decisiones, ni modula todos los consensos. Pero el papel de los medios y muy especialmente la televisión resulta perceptible, y a menudo definitivo, en algunos de los episodios de escándalo político que hemos conocido en los años recientes así como, desde luego, en la parálisis que esos consorcios han logrado imponer a los procesos de reforma para las leyes que los rigen.

El dominio de los medios, al menos en circunstancias específicas, se advierte en varios episodios del recuento que Roberto Gutiérrez ofrece en los capítulos centrales de este libro. Aunque había sido organizado con notorio espíritu incluyente, el proceso de discusiones que a partir de abril de 2001 y durante 18 meses auspició la Secretaría de Gobernación, quedó cancelado cuando el mismo gobierno federal aprobó un reglamento de la ley de radio y televisión que los radiodifusores dictaron punto por punto. Y en diciembre de 2002, como fue ampliamente sabido, el propietario de Televisión Azteca desafío a las leyes, al gobierno y a la institucionalidad política cuando envió a una pandilla de golpeadores a secuestrar las instalaciones transmisoras del Canal 40.

Esos fueron los momentos de mayor rispidez, pero no los únicos, en varios años de heterodoxas relaciones entre el gobierno del presidente Vicente Fox y las empresas de radiodifusión más poderosas. En todos ellos se ratifica el predominio de tales intereses privados que han adquirido una influencia tan creciente que, sin pretender que hayan sustituido a las instituciones políticas, les hemos denominado mediocracia.

Con la alternancia en el gobierno federal existieron condiciones distintas a las que antaño se habían mantenido para el trato entre el poder político y los medios. Pero a diferencia de lo que algunos llegaron a suponer, ese contexto no sirvió para auspiciar el reconocimiento y cumplimiento de sus responsabilidades públicas por parte de los medios. Al contrario, para los grupos mediáticos más influyentes el gobierno del presidente Fox significó más excesos, mayor impunidad y, a diferencia del pasado reciente, una capacidad de maniobra política que no habían tenido bajo el régimen del PRI.

Si en tiempos afortunadamente ya transcurridos del régimen anterior los grupos mediáticos habían aceptado subordinarse al poder presidencial, durante la administración del presidente Fox esa relación dio un giro de 180 grados. Ahora, cuando tienen interés en ello, los grupos mediáticos avasallan decisiones, acciones y designios del gobierno federal.

El poder que han alcanzado los medios y muy especialmente la televisión acaso amerite que revisemos las concepciones hasta ahora útiles –pero crecientemente insuficientes– que hemos sostenido acerca del sistema e incluso del régimen político.

Si hoy en día se gobierna con los medios, en los medios y a menudo para los medios, ¿no será preciso admitir, aunque nos pese, que los medios están siendo un componente activo y a veces incluso determinante del régimen político?

Esa situación ha sido causa –y a la vez consecuencia– del temor que se ha mantenido en las cúpulas políticas a la reforma legal para la radiodifusión. El libro que se presenta ahora sostiene, en ocasiones con brillantez, los fundamentos políticos, jurídicos, éticos y filosóficos que respaldarían el establecimiento y cumplimiento de responsabilidades claras por parte de los radiodifusores y respecto de la sociedad. Frente a una exposición como esa puede reconocerse que no hay un solo argumento que justifique el estancamiento en ese proceso de reforma legal.

La postergación de la reforma para la radio y la televisión no es un asunto de razones sino de intereses. Y hasta ahora, en este asunto, los intereses de pequeños grupos privados se han sobrepuesto a los intereses de la sociedad. Por eso es inevitable que el de Roberto Gutiérrez sea un libro inacabado. No porque haya escrito su investigación sin rigor sino porque el último capítulo de este volumen, así como de la reforma de los medios electrónicos, todavía está por hacerse y escribirse.

Mientras tanto, este es un libro necesario para entender a los medios. Es decir, para comprender un segmento fundamental en el país que tenemos y, desde luego, en el país que no hemos sido capaces de construir.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s