TV Azteca, confianza cero

La Crónica, 2 de mayo de 2005

En la disputa por la credibilidad, Televisión Azteca dilapidó hace varios años todo su capital. Por eso ahora que el dueño y empleados de esa empresa se han dicho perseguidos por la Secretaría de Hacienda las suspicacias han sido mayúsculas. ¿Cómo confiar en la versión que ofrece un consorcio que ha lucrado ostensiblemente con la mentira y que suele utilizar los espacios que el Estado le concesiona para defender sus intereses privados?

   Nadie les cree. El martes pasado, 26 de abril, TV Azteca denunció que el secretario Francisco Gil Díaz había presionado a un funcionario de la televisora para que no fuese difundido un programa sobre la venta de Banamex. Desde entonces –hasta donde sabemos– no se ha dicho ni escrito, en otros medios, una sola palabra de respaldo a esa campaña de la televisora del Ajusco.

   Los conductores de Azteca que hacen causa común con el dueño de la empresa y se dicen víctimas de una persecución política están solos en esa paradójica cruzada. Pero no por ausencia de ánimo solidario entre los trabajadores de los medios sino porque es evidente que no es la libertad de expresión como algunos de ellos dicen, sino el interés financiero y corporativo de Ricardo Salinas Pliego lo que está en juego en ese litigio.

   TV Azteca dice que el mismo martes 26 el secretario de Hacienda le entregó a Jorge Mendoza, presidente de información de la televisora, una tarjeta que enumeraba acciones administrativas y judiciales que el gobierno tomaría si esa noche era transmitido un programa de la conductora locutora Llly Téllez en donde se criticaría un presunto fraude en la venta de Banamex al grupo Citibank.

   Al día siguiente la secretaría de Hacienda dijo que no sólo no habían existido tales amagos sino que la situación fue al revés: Mendoza buscó a varios funcionarios de Hacienda, entre ellos el secretario, para persuadirlos de evitar “un choque de trenes” si no les ayudaban a detener la indagación sobre las finanzas de Ricardo Salinas Pliego que estaba por finalizar la Comisión Nacional Bancaria y de Valores.

   Como se sabe, esa averiguación ha sido paralela a la que emprendieron las autoridades financieras de Estados Unidos después de que dos empresas de Salinas Pliego, que cotizan en la Bolsa de Valores de aquel país, hicieron transferencias que fueron consideradas fraudulentas.

   Todo parece indicar que más que brindarle un servicio a la nación al difundir el programa sobre la venta de Banamex, lo que buscaba Televisión Azteca era amagar con un escándalo que impidiera o, al menos, distorsionara las sanciones que la Comisión Nacional Bancaria estaba a punto de imponerle a Salinas Pliego. El 27 de abril ese organismo notificó una multa de 27 millones de pesos por violaciones a la Ley del Mercado de Valores.

   Las evidencias sobre las supuestas presiones del secretario de Hacienda fueron bastante peregrinas. Azteca aseguró que en la tarjeta que recibió su presidente de noticias estaban grabadas las huellas digitales del secretario Gil Díaz (lo que no informó es qué peritaje se había realizado, ni cómo se podía asegurar que tales impresiones dactilares eran las del titular de Hacienda).

   Por otro lado, el programa televisivo cuya difusión Hacienda supuestamente quiso impedir no ofreció revelación alguna. Allí solo se repitieron apreciaciones, publicadas antes en la prensa, sobre la falta de pago de impuestos de los antiguos accionistas de Banamex, encabezados por el empresario Roberto Hernández, que se beneficiaron con la venta de esa institución financiera.

   Cuesta trabajo imaginar al secretario Gil amagando al representante de Televisión Azteca, sobre todo cuando el programa sobre Banamex había sido muy anunciado en inserciones en varios diarios. Si lo hizo, se trató de una enorme y autoritaria tontería que es preciso rechazar. Pero también hay que recordar que si Televisión Azteca tiene una situación financiera y legal vulnerable, es debido a un desempeño inadecuado de sus directivos.

   Más allá de manejos financieros que les están acarreando multas y sanciones posiblemente mayores dentro y fuera de México, los principales directivos de esa televisora han despreciado e incluso transgredido las leyes y los parámetros profesionales en ese negocio. Utilizan de manera facciosa las frecuencias que usufructúan. Mienten y distorsionan la información de sus noticieros cuando consideran que así favorecen sus intereses. Y como todos recordamos hace 28 meses, en diciembre de 2002, enviaron a un grupo de bandoleros para asaltar la antena transmisora del Canal 40, con el que desde entonces tenían un diferendo financiero.

   En aquella ocasión Azteca difundió una versión a su modo, plagada de falsedades, acerca del despojo en el Cerro del Chiquihuite. Ahora esa televisora se dice víctima de amenazas a su libertad de expresión. No ha sido así aunque, como veremos mañana, dos de sus periodistas padecieron un extraño amago de censura.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s