Lecciones del Rathergate

La Crónica, enero 16 de 2005

La del primer martes de noviembre no ha sido la única victoria reciente de George W. Bush. Luego de ganar la reelección, el presidente de Estados Unidos acaba de obtener un notorio triunfo político y propagandístico gracias a la decisión de la CBS, una de las cadenas de televisión más importantes en ese país y en el mundo, para despedir a los responsables de un reportaje en donde se cuestionaba su trayectoria en las fuerzas armadas.

   El lunes pasado, 10 de enero, la CBS anunció el despido de la productora del programa 60 Minutos de los miércoles que tuvo a su cargo la investigación y las determinaciones principales en el reportaje transmitido en septiembre pasado acerca de las maniobras de George W. Bush, cuando era joven, para no ir a la guerra en Vietnam. Una indagación realizada por un comité externo a esa televisora encontró que los documentos en los que se apoyaba el reportaje no fueron suficientemente confiables.

   La decisión de la CBS está siendo considerada como un esfuerzo para recuperar confiabilidad ante sus audiencias, después de las intensas críticas que recibió –especialmente entre partidarios del presidente Bush– por difundir aquella pieza periodística. Pero también se ha estimado que la televisora –propiedad del consorcio de comunicaciones Viacom– podría estar buscando el beneplácito de la Casa Blanca ahora que es evidente que Bush seguirá ocupándola durante los próximos cuatro años.

 

Faltas del joven Bush

   Junto con la productora Mary Mapes, la CBS exigió las renuncias de tres ejecutivos que tuvieron responsabilidad en la decisión de transmitir el reportaje de 60 Minutos. Se trata de Betsy West que hasta comienzos de esta semana era vicepresidenta en esa cadena, el productor John Howard y su colaboradora Mary Murphy.

   Los cuatro, han sido acusados de no verificar los documentos atribuidos al teniente coronel Jerry Killian, que era comandante de la división en la que estaba asignado a comienzos de los años 70 el entonces joven estudiante George W. Bush. Killian falleció hace 20 años y la CBS obtuvo varios memoranda que, según aseguró en septiembre, ese militar había escrito con quejas acerca del comportamiento de Bush.

   En esos textos se mencionaba el desinterés del joven Bush por las obligaciones militares y sus frecuentes viajes, para atender asuntos políticos, fuera de la base aérea a la que estaba adscrito. En aquellos años su padre era embajador en Naciones Unidas y todo parece indicar que el ahora presidente movió influencias personales para ser enviado a un cuartel de la Guardia Nacional en vez de ir al frente de batalla.

   Esas gestiones de los Bush han sido insistentemente comentadas desde hace tiempo. En rigor, no se decía algo sustancialmente nuevo en el ahora discutido reportaje de la CBS. Pero su transmisión justo en los días de mayor encono durante la campaña presidencial estadounidense fue considerado por simpatizantes del Partido Republicano como una apuesta política de esa cadena de televisión.

 

Acusaciones en la Red

   La misma noche del 8 de septiembre en que se transmitió por los canales de CBS, el reportaje sobre el servicio militar de Bush comenzó a ser cuestionado en varios foros de la Internet. Especialmente un blog en la Red, a cargo de tres abogados de conocido talante conservador, difundió con gran éxito la versión de que los documentos mostrados en televisión eran falsos.

   En pocas horas se difundió la versión de que los memoranda atribuidos al finado teniente Killian habían sido falsificados por partidarios de la campaña de John Kerry. Se hablaba del tipo de letra, la firma y otras características de esos documentos.

   Más que las descalificaciones puntuales, comenzó a extenderse la versión de que la CBS había tomado deliberadamente la decisión de difundir un reportaje adverso a Bush como una forma de obstaculizar su campaña.

   Unos días antes, algunos de los grupos partidarios del candidato republicano habían comprado abundante espacio en televisión para difundir un anuncio en contra del comportamiento de Kerry en la guerra de Vietnam.

   Kerry fue condecorado por su presencia en Vietnam pero luego asumió posiciones críticas hacia la participación de su país en esa guerra. El anuncio de sus impugnadores mostraba, descalificándolo, a algunos de sus antiguos compañeros en el frente de batalla.

   En ese escenario, el reportaje de la CBS contribuía a balancear las cosas en beneficio de Kerry. El demócrata al menos había estado en Vietnam aunque luego cuestionó a esa guerra. Bush en cambio hizo todo lo posible para quedarse en casa y aun así, de acuerdo con los testimonios recogidos por la televisora, había sido un mal soldado.

 

Poder mediático

   Las implicaciones políticas de aquel reportaje se entremezclaron con el debate acerca de la supuesta falsedad de algunos de los documentos en los que se apoyaba. El domingo 12 de septiembre esta columna hizo un extenso recuento de aquella discusión en los medios estadounidenses.

   En aquel momento no dejaba de ser significativa la repentina vulnerabilidad de la CBS, uno de los íconos del poderoso sistema mediático estadounidense, ante las impugnaciones por ese reportaje. El hecho de que las primeras descalificaciones y la polémica posterior sobre ese trabajo periodístico se hubieran propagado en la Internet, llevó a considerar a algunos observadores que estábamos ante una reacción de ciudadanos independientes en contra del poder mediático y corporativo.

   Aun ahora, hay quienes consideran que la destitución de los cuatro periodistas ha sido un logro del nuevo periodismo que se desarrolla en la red de redes.

   Sin embargo no hay que olvidar que las refutaciones al trabajo de los periodistas de CBS no eran desinteresadas. Y no habrían salido de la Internet de no ser por la extensa cobertura que le ofrecieron otros medios –entre ellos las cadenas rivales de esa corporación televisiva–.

 

Rather en el ocaso

   El interés dentro y fuera de Estados Unidos por aquel reportaje y sus consecuencias se acentuaba debido a que fue presentado –y en los primeros momentos enfáticamente defendido– por Dan Rather, uno de los conductores de noticias más importantes en la televisión de ese país.

   Con fama de severo y riguroso, Rather se ha distinguido por tener algunas posiciones críticas respecto del gobierno estadounidense. No es ajeno, desde luego, al establishment político y corporativo de ese país. Pero es difícil decir que se trata de un personaje condescendiente con el poder gubernamental.

   Por eso la participación de Rather en el reportaje contra Bush hizo que arreciaran las críticas del flanco conservador de la sociedad estadounidense. Ese conductor había resuelto retirarse en 2006, cuando cumpliera 25 años al frente del noticiero vespertino de la CBS. Pero a raíz de la crisis por el reportaje sobre Bush, hace pocas semanas anunció que adelantaría esa decisión y en marzo próximo dejará el telediario.

 

Interesado comité

   A fin de estudiar los cuestionamientos a ese reportaje y determinar si se habían transgredido los parámetros que dice buscar en el periodismo que difunde, la CBS creó un comité integrado por Louis D. Boccardi, antiguo director ejecutivo de la agencia de noticias Associated Press y Dick Thornburgh, ex abogado general en el gobierno estadounidense.   

   El presidente de la CBS, Andrew Heyward, ha insistido en la independencia de ese comité. Sin embargo al menos Thornburgh estuvo enfrentado con Rather y el área de Noticias de la CBS cuando, siendo funcionario de los gobiernos de Richard Nixon y George Bush padre, cuestionó públicamente algunas de las informaciones de esa cadena.

   Los resultados del trabajo de ese “panel”, como le llaman sus integrantes, se dieron a conocer el lunes de esta semana, junto con la decisión de la CBS para prescindir de sus cuatro colaboradores. El informe Heyward-Thornburgh es un documento de 234 páginas, además de varias docenas de anexos, en donde se discuten las fuentes de información del multicomentado reportaje sobre los años de Bush en la milicia.

   Para los autores del informe, el equipo de producción de 60 Minutos incurrió en omisiones graves al no corroborar de manera suficiente la autenticidad de los memoranda atribuidos al ex jefe militar del soldado Bush.

   En opinión de esos interventores de la CBS, uno de los errores más importantes consistió en declarar que un experto había autentificado los documentos cuando solamente lo había hecho con una de las firmas en ellos. “60 minutos de los miércoles fracasó al examinar las fuentes” de algunos de esos textos, aseguran.

  

Politización inquietante

   Pero más que los procedimientos de comprobación que siguió o dejó de tomar la redacción de ese programa televisivo, a Heyward y Thornburgh les preocupa la posibilidad de que la elaboración y transmisión del reportaje hubieran estado orientadas por motivaciones políticas y no de carácter periodístico.

   Ese parece haber sido el encargo principal que les hizo la CBS. Por eso el último capítulo y en buena medida las conclusiones del Informe están destinados a difuminar cualquier sesgo político en el comportamiento de la cadena y sus empleados. De manera rotunda, se establece que “no hubo una agenda política” en las decisiones acerca de ese trabajo periodístico.

   Sin embargo no se puede olvidar la circunstancia en la que fue difundida la investigación sobre las maniobras del joven Bush. Faltaban menos de dos meses para la elección presidencial y las encuestas mostraban una sólida tendencia competitiva del senador Kerry. Todo cuestionamiento a la imagen de integridad y congruencia que gracias al manejo mediático ha sostenido el presidente Bush, podía hacer mella en las preferencias en su favor.

   Si no se puede afirmar que hubo una inducción directa de la campaña demócrata para provocar la difusión del reportaje –como aseguraron en la prensa estadounidense algunos partidarios de Bush– sí es posible reconocer que la decisión para transmitirlo tomaba en cuenta el momento político. Dicha circunstancia era precisamente la que le confería mayor interés a ese trabajo de 60 Minutos.

   El interés de Rather y de la productora Mapes por los antecedentes militares de Bush no era nuevo. El Informe recientemente difundido confirma que desde cinco años antes buscaban indicios de la reticencia del ahora presidente para cumplir con el servicio militar. El asunto no se les ocurrió de pronto como tema de investigación periodística.

 

No se demuestran mentiras

   El comité de la CBS consideró que “los intentos para investigar a la gente y los asuntos presentados en los documentos fueron insuficientes”. Esa observación se podrá hacer siempre acerca de cualquier trabajo periodístico.

   El problema central es si la información que difundieron Rather y su equipo era falsa. Y en ese tema, el Informe de Heyward y Thornburgh no aventura conclusiones claras.

   En una de sus escasas afirmaciones categóricas el documento que le sirvió a la CBS para purgar su equipo periodístico considera acerca de los memoranda del antiguo jefe del soldado Bush:

   “El Panel no ha sido capaz de establecer con absoluta certeza si los documentos de Killian son auténticos o falsos. Sin embargo ha encontrado una serie de asuntos que levantan serias dudas acerca de la autenticidad de los documentos y su contenido. Con un mejor periodismo esas dudas habrían sido resueltas antes de la transmisión del segmento el 8 de septiembre”.

   En otras palabras, a los periodistas que trabajaron bajo las órdenes de Rather los despidieron no por decir mentiras, sino por no verificar con mayor rigor los documentos que utilizaron.

   Es pertinente señalar que la discusión principal que suscitó el reportaje y la mayoría de sus impugnaciones se debieron a las cartas atribuidas a Killian. Sin embargo aquel trabajo periodístico se apoyaba en otros documentos y testimonios. Las maniobras de Bush para eludir el servicio militar ya eran conocidas y fueron evidenciadas a partir de varias fuentes (entre ellas, las declaraciones de antiguos políticos que fueron funcionarios del gobierno hace tres décadas).

 

Chivos expiatorios

   El despido de cuatro personas del área de noticias de CBS y el retiro anticipado de Rather han sido muy difundidos. En numerosos comentarios se ha presentado a este episodio como muestra de escrupulosidad periodística y rechazo a las fuentes anónimas por parte de una importante empresa de comunicación.

   Sin embargo la breve réplica de la productora Mary Mapes a esa decisión no ha sido tan publicitada.

   En una declaración de tres páginas, la hasta hace poco influyente productora de la edición de los miércoles de 60 Minutos (ese programa tiene otra versión los domingos, a cargo de un equipo diferente) ha destacado acerca de las fuentes que utilizó en la discutida nota sobre el presidente Bush:

   “Es digno de atención el hecho de que el panel no concluyó que esos documentos fueran falsos”.

   Mapes, entonces, pone a discusión de quién fue la responsabilidad de difundir el reportaje: “Sin duda, al final, todo lo que el panel concluyó fue que había muchas banderas rojas que aconsejaban en contra de salir al aire con rapidez. Nunca tuve el control del momento para llevar al aire ningún segmento de 60 Minutos; esa siempre fue una decisión que tomaron  mis superiores. Transmitir esa historia cuando lo hicimos fue también una decisión que tomaron mis superiores, incluyendo a Andrew Heyward –el presidente de la CBS–. Si allí se cometió un crimen periodístico, no  fui yo”.

   Mapes asegura que todas las dudas acerca del reportaje las puso a consideración de sus jefes. Con plena conciencia de los sesgos discutibles que podía tener, los directivos de la CBS resolvieron que se transmitiera. Por eso sugiere que su despido puede ser un intento de la corporación para encontrar un chivo expiatorio.

 

Nueva supervisión

   Más allá de la reputación de la CBS y del afán que pueda tener para congraciarse ahora con la Casa Blanca, se pueden tener preocupaciones fundadas sobre los efectos intimidatorios que este episodio pueda acarrearle al periodismo de investigación en Estados Unidos.

   Desde luego, es indispensable verificar la autenticidad de las fuentes y tomar a las filtraciones anónimas como indicio para profundizar en la investigación periodística y no como informaciones que valgan por sí solas. Pero en el diferendo acerca de ese reportaje, más que errores periodísticos de sus productores se pueden identificar abundantes y complejos intereses políticos.

   Después del escándalo por esa pieza televisiva será más difícil que otro grupo de periodistas se anime a cuestionar los antecedentes de un personaje político como hizo 60 Minutos con Bush. Y en las empresas mediáticas, es previsible que se impongan mayores controles no para garantizar la calidad periodística sino para evitar informaciones políticamente delicadas.

   Por lo pronto el comité Heyward y Thornburgh le recomendó a la CBS la designación de un nuevo cargo, “ejecutivo en pautas y prácticas”, que estará fuera de la estructura de producción de 60 Minutos de los miércoles y reportará directamente al presidente de la corporación. Ese funcionario revisará cualquier segmento de periodismo de investigación que incluya fuentes confidenciales o documentos recibidos de fuentes externas y tendrá facultades para vetar su transmisión.

  

Investigación en riesgo

   En el panorama de la televisión estadounidense e internacional, 60 Minutos ha sido uno de los pocos espacios –desde luego con fallas, tropiezos e insuficiencias– dedicados al periodismo de investigación. Nos referimos a indagaciones auténticas, que requieren de largos plazos de preparación y búsqueda, que amalgaman la búsqueda hemerográfica y electrónica con la entrevista en profundidad, que corroboran sus afirmaciones en varias fuentes y que requieren de una producción ambiciosa y compleja. Lamentablemente en la televisión mexicana no tenemos una sola muestra de ese periodismo, a veces por falta de recursos financieros pero sobre todo por indolencia y ausencia de interés de las televisoras.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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