Las sin permiso

La Crónica, 19 de enero de 2005

En México hay 1471 estaciones radiodifusoras que transmiten con autorización legal y aproximadamente un centenar que lo hacen sin consentimiento del gobierno federal. A esas emisoras que no han podido o no han querido recabar el permiso o la concesión oficiales, los líderes de los empresarios de la radiodifusión privada las llaman  “piratas”, el presidente Fox les ha dicho “clandestinas” y algunas de ellas se denominan a sí mismas como estaciones “libres” y, en otros casos, “comunitarias”.

   En todo el mundo el de las radiodifusoras que transmiten sin permiso es expresión a veces de búsquedas comunicacionales de carácter social y, en otras, de abusos de algunos particulares que simplemente infringen la ley. En nuestro país, se trata de un panorama con tantas complejidades que resulta excesivo –e injusto– agrupar a todas esas radiodifusoras en una misma clasificación.

   Entre tales estaciones, se encuentran las de carácter comunitario que han difundido sin autorización legal pero no por gusto sino debido a las tortuosidades impuestas por la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. No existe un instructivo que indique cómo gestionar una autorización de esa índole. Incluso, hasta hace poco tiempo la SCT exigía una fianza de un millón de pesos a los grupos interesados en tener una radiodifusora.

   Recientemente ocho de esas estaciones obtuvieron su reconocimiento legal, después de varios años de insistencia y algunos kilos de documentación que debieron llevar a la SCT. Cinco de ellas forman parte de la Asociación Mundial de Radios Comunitarias, AMARC, que ha sostenido una ejemplar insistencia por la legalización de tales emisoras.

   La AMARC entregó hace varios meses al gobierno los expedientes completos de otras cinco emisoras cuya legalización sigue pendiente. Esa Asociación representa en México a 16 radiodifusoras comunitarias.

   Además de ellas, en todo el país hay una cantidad hasta ahora indeterminada de estaciones de carácter social. Algunas están gestionando su reconocimiento legal como Radio Huayacocotla que tiene una larga y acreditada trayectoria en Chicontepec, Veracruz. Otras son de muy reciente surgimiento como radio Ra Ñomndaa’ creada por el ayuntamiento de Xochixtlahuaca, Guerrero. Hace poco, también, el EZLN anunció que instalaría estaciones de radio en los municipios ubicados en su área de influencia.

   En todo el mundo las radios comunitarias son una forma de expresión y cohesión de la sociedad y su reconocimiento constituye una tendencia que se generaliza. El año pasado en Bolivia el gobierno expidió un Decreto para la Radio Comunitaria. En Brasil, en donde algunas fuentes hablan de un millar de radiodifusoras de ese corte, el presidente Lula creó un Grupo de Trabajo Interministerial para regularizar y promover esas estaciones. También en 2004 en Chile –en donde hay 180 estaciones comunitarias con autorización legal y de cobertura limitada– la AMARC propuso revisar el marco regulatorio de la radiodifusión para responder a las preocupaciones de los empresarios que se han quejado de la proliferación de estaciones sin permiso.

   La promoción de las radios comunitarias es una de las prioridades de la UNESCO, que desde hace años difunde el manual How to do community radio. Publicado en varios idiomas, hace un par de meses apareció la versión en árabe de ese documento.

   Por otra parte, con propósitos muy diferentes a los que animan a las comunitarias, se encuentran las radios con fines de lucro y que transmiten sin autorización legal. En México el gobierno nunca ha proporcionado una relación completa de esas estaciones. En marzo de 2004 la revista etcétera publicó datos de algunas de ellas. Cool FM en Chalco, por ejemplo, recibía publicidad no solo de firmas comerciales sino incluso del gobierno del Estado de México.  

   Confundir a las estaciones comunitarias que no tienen permiso legal porque el gobierno se los ha regateado con las emisoras comerciales que no tramitan autorización alguna para lucrar fuera de la ley, sería un despropósito. Sin embargo con frecuencia la Cámara de la Industria de la Radio y la Televisión se ha referido, sin distinciones, a unas y otras. No lo hace por ignorancia sino por mala fe. Para algunos empresarios de ese gremio la acometida contra las radios comunitarias se convirtió en causa y obsesión –especialmente cuando al frente de la CIRT estuvo Jorge Mendoza, vicepresidente de Televisión Azteca–.

   La distorsionada y esquemática visión que los radiodifusores han querido propagar acerca de las radios sin permiso convenció en mayo pasado al presidente Fox que en un congreso del sindicato de la radio y la televisión, en Culiacán, dijo que el gobierno cerraría un centenar de estaciones “clandestinas”.

   Ese término además de impreciso (porque resulta imposible difundir señales de radio sin que las autoridades puedan determinar en dónde se originan) pudo tener implicaciones persecutorias. Pero gracias a la insistencia de las radiodifusoras comunitarias más responsables el gobierno otorgó algunas autorizaciones. De esa manera se demostró que, entre las que han difundido sin permiso, hay emisoras con pleno derecho al reconocimiento legal.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

–0–

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s