La escuelita de los radiodifusores

La Crónica,  14  y 15 de febrero de 2005

Al final tuvieron que discutir e incluso aventurar algunos compromisos. Pero durante varias horas, la noche del miércoles pasado, los empresarios de la radiodifusión fueron dueños de la sesión a la que habían sido convocados por tres comisiones del Senado de la República.

   En vez de invitados, los directivos de la Cámara de la Industria de Radio y Televisión se comportaron como si fuesen los propietarios de la agenda, el contenido, la organización e incluso las reglas de ese encuentro con los senadores.

   El complaciente comportamiento de algunos legisladores –comenzando por el presidente de la Comisión de Comunicaciones y Transportes, Héctor Osuna Jaime, que parecía tener un extraordinario interés para congraciarse con los representantes de las televisoras y radiodifusoras– los llevó a resolver que la sesión sería únicamente para escuchar las posiciones de los empresarios acerca del proyecto de nueva ley de radio y televisión que se discute en esa Cámara. No habría intercambio de opiniones.

   Sin embargo, al cabo de cinco horas algunos de los senadores más interesados en la deliberación para perfeccionar esa propuesta y no solamente en una sesión ritual consiguieron que los herméticos dirigentes empresariales entraran a la discusión.

   Antes de ese momento los dirigentes de la CIRT habían tratado como párvulos a los legisladores. Durante más de dos horas les propinaron una presentación audiovisual repleta de lugares comunes y generalidades acerca del funcionamiento las empresas que representan.

   Esa exhibición pretendía demostrar que la radiodifusión se sostiene actualmente en una sofisticación tecnológica tan compleja que más vale no legislar acerca de ella para no detener el avance de las comunicaciones.

   El otro propósito era lucir una imagen constructiva y amable de la industria de la radiodifusión como bienhechora de la sociedad mexicana. Se habló de teletones, campañas sociales y acciones caritativas. Lo que no se explicó es por qué esa industria tiene necesidad de tales acciones para lavarse la cara delante de una sociedad a la que cotidianamente endilgan contenidos de tan mala calidad. Tampoco recordaron las deducciones de impuestos ni las ganancias por venta de publicidad que logran con algunas de esas piadosas campañas.

   Los senadores escucharon una larga disertación sobre la historia de la radiodifusión en México, la paulatina incorporación de distintas tecnologías, el tránsito a los formatos digitales, el desarrollo reciente de nuevos protocolos y la imbricación de soportes distintos para la conducción de mensajes.

   Más allá de algunas peculiaridades técnicas, ninguno de esos datos les resultaba novedoso a la mayoría de los integrantes de las comisiones de Gobernación, Estudios Legislativos y Comunicaciones que durante más de dos años han estudiado la situación de los medios y sus opciones de expansión tecnológica.

   La explicación que ofrecieron los radiodifusores estaba repleta de convencionalismos que conoce casi cualquier muchacho de secundaria familiarizado con las nuevas tecnologías. El video que llevaron al Senado era tan poco profesional y la narración tenía tantos errores de sintaxis que sin duda hubiera sido rechazado de haber sido presentado por algún estudiante de comunicación en una universidad en donde esa disciplina se enseñe con seriedad.

   Allí se escucharon simplezas como estas: “Es bien sabido que los sistemas de telecomunicación son un poderoso factor de transformación social. Dimensionados oportunamente y aprovechados con inteligencia, han demostrado, una y otra vez, ser generadores principalísimos de progreso y bienestar”.

   Claro que los medios de comunicación tienen una importancia insoslayable en la vida contemporánea. Precisamente por eso es necesario que estén regulados por un marco jurídico actual, equitativo y capaz de acotar en beneficio de la sociedad la enorme capacidad de propagación y persuasión que tienen. Y, por cierto, en ninguna circunstancia los medios logran por sí solos el bienestar ni el progreso de una sociedad.

   Pero no eran esas las conclusiones que buscaban recalcar los directivos de la CIRT. Lo que quisieron hacer fue jactarse del poder mediático que controlan y, de paso, advertir a los senadores que no les permitirán una legislación distinta a la que conviene a sus intereses mercantiles y políticos.

   La condescendencia de los senadores era tal que a diferencia de otras audiencias en las que a los invitados solamente se les ofreció la palabra durante cinco minutos, en esta ocasión las exposiciones fueron de extensión mucho mayor.

   19 directivos y asesores de la CIRT hablaron de sendos temas, siempre tomando como referencia la iniciativa de ley. A todos ellos les daba la palabra Alejandro García Gamboa, presidente de esa Cámara –como si la reunión la presidiera él y no uno de los senadores anfitriones–.

   En varias de esas intervenciones, los directivos de la CIRT manipularon los textos de varios documentos internacionales para hacer creer que la iniciativa de ley es contradictoria con las tendencias mundiales en materia de regulación para los medios.

CIRT, mentiras y omisiones

La asistencia de los directivos de los radiodifusores privados a la audiencia del miércoles pasado en el Senado para discutir la iniciativa de ley destinada a esa industria fue, como algunos legisladores subrayaron, histórica. Nunca antes los representantes empresariales de la televisión y la radio habían aceptado las reiteradas invitaciones que las cámaras legislativas les habían formulado con el propósito de discutir esa reforma. Pero hay quienes hacen historia apostando hacia el porvenir y otros que mantienen la mirada y los intereses anclados en el pasado.

   En diversas ocasiones los asientos reservados a los dirigentes de la Cámara Nacional de la Industria de la Radiodifusión habían quedado vacíos. Quizá por eso el miércoles 9, emplazados por las tres subcomisiones senatoriales que examinan la propuesta de nueva ley de Radio y Televisión, los dirigentes de la CIRT acudieron de manera casi tumultuaria. Una veintena de ellos tomó la palabra. No querían estar ausentes porque nunca como ahora la necesidad de una reforma legal para los medios ha sido reconocida de manera tan amplia en la sociedad mexicana.

   Hasta hace seis días había quienes consideraban que el Congreso no podía legislar sobre la radiodifusión sin conocer los puntos de vista de esos empresarios. Ahora que los escucharon de viva voz, los senadores han dejado de tener esa limitación.

   Los legisladores habrán tomado nota de la actitud prepotente, casi insultante en ocasiones, con que se dirigieron a ellos algunos de esos directivos empresariales. Además de la retahíla de obviedades que les dispensaron durante varias horas y que se comentaba ayer en esta columna, hubo comprobable mala fe en las exposiciones de algunos representantes de la CIRT.

   Emilio Nassar, ex presidente de ese gremio, aseguró que la iniciativa de ley elaborada en el Senado va a contracorriente de las tendencias internacionales en materia de radiodifusión. Citó la Directiva 2001/21/CE del Parlamento Europeo del 7 de marzo de 2002 para sostener que en la Unión Europea se está promoviendo la creación de un solo organismo regulador para todas las telecomunicaciones (incluyendo radiodifusión y telefonía) en lugar de dos como sugiere la propuesta de varios senadores. Sin embargo ese documento reconoce que en cada país, la reglamentación estará a cargo de “el organismo u organismos” que existan.

   El mismo Nassar dijo que la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información que se realizó en Ginebra en diciembre de 2003 aprobó orientaciones distintas a las que impulsa la iniciativa que se encuentra en el Senado. Sostuvo, por ejemplo, que “el texto no reconoce la existencia, ni propone la creación de medios de comunicación comunitarios”. Pero soslayó el apartado del Plan de Acción de la Cumbre de Ginebra en donde se acuerda: “Apoyar los medios de comunicación basados en las comunidades locales”.

   Ese documento, que la CIRT ha traído a la discusión sobre el marco jurídico de dicha industria, considera que es preciso: “Fomentar la formulación de legislaciones nacionales que garanticen la independencia y pluralidad de los medios de comunicación”.

   Las resoluciones de Ginebra instruyen también a los Estados a fin de: “Tomar medidas apropiadas, compatibles con la libertad de expresión, para combatir los contenidos ilícitos y perjudiciales en los medios de comunicación”.

   La iniciativa pretende, de acuerdo con la tendencia internacional avalada en foros como el de Ginebra, que haya mecanismos legales capaces de acotar el poder desmedido de las empresas de comunicación y propiciar la diversidad de contenidos y emisores.

   Sin embargo los dirigentes de la CIRT citan esos y otros documentos de manera parcial, a su antojo y conveniencia. Otros radiodifusores menos letrados como el vicepresidente de Televisión Azteca Jorge Mendoza, simplemente trataron de amedrentar a los senadores. Manuel Bartlett y Javier Corral, entre otros, le dieron contundentes y puntillosas respuestas.

   A esos radiodifusores les interesa tan poco el examen con seriedad de las propuestas legislativas que en sus medios de comunicación no se dijo casi nada –o nada, de plano– de la sesión del miércoles en el Senado.

   En esa reunión, a pesar de los recursos audiovisuales y los extensos discursos que llevaron, los radiodifusores demostraron que ignoran –o no quieren admitir– muchas cosas acerca de su propia industria. Tanto el presidente de la CIRT Alejandro García Gamboa como su asesor Javier Tejado, negaron que en algunos medios electrónicos las tarifas de publicidad política sean distintas para cada partido. En varias investigaciones periodísticas –una de ellas la publicó en julio pasado la revista Proceso– se ha demostrado que no ha sido así. Hay partidos, como el PRI, que han resultado especialmente beneficiados con descuentos de televisoras y radiodifusoras cuando contratan propaganda política. Esa práctica contraviene la equidad en la competencia electoral.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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