Ética de telenovela

La Crónica, febrero 28 de 2005

No deja de ser noticia la nueva definición que Televisión Azteca se quiere aplicar a sí misma. La empresa que en diciembre de 2002 contrató a un grupo de pistoleros y los envió a que asaltaran la antena del Canal 40, ahora considera que “la televisión puede contribuir a elevar el nivel cultural de la población y reforzar sus valores éticos”.

   Los directivos de Azteca suponen que la gente no tiene memoria, o creen que hay ciudadanos que solamente dependen de los programas de esa empresa para informarse de lo que ocurre en el país. Solamente así se puede entender la desfachatez con que pretenden arroparse en una ética que no se conoce en su trayectoria reciente ni en sus programas emblemáticos.

   Con esa actitud y como parte de una operación para lavarse la pésima fama que ha cultivado en los años recientes, Azteca ha convocado a un concurso de “Guión de telenovela con valores”.

   En una exposición de motivos que suscita hilaridad pero que además resulta emblemática del descaro de quienes conducen a esa emisora, se dice: “nos hemos propuesto producir telenovelas cuyo contenido –respetando el género melodramático y orientado al entretenimiento– proponga paradigmas éticos que fortalezcan los valores propios de nuestra sociedad: familia, honestidad, esfuerzo, generosidad, pasión, respeto y tolerancia, libertad, confianza, aprendizaje, el respeto por el entorno, conciencia ecológica y amor por la patria”.

   Hay que celebrar el compromiso de Azteca con esos principios –descontando, eso sí, el hecho de que la familia es un concepto, o una forma de organización en la sociedad, pero no un “valor”–. Pero no hay motivos para creerle a esa empresa. La programación de los canales 7 y 13 sigue repleta de contenidos cotidianamente atentatorios contra la dignidad, la inteligencia y el buen gusto.

   En las barras de programación de esas dos cadenas nacionales se mantienen series de comicidad rudimentaria y pedestre, concursos sustentados en la degradación de los competidores, series que se burlan de la gente sorprendida en situaciones incómodas, espacios dedicados al entremetimiento en la vida privada de personajes públicos, noticieros que ofrecen estruendo antes que información. Varias horas al día, además, Azteca utiliza las frecuencias que tiene concesionadas para difundir extensos anuncios de productos hipotéticamente curativos cuya sola transmisión constituye un engaño a la gente.

   Los programas de Televisa no son sustancialmente mejores. Pero al menos, hasta ahora, esa empresa no pretende legitimarse reivindicando propósitos que jamás ha cumplido. Para darse un baño de pretendido altruismo Televisa promueve cada diciembre el Teletón –aunque, por cierto, nunca se han conocido cuentas claras sobre los ingresos publicitarios que alcanza esa empresa cada vez que difunde dicho maratón que busca fondos con buenos propósitos pero factura anuncios con los mismos fines mercantiles de siempre–.

   ¿Cómo, con esa programación, Azteca quiere convencer a los mexicanos de que está promoviendo una televisión sustentada en valores éticos? Al mismo tiempo que su propietario, Ricardo Salinas Pliego, enfrenta acusaciones de las autoridades financieras en Estados Unidos por manejos inadecuados en las empresas de su propiedad que cotizan en el mercado bursátil de aquel país, Televisión Azteca habla de honestidad, respeto y confianza.

   Son aspiraciones que a esa empresa le quedan grandes. Pero son, desde luego, arquetipos que siempre es deseable que existan lo mismo en los medios de comunicación que en otros espacios de la sociedad.

   Sin embargo algunos de esos valores Televisión Azteca, igual que otras empresas de radiodifusión, los ha impugnado en el proyecto de ley de radio y televisión que se discute en el Senado.

   El artículo 5 de ese proyecto establece que los radiodifusores, para cumplir con la función social de tales medios, deberán respetar los derechos humanos y la dignidad de las personas; respetar la libertad de expresión y el derecho a la información; promover un diálogo social amplio y plural no excluyente ni discriminatorio; contribuir al fortalecimiento de la integración nacional y a la preservación y reconocimiento de la composición pluricultural de la Nación; coadyuvar al desarrollo cultural y educativo de las personas; promover el desarrollo integral de la niñez y la juventud; contribuir al fortalecimiento y uso apropiado de las lenguas nacionales y el uso, respeto y conocimiento de las lenguas indígenas; contribuir al fortalecimiento de una cultura ecológica que fomente el desarrollo sustentable; estimular la protección del derecho a la salud y contribuir al esparcimiento y la recreación de la sociedad.

   Televisión Azteca dice que quiere difundir algunos de esos valores en sus telenovelas, pero se opone a que estén señalados en la Ley Federal de Radio y Televisión. Según se puede apreciar, para esa televisora la honestidad, el respeto, la libertad y otros atributos son, solamente, asuntos de telenovela.

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