El hombre de TV Azteca en Los Pinos

El Correo de Guanajuato y otros diarios, 24 de junio de 2005

Desde hace años la dualidad de intereses de Ernesto Vidal Córdova, funcionario de alto nivel en la Coordinación General de Comunicación Social en Los Pinos, significaba un conflicto político, ético y profesional. Pero si las revelaciones que este jueves publicó Reforma sobre presuntos pagos de Televisión Azteca a ese funcionario son ciertas, quizá también estaríamos ante un problema de carácter legal.

   Las capacidades profesionales de ese funcionario, que ha informado que es licenciado en Derecho y tiene un diplomado en Mercadotecnia Política, debe ser altas porque, sucesivamente, el gobierno federal y la mencionada televisora han disputado sus servicios.

   Vidal era funcionario de rango medio en la administración pública –estuvo en la Secretaría de Turismo y el antiguo Departamento del Distrito Federal– cuando en 1994, poco después de la privatización de esa televisora, fue llamado a TV Azteca como Director General de Relaciones Institucionales. Aunque no era el único ejecutivo de esa empresa que provenía de la burocracia del Estado, a Vidal le correspondía encargarse del trato con las dependencias gubernamentales que desde entonces eran interesante fuente de publicidad pero también de recíprocos apoyos políticos.

   Allí estuvo hasta que, al parecer, sus jefes en TV Azteca lo recomendaron con la señora Marta Sahagún para respaldarla en la comunicación social de la Presidencia a partir de diciembre de 2000. Significativamente el cargo de Vidal era idéntico al que había tenido en aquella empresa: Director de Relaciones Institucionales. Ahora los interlocutores que debía buscar no estaban en el flanco gubernamental sino entre los industriales de la comunicación.

   Cuando la señora Sahagún contrae matrimonio con el presidente Vicente Fox y deja de ocuparse de la comunicación de Los Pinos, Vidal aprovecha para marcharse de la administración pública. Hijo por lo visto pródigo, regresa a Televisión Azteca en agosto de 2001. Su desempeño allí se identificó de manera tan estrecha con los intereses de la televisora que esa empresa lo promueve, además, como vicepresidente de la Cámara Nacional de la Industria de Radio y Televisión.

   Dos años más tarde, en agosto de 2003, Vidal es requerido nuevamente en Los Pinos como coordinador de Radio y Televisión. Para entonces, el hecho de que el responsable de esa área de la política de difusión presidencial hubiera trabajado en una empresa del mismo sector ya constituía una situación –por decirlo de alguna manera– heterodoxa pero a la que solo podía denominarse de una manera: se llamaba conflicto de intereses.

   No ha sido el único. Ignorando las diferencias de circunstancias y atributos que hay y se requieren en la empresa privada y la administración pública, el gobierno actual ha sido afecto a colocar en posiciones relevantes a antiguos empleados del mundo de los negocios. Javier Usabiaga, viejo empresario agrícola al frente de la Secretaría de Agricultura y Fernando Canales, ex empresario regiomontano ahora al frente de la Secretaría de Economía, son solamente dos de esos casos.

   En esa lógica la designación de Vidal, hombre de la televisión privada llevado a la comunicación del gobierno, formó parte de una costumbre que sin embargo ha tenido fracasos estruendosos. El más vistoso de ellos es el empresario que se encuentra hoy a cargo de la Presidencia de la República.

   La influencia de Vidal en los conciliábulos de la casa presidencial ha sido tan persistente que cuando en julio del año pasado la Coordinación de Comunicación Social fue ocupada por Rubén Aguilar Valenzuela, el actual vocero, aquel funcionario fue mantenido en la estructura de Los Pinos con el incierto título de Jefe de Unidad.

   El afecto que le tiene es tan escaso que este jueves por la mañana, cuando un periodista le preguntó por la nota de Reforma que denuncia un cuantioso pago que Televisión Azteca le habría hecho a Ernesto Vidal, Aguilar no hizo intento alguno para defenderlo e informó que el asunto será investigado.

   Tiene que serlo. El mencionado diario asegura que el año pasado Vidal recibió en Televisión Azteca pagos por más de un millón de pesos. El dato que publica Reforma es así de vago pero también así de tremendo. Durante todo 2004 Vidal fue alto funcionario en Presidencia y no habría justificación para que recibiera dinero en una empresa privada, por mucho afecto que le tengan en ella.

   Según Reforma la información proviene de la declaración de impuestos del propio Vidal. Y allí es en donde el asunto se vuelve más tortuoso. Las declaraciones fiscales son confidenciales. Su divulgación sin orden judicial solamente podría explicarse como resultado de una filtración interesada en causarle problemas al funcionario así involucrado.

   Si Vidal recibió ese dinero tendría que ofrecer explicaciones muy puntuales. Es difícil suponer que hubiera tenido un origen ilícito porque nadie consigna en su declaración fiscal un dinero mal habido (por el cual, además, hay que pagar impuestos). Pero no dejaría de ser un ingreso anómalo. La irregularidad mayor, en todo caso, ha sido la presencia de un hombre de TV Azteca en posiciones clave de la comunicación del gobierno.

   La Iglesia, diríase, en manos de Lutero. Lo que pasa es que en estos tiempos las diferencias entre los templos de la mediocracia que son las corporaciones televisivas y el interés del gobierno se han difuminado tanto que, incluso, intercambian, trasladan, gratifican y reubican a sus personeros como parte de un mismo proyecto.

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