El Canal 40

La Crónica y otros diarios, , 8 de junio de 2005

Hoy que cumple 20 días, la huelga en el Canal 40 sigue con perspectivas tan escasas como cuando comenzó. A los trabajadores de CNI, concesionaria de esa frecuencia, no les quedó más remedio que ampararse en el sindicato de la radiodifusión del cual forman parte y desplegar las banderas rojinegras cuando el atraso en sus salarios era de varios meses y no veían perspectivas mejores.

   La huelga parecía tan inevitable que todos en el Canal 40 hablaban de ella desde semanas o meses antes. Nadie, por cierto, lo hacía con gusto. Ese se veía como el desenlace indeseable de una situación crítica que se extendió por varios años, en el transcurso de los cuales empresa y trabajadores batallaron juntos no solo para defender una fuente laboral sino, junto con ello, una idea distinta de hacer televisión.

   Nadie podrá decir que los trabajadores del Canal 40, a menudo literalmente brazo a brazo con sus directivos, no se esforzaron por mantener abierta la empresa a pesar de vicisitudes financieras, legales, políticas e incluso en contra de amenazas y chantajes.

   Muchos de los trabajadores que ahora están en huelga son aquellos que, en diciembre de 2002, encontraron suspendida la señal del 40 cuando un comando armado asaltó la antena en el Cerro del Chiquihuite. Esa acción, ordenada por Ricardo Salinas Pliego el dueño de Televisión Azteca, fue un abierto desafío a la legalidad y a la capacidad del gobierno para hacerla respetar.

   Como parte de esa provocación Televisión Azteca ofreció contratar a los trabajadores que desertaran del Canal 40. Prácticamente ninguno aceptó la oferta.

   Las condiciones para hacer televisión en esa emisora fueron de peor en peor. No había recursos para los insumos más elementales pero el canal se sostenía con la confianza de sus trabajadores. que siempre fue su patrimonio más valioso. Esos trabajadores que hace dos años y medio desdeñaron el chantaje de Salinas Pliego, que durante largo tiempo se afanaron en condiciones muy difíciles y que resistieron pagos escasos y demoras frecuentes en la entrega de sus salarios, finalmente llegaron a la huelga.

   No se les puede culpar, aunque los más lúcidos entre ellos desde el primer día sin señal al aire reconocieron que, para cualquier efecto, el Canal 40 tal y como lo hemos conocido había desaparecido.

   Muchos de sus televidentes no hemos querido darnos cuenta. El vacío que encontramos todas las noches cuando no se difunde el noticiero de Ciro Gómez Leyva no lo hemos querido sustituir. De cuando en cuando, supersticiosamente, volvemos a sintonizar el 40 solo para encontrar el mensaje que anuncia la suspensión de transmisiones.

   La ausencia del 40 significa la inexistencia, mientras tanto, de la perspectiva profesional y fresca –y sobre todo, diferente– en su cobertura noticiosa. Esa opción, ahora fuera del alcance de los espectadores, se ganó por méritos propios un sitio singular en el panorama de la televisión mexicana.

   Desde luego el Canal 40 no se ve en todo el país. Su señal abierta ha estado limitada al Valle de México. Pero en algunas ciudades era tomada por sistemas de cable a incluso en algún momento el noticiero, que constituyó su oferta principal y a veces prácticamente única, fue difundido en canales abiertos fuera del Distrito Federal.

   Las limitaciones en su cobertura hicieron más meritorio el trabajo del Canal 40. Con presupuestos infinitamente menores a los que se derrochan en las grandes cadenas nacionales esa emisora presentaba enfoques imaginativos, y entonces singulares, de la actualidad noticiosa.

   En numerosas ocasiones durante los años recientes una entrevista, un reportaje o alguna nota informativa del 40 alcanzaron tal trascendencia que fueron comentados en muchos otros medios en todo el país. De tal forma las restricciones en el alcance de su señal no siempre evitaron que los contenidos del 40 fueran conocidos en otros sitios del país.

   Por eso la ausencia del 40 resulta más sensible. Junto con el mencionado noticiero esa frecuencia ofrecía programas de discusión y análisis como los que condujeron Denise Maerker, Raúl Cremoux y, por poco tiempo, el recientemente fallecido Adolfo Aguilar Zínser. Por largo tiempo esa fue la casa televisiva de Víctor Trujillo –el creador del discutible pero llamativo “Brozo” que nació precisamente en esa televisora– y de periodistas como Jorge Fernández Menéndez. Libertad y creatividad fueron recursos frecuentes para mantener al aire esa frecuencia que finalmente ha quedado suspendida.

   Ayer en una conferencia en la UNAM el sociólogo Alain Touraine decía que “la democracia supone la existencia de un espacio público en donde la sociedad pueda debatir, proponer y resolver”. En México, el Canal 40 y sus trabajadores indudablemente contribuyeron a la construcción de ese espacio público. Por eso, entre otros motivos, se les extraña.

 Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

–0–

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s