Medios públicos

La Crónica, 20 de septiembre de 2004

Abusos, prepotencia y acaparamiento del espectro radioeléctrico por parte de los medios privados definen hoy en día el panorama comunicacional mexicano. Aunque insistentemente reiterada, la queja social ante el comportamiento y los privilegios de los grandes medios sigue suscitando en el poder político una actitud que linda entre la impotencia y el cinismo. Apenas ayer la revista Proceso denuncia en su portada: “Televisión. Botín compartido”, para anunciar un informe del especialista Jenaro Villamil sobre las prerrogativas que, a pesar de sus frecuentes excesos, disfrutan Televisa y TV Azteca.

   La sostenida insistencia para que sean actualizadas las leyes que regulan a la radio y la televisión –que mantienen un régimen de concentración inusitado si se le compara con el estado de los medios en el resto del mundo– ha seguido tropezando con el temor de legisladores, partidos y gobierno. Ese rezago constituye el mayor obstáculo para que se pueda considerar que hay democracia en nuestro país y sigue siendo asignatura pendiente e inocultable. Mientras tanto, los recursos que permiten refrenar aunque sea precariamente los excesos de las mafias mediáticas son la observación crítica por parte de la sociedad y el desarrollo de los medios públicos.

   A esos medios no hay que confundirlos con los de carácter gubernamental o estatal. Aunque suelen estar respaldados con financiamiento de origen fiscal, los medios auténticamente públicos son aquellos que cuentan con autonomía respecto de las instituciones del Estado y los gobiernos en turno y que tienen  mecanismos organizativos que los vinculan con la sociedad.    

   Esa concepción avanzada y cada vez más vigente de medios públicos se ha desarrollado con éxito –aunque no sin dificultades– lo mismo en Europa que en países más cercanos como Estados Unidos. Tanto la BBC británica como la PBS estadounidense, que representan dos formas muy distintas de medios públicos, tienen amplio respaldo entre sus audiencias.

   En distintos sitios del mundo, además, los medios públicos son víctimas de una injusta persecución por parte de los grandes consorcios de la comunicación comercial que se resisten a compartir con ellos el mercado de las audiencias –o que se niegan a que sus públicos disfruten de las opciones creativas y diversas, sustentadas en propósitos no mercantiles, que puede ofrecer la comunicación pública­–.

   En México el debate sobre los medios públicos ha sido escaso y esporádico. Por eso tendrá especial repercusión el congreso “Democracia y medios públicos” que organiza la Red Nacional de Radiodifusoras y Televisoras Educativas y Culturales con apoyo de la Unesco y la Fundación Adenauer. Aunque en la organización de ese encuentro participan de manera importante el Canal 11 y el Instituto Mexicano de la Radio, no puede decirse que sus propósitos estén matizados por anteojeras gobiernistas.

   El documento básico del Congreso considera que sin medios a los que tengan acceso los ciudadanos la democracia será incompleta. Por ello, “este Congreso Internacional  tiene como línea temática central la discusión sobre el perfil de los medios de servicio público en el marco de la  transición democrática  en México”.

   Ese texto se refiere a los medios permisionados –que suelen ser de propiedad gubernamental, o de instituciones educativas– en un diagnóstico preciso y contundente: “Hoy día el país cuenta con medios permisionados  donde no existen mecanismos legales que garanticen la participación de otros sectores del espacio de lo público; ni, menos aún, de las expresiones de la sociedad civil en la confección y diseño de programas, tendencias y propósitos. Eso no sucede donde existen sociedades democráticas”. 

   Y en una crítica a la desidia de gobierno y legisladores para apuntalar medios auténticamente públicos, los organizadores del encuentro recuerdan: “frente al derecho a la cultura la actitud de los poderes públicos ya no puede ser de indiferencia sino que debe asumir una posición de responsabilidad social creando las condiciones que aseguren su efectivo ejercicio”.

   No se pretende que el Estado acapare a esos medios. Al contrario: “queremos decir que el Estado, sin desentenderse de su obligación para con la sociedad, genere mecanismos amplios y plurales que permitan que los medios sean cada vez más plurales y en consecuencia legítimos”.

   El Congreso se efectuará del martes al jueves de esta semana, por las mañanas, en el auditorio del Museo Nacional de Antropología. El solo anuncio de esas reuniones motivó inconformidades entre algunos de los dueños de los medios privados que, incluso, quisieron presionar al gobierno federal para que desalentara su realización. De esas dimensiones es la intolerancia de quienes encabezan a los medios privados.

   Es altamente posible que, con la misma intolerancia, distintos medios privados quieran ignorar el Congreso y rehusarse a difundir la exposición de ideas que allí ocurrirá. El boicot de los medios privados no hará mas que subrayar la importancia que tienen los medios públicos.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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