Más que entretenimiento

La Crónica, 7 de abril de 2004

Los atentados del 11 de marzo en Madrid recordaron la saña sin límites del terrorismo. Sin más códigos que los que reconoce su fanatismo, los asesinos de Atocha actuaron con la premeditación y la ventaja que distinguen a los peores crímenes. El sábado pasado ese mismo fanatismo llevó a seis de los asesinos a suicidarse, antes que enfrentar a la justicia, cuando la policía española estaba a punto de atraparlos.

   La respuesta ciudadana al 11 de marzo contribuyó a modificar el panorama político español. Para el mundo, fueron un recordatorio de la presencia siempre amenazante del terrorismo de coartada islámica.

   En el campo de la comunicación, más allá de las implicaciones geopolíticas pero no a pesar de ellas, el crimen del 11-M suscitó una reacción crítica, masiva y aleccionadora. La sociedad española, con todo y el luto que cargaba a cuestas, exigió explicaciones sobre la índole de los atentados. En ese proceso el gobierno del Partido Popular, presidido por José María Aznar, fue exhibido cuando se advirtieron las distorsiones informativas que propagaba.

   La tarde del sábado 13 de marzo –víspera de las elecciones— centenares de madrileños se congregaron frente a las oficinas del Partido Popular para requerir explicaciones por la tergiversación de las noticias acerca del grupo responsable de la matanza. El gobierno insistía en culpar al grupo terrorista ETA pero cada vez había más indicios de que los asesinos eran del grupo Al Qaeda.

   La convocatoria a ese encuentro corrió por los sistemas de mensajería electrónica y los teléfonos celulares: “Todos frente al PP a las 18 horas. Por la verdad. Pásalo”. En un análisis de ese episodio el profesor Roberto Aparici, de la Universidad Nacional de Educación a Distancia en Madrid, considera que al responder a esa carencia de información los españoles protagonizaron una experiencia de educación para los medios. “No había ninguna consigna política –precisa–. Una solo voz nos unía: ‘Queremos saber toda la verdad’”.

   “Otros mensajes también comenzaron a difundirse a través de los celulares y daban cuenta, por ejemplo, de la información que transmitían algunos medios extranjeros sobre lo que estaba ocurriendo en España. El móvil nos estaba sirviendo no sólo para organizarnos sino también para saber qué estaba ocurriendo en nuestro propio país.  Y también recibíamos llamadas de amigos y familiares que estaban en otras ciudades europeas para informarnos puntualmente sobre lo que no se informaba desde Presidencia de Gobierno”. La televisión española no mencionaba la concentración frente al PP. Sin embargo la gente se enteraba gracias a CNN y a otras televisoras extranjeras.

   Al comienzo fuimos 200, después 400, luego 700 hasta llegar a  ser entre 8 y 10 mil personas sin contar la gente que llegaba hasta allí, se quedaba un rato para testimoniar su solidaridad y se marchaba. En otras ciudades ocurrió lo mismo: caceroladas en Barcelona, manifestaciones en Gijón, Santiago de Compostela, etc”, prosigue el profesor de la UNED. La gente llevaba pancartas con lemas como “Basta de manipulación informativa”.

   De cuando en cuando la televisión local ofrecía avances noticiosos pero muy parciales. “Lo que verdaderamente estaban haciendo era  fragmentar el acontecimiento para seguir manteniendo en una situación dilemática  al conjunto de la sociedad española”, dice el autor que estamos citando. Solo hasta las 2.30 de la madrugada del domingo 14, cuando todos los diarios habían cerrado sus ediciones, se informó que los atentados eran culpa de Al Qaeda.

   En esos días, explica Aparici, muchos españoles actuaron de acuerdo con las pautas de lo que en algunos circuitos académicos se denomina Media Education, educación para los medios. “Desde este acontecimiento, millones de personas en España  comienzan a pensar que la televisión es mucho más que entretenimiento o información. Consideramos que es necesaria la libertad de expresión y la transparencia informativa, sea pequeña o grande la noticia”. Esa experiencia indica que, en situaciones límite, los ciudadanos rechazan la agenda que los grandes medios quieren imponerles.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s