Los partidos como clientes

La Crónica, 2 de abril de 2004

La enorme capacidad de propagación que tienen los mensajes mediáticos, la atención cotidiana que les brindan los ciudadanos y la ausencia de contrapesos eficaces a la desmedida influencia de las empresas de comunicación, han tenido como consecuencia un realineamiento de las fuerzas reales y formales en el entramado político mexicano.

   El poder político formal se ha allanado a la potestad de los medios. El gobierno, en especial durante la administración del presidente Vicente Fox, ha querido encontrar tantas complicidades con las empresas de radiodifusión que ha terminado admitiendo, como propios, sus intereses y prioridades. Los legisladores se han resistido a actualizar el marco jurídico de la televisión y la radio por temor a desatar el disgusto de los propietarios de tales medios, que se benefician con el atraso de ese régimen legal. Los partidos temen exigir rectificaciones cuando se tergiversa la información acerca de sus actividades o dirigentes. La mediocracia, como le hemos denominado en otro sitio, ha doblegado a las fuerzas políticas y a las instituciones más significativas de nuestro país.

   Los partidos y la política en general más que en fuente de información se están convirtiendo, para los medios, en clientes importantes. Del presupuesto de los partidos, que en México se nutre fundamentalmente con recursos fiscales, un porcentaje cada vez mayor se destina a comprar publicidad política en medios, especialmente en la televisión y la radio. En 2003, cuando hubo elecciones federales intermedias, de aproximadamente 5 mil millones de pesos de los que dispondrían los partidos, se estimaba que más del 60% sería destinado a esos gastos.

   Solo hasta que, en el transcurso de este 2004, los partidos hayan informado al Instituto Federal Electoral el detalle de sus gastos de campaña, se conocerá con precisión el monto que tuvo en esas elecciones la compra de publicidad política. Muy posiblemente se confirmará la tendencia ascendente que esa partida tiene en sus contabilidades. Gracias a una investigación del especialista Luis Emilio Giménez Cacho (“La hora de las cuentas. Para saber cómo gastan los partidos” en el número 12-13 de la revista Configuraciones) se ha podido documentar ese incremento. De allí tomamos, o calculamos, los datos siguientes.

   El Partido Acción Nacional, que en 1994 destinó a la compra de espacios en los medios el 30.2% de su presupuesto, llevó hasta el 65.1% ese gasto en 1997 y lo redujo a 52.5% en 2000. El PRI gastó en publicidad mediática, en esos años de elecciones, respectivamente, 14.6%, 59.4% y 63.5% de todos sus recursos financieros.

   Esos datos registran los gastos documentados oficialmente. La disposición de recursos no legales, que tanto el PRI como el PAN obtuvieron para la campaña presidencial de 2000 y que les merecieron fuertes sanciones impuestas por la autoridad electoral, no está incluida en esas contabilidades. El PRD gastó en 1994 solamente el 1.2% de su presupuesto en la compra de espacios en los medios. En 1997 ese rubro ascendió al 43.2% de su presupuesto y en 2000 fue del 41.7%.

   En 2000, de acuerdo con la misma fuente y calculados en pesos de 2002, los partidos gastaron mil 314.4 millones de pesos en radio y televisión. En 1997 ese gasto, ponderado de la misma manera, había sido de mil 93 millones de pesos y en 1994 solamente de 378.2 millones de pesos.

   Los gastos oficialmente reportados en espacios de radiodifusión durante 2000 se distribuyeron de la siguiente manera. El PRI gastó 638.3 millones de pesos, el PAN aliado con el Partido Verde 394 millones de pesos y la alianza electoral encabezada por el PRD 263.5 millones de pesos.

   En 2000 el total de la publicidad privada en los medios de comunicación mexicanos fue ligeramente superior a 22 mil millones de pesos, según datos de la Cámara de la Industria de Radio y Televisión. En contraste con los más de 1300 mdp que gastaron los partidos, es posible apreciar la relevancia que la política tiene como fuente de ingresos para los medios.

    La capacidad financiera de los partidos para contratar espacios en los medios y el evidente interés de las empresas de comunicación para asegurar la facturación de publicidad política se ha convertido en un nuevo elemento, importantísimo, en la relación entre ambos interlocutores. Al mirarlos como clientes, es posible que los medios suavicen sus críticas a los partidos que consideren mejores compradores de espacios publicitarios. Pero también hay probabilidades de que, para afianzar la venta de publicidad, algunos medios acudan a recursos característicos de la vieja política mexicana.

   Sin embargo ni los partidos, ni el gobierno, quieren modificar esa relación clientelar. En las iniciativas de reforma electoral que se están discutiendo se han rehusado a considerar la prohibición para que haya publicidad electoral pagada en los medios electrónicos, como sucede en muchos países.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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