Gloria Trevi

La Crónica, 23 de septiembre de 2004

La audiencia judicial en Chihuahua llegó al momento culminante justo a tiempo para ser transmitida en los programas de televisión que se dedican al (sub) mundo del espectáculo. El juez decidió que no había elementos para considerar a Gloria Trevi culpable de los delitos de rapto y corrupción de menores que, entre otros, la tuvieron presa por casi cinco años.

   La salida del penal, horas después, ocurrió precisamente a tiempo para que la Trevi fuera entrevistada en el noticiero de López-Dóriga. La cantante no titubeó, ni dijo nada que no quisiera. Fatigada pero rozagante, parecía de regreso de una gira artística y no del melodrama en que se le convirtió la vida cuando fueron descubiertos –o confirmados quizá– los abusos que se cometían contra varias de sus coristas y asistentes.

   ¿Culpable o no? La inquietud para que la autora de La papa sin catsup confiese lo que no dijo en los autos judiciales está condenada a la inutilidad. Ni antes, ni ahora, la Trevi se ha dejado conducir por los medios. Esa enjundia forma parte de la heterodoxia que desplegó hace dos décadas, cuando el desparpajo y la antisolemnidad comenzaban a ser parte de un perfil exitoso e intenso.

   La justicia ha decidido que es inocente. Hay libros e imputaciones que dijeron lo contrario. En el balance de responsabilidades y culpas sería preciso incluir a los padres de las jovencitas que dejaron a sus hijas menores de edad prácticamente a ciegas –o deslumbrados por el oropel que les prometía la industria del espectáculo– en manos de aquellos a quienes luego acusarían de atropellarlas.

   Libre, la Trevi se dispone a exprimir la fama que incrementa a su salida del penal. Es inminente la aparición de un nuevo disco y se habla de un concierto monumental, por supuesto en el Azteca. Resuelto el escollo judicial –podría decirse en una apreciación benevolente– la vida sigue. Pero también se puede considerar que el escándalo policiaco y la estancia en la cárcel habrán terminado por servir al negocio mediático.

   El show debe continuar. Antes de la reclusión la distinguía una vehemente franqueza a prueba de convencionalismos o, en todo caso, supeditada a los cartabones que ella creaba. Con esa desenvoltura, que de nada habría servido si no hubiera estado apuntalada por una interesante chispa creativa, se dio el lujo de apartarse de Televisa cuando en ese mundillo nadie o casi nadie tenía tal osadía. Luego salió dando portazos de TV Azteca para ganarse la insidiosa e incluso persecutoria animosidad de esa empresa.

   En la Trevi asombraba, más que el ingenio, la audacia para manifestarse sin trabas. Hace 10 años Carlos Monsiváis describió esa conducta de la cantante: “Nada que no se haya dicho antes, pero nunca desde la industria del espectáculo televisivo, tan convencional y medrosa”.

   Regresó a Televisa pero no para disciplinarse sino para persistir en la construcción de una personalidad que comenzaba a ser parodia de sí misma. Las medias raídas y la greña alborotada ya no eran expresión de autenticidad sino previsible cliché. Acaso, la persecución judicial la libró de un mayor acartonamiento.

   La Trevi que acaba de salir de la cárcel ya no es la veinteañera del pelo suelto y los zapatos viejos. Ahora apareció, guapa y sonriente, en un vaporoso vestido claro que a algunos cronistas les recordó aquel atuendo que Marilyn Monroe lució en La comezón del séptimo año.

    Hace un lustro Arturo García Hernández narró en La Jornada el siguiente episodio: “En una ocasión Andrade pidió ‘autorización’ a altos directivos de la empresa para que la Trevi apareciera en pantalla con una máscara de Carlos Salinas. Eran los días en que se sucedían una tras otra las noticias en torno al ex presidente y su célebre ‘hermano incómodo’, que conmovían a la opinión pública. Se le autorizó. Total, en esos días ya cualquiera podía criticar o ridiculizar a Salinas. El encargado de la coordinación artística de XETU Remix no lo olvida: ‘Ese día oscurecimos todo el foro. Y sale Gloria con aquella máscara orejona. Sólo se veía su sombra. Dice: ‘¡Qué onda, raza!’. De pronto se ilumina el foro, Gloria se quita la máscara de Salinas y nos damos cuenta que abajo traía la del doctor Zedillo. Nos dio el infarto. Cómo escondes a la mujer cuando la tienes en medio de 12 cámaras enfocándola’. Gloria Trevi con una máscara de Ernesto Zedillo, en cadena nacional, por el canal más visto de la televisión mexicana y en horario estelar”.

   Esa es Gloria Trevi. O esa ha sido. A los 36 años que ahora tiene sale de prisión después de un proceso que la televisión no inventó pero que no habría alcanzado tal espectacularidad de no ser por la voracidad, la estridencia e incluso la rivalidad mediáticas.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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