Dólares, televisión y votos

La Crónica, 31 de octubre de 2004

Dinero y medios definen las campañas estadounidenses. No hay novedad en ello. Los poderes del dólar y la televisión imbricados, se han convertido en el motor insustituible, y desde luego interesado, de la política en ese país igual que en el resto del mundo.

   Lo que sí es novedad es la enorme cantidad de dinero y la inusitadamente intensa difusión mediática que están siendo invertidas en las campañas hacia las elecciones estadounidenses de pasado mañana.

   El Centro para una Política Responsable, ubicado en Washington, estima que este año las campañas por la presidencia y el Congreso en ese país habrán costado 3 mil 900 millones de dólares.

   Va de nuevo: 3 mil 900 millones de dólares. Eso significa, al encarecido cambio con que ayer abrió nuestra moneda, unos 45 mil 300 millones de pesos.

   Se trata del costo de todas las campañas que actualmente se desarrollan en la Unión Americana, tanto para la Casa Blanca como para renovar el Capitolio.

   El dato es útil en primer lugar para recordarlo cuando hagamos comparaciones del costo que tienen las elecciones en México y en otros sitios del mundo.

   Con frecuencia nos quedamos cortos al comparar el precio de nuestra democracia, que sin duda es financieramente alto pero que no llega a los extremos que invierten nuestros vecinos del norte.

   Y desde luego, esa cifra permite reconocer que sin política no hay dinero y que el dinero para respaldar campañas así de costosas no puede sino provenir, en lo fundamental, de las grandes corporaciones interesadas en influir en los dos partidos que disputan el poder en Estados Unidos.

 

Persuasivos dólares

   De esa cifra, alrededor del 30% está siendo gastado en las campañas por la presidencia. El mismo Centro calcula que el costo de las campañas del presidente George Bush y el senador John Kerry será de aproximadamente mil 200 millones de dólares –cerca de 14 mil millones de pesos–.

   La posibilidad de comparar esos montos con la cantidad de escuelas, medicinas o salarios que podrían pagar es tan tentadora como ociosa. Por muy alto que sea, el gasto en elecciones forma parte de prácticas y compromisos muy arraigados en el sistema político tanto de Estados Unidos como en México.

   En nuestro país, ese gasto ha crecido tanto que desde muy variadas posiciones se ha sugerido limitarlo. Como la mayor parte del costo de nuestras elecciones se gasta en la contratación de anuncios en televisión y radio, la mejor solución se encuentra en garantizar el acceso gratuito de los partidos a espacios suficientes en los medios electrónicos.

   Los estadounidenses también gastan en medios –muy especialmente la televisión– una cantidad importante del dinero del cual disponen candidatos y partidos para las campañas electorales. En total, hasta hace dos meses la campaña de Bush había recabado 338.6 millones de dólares y la de Kerry casi 312. Son dólares invertidos, de manera fundamental, para persuadir a los votantes.

   De ese dinero, la campaña del presidente para su reelección había gastado más de 222 millones de dólares. El desembolso de la campaña de Kerry era de más de 198 millones de dólares. Una estimación más actualizada de ese gasto sugería que, ya en este mes de octubre, Bush había gastado 256 y Kerry 204 millones de dólares. Esas cifras no incluyen las deudas que ambas campañas han contraído.

 

Nuevos usos mediáticos

   La televisión estadounidense está repleta de anuncios políticos. Tanto los candidatos y sus partidos, como numerosos grupos que los apoyan pero al margen de la estructura republicana y demócrata, han contribuido con abundantes mensajes a subrayar la sensación de que en estos comicios se dirime el futuro de Estados Unidos y del mundo. Sin embargo el interés de los estadounidenses por ese medio como principal fuente de información política ha venido decayendo.

   A las campañas de este año, en lo que toca al uso de los medios, las definen dos nuevas tendencias. Por una parte, cada vez son más diversos los grupos que contratan propaganda, especialmente en la televisión, para apoyar a alguna de las opciones políticas institucionales. Por otra, el peso relativo de la televisión está disminuyendo ante el crecimiento de nuevos medios como la Internet o el empleo novedoso, o más intenso, de medios convencionales como la radio.

 

ONGs multicolores

   Más que los partidos, los anuncios más numerosos y vistosos los han producido y financiado docenas de organizaciones ciudadanas metidas a promotoras de uno u otro candidato.

   A Kerry lo respaldan ONGs como la Alianza para la Justicia Económica, América Votando Junta, el Centro para el Progreso Americano, Activistas Demócratas, el Fondo para los Medios y la Red de Donantes Progresistas.

   Entre los grupos que de diversas maneras apoyan al senador demócrata se encuentran, también, Paternidad Planeada, Trabajadores del Automóvil Unidos y Moveon.org, la poderosa red de grupos y sitios en Internet cuya preocupación es impedir que Bush siga en la Casa Blanca

   Al presidente George W. Bush lo respaldan, con anuncios en los medios electrónicos y en la prensa y como puentes para recabar dinero que acaba beneficiando a su campaña, grupos como Coalición Cívica Americana, Americanos por un Mejor País, Americanos para un Gobierno Responsable, Ciudadanos Unidos, Votantes Conservadores de Colorado, Gente para una Mejor Florida y el grupo Veteranos Lancha Rápida por la Verdad que cuestiona el desempeño de Kerry durante la guerra de Vietnam.

   Bush se beneficia también del respaldo de la Asociación Nacional del Rifle y Prisioneros de Guerra por la Verdad, que patrocinan spots desbordantes de reproches a Kerry por su falta de compromiso enfático con episodios como la intervención militar en Irak.

 

Diferentes formas de miedo

   Howard Kurtz, el especialista en medios de The Washington Post, ha explicado la función política de esas organizaciones: “Con decenas de millones de dólares para gastar y mensajes que a menudo encierran un mayor puñetazo emocional que los de Bush y John F. Kerry, los grupos independientes están bombardeando las ondas radiofónicas en el trecho final de la campaña presidencial. Los grupos coaligados están diciendo cosas que los candidatos no se arriesgan a decir, conectando puntos conspiracionales, empleando más imágenes incómodas y permitiéndose una ridiculización sin límites. En una pasarela que los demócratas dominaron durante la mayor parte del año, los republicanos se han estado recuperando, aprovechando una estridente colección de temas confeccionados para diferentes temas delicados, diferentes electorados, diferentes estados y diferentes formas de miedo” (“Ads Aiming Straight for the Heart”, 27 de octubre de 2004).

   Kurtz estima que los grupos liberales han reunido, para esas producciones televisivas, más de 140 millones de dólares y los conservadores, solamente 75.

 

TV convencional, rebasada

   Los grupos de respaldo político, que asumen distintas formas institucionales de acuerdo con las prerrogativas fiscales o el compromiso partidario que declaran buscar, desde hace tiempo forman parte del panorama público en Estados Unidos. Pero quizá nunca, como ahora, están adquiriendo un protagonismo tan intenso y específico gracias, entre otros motivos, al empleo versátil que hacen de variadas formas de comunicación.

   Los especialistas Richard A. Viguerie y David Franke consideran que el auge de esos organismos como detonadores de un vehemente proceso político se origina en el desarrollo de medios de comunicación alternativos desde los años 60 y luego, ya en los 90, en la propagación de las radiodifusoras de contenido hablado y las cadenas de noticias por cable.  

   Pero no ha sido sino hasta los años recientes cuando, gracias al uso de la Internet, esos grupos han adquirido un papel central contribuyendo a establecer los temas de la agenda política, reuniendo cantidades de dinero que los partidos por sí solos no alcanzan a recabar y sobre todo influyendo en los medios (lo mismo pagando espacios de propaganda, que presionando y exigiendo para que no haya una cobertura informativa desfavorable a los candidatos con los que simpatizan).

   Este año el empleo de frecuencias televisivas muy variadas y ya no solo de las cadenas nacionales más importantes, ha indicado una diversificación tanto de los mensajes como de los destinatarios de la propaganda y el proselitismo. Además de los canales más conocidos, los grupos políticos acuden cada vez con mayor intensidad a otras opciones, especialmente la televisión por cable.

 

TV cable, la nueva arena

   Los canales de noticias en los sistemas de paga, que en Estados Unidos son sintonizados en la mayoría de los hogares, han sido una de las arenas más importantes de la confrontación entre Bush y Kerry. En un artículo para The Washington Post, los mencionados Viguerie y Franke recuerdan que desde hace dos décadas las cadenas nacionales (como CBS, ABC y NBC) han venido perdiendo audiencia pero que esa tendencia se acelera. Cuando se realizó la convención del Partido Republicano, hubo más gente que se enteró de ese acontecimiento a través del  conservador canal de noticias de Fox que en los noticieros de las cadenas convencionales (“The Big Winners”, domingo 24 de octubre de 2004).

   El hecho de que dos de los tres debates entre los candidatos presidenciales hayan sido moderados por conductores de los noticieros de la televisión pública, la PBS, que se difunde por cable, no es casualidad. Cada vez más gente en Estados Unidos confía más en espacios televisivos distintos de los que transmiten las grandes cadenas.

   Algo similar, toda proporción guardada, está sucediendo en México: los noticieros de la televisión abierta y de alcance nacional se ven por rutina pero con índices de audiencia a la baja; en tanto, espacios informativos como el noticiero del Canal 40 a pesar de los obstáculos que enfrenta o el noticiero del Canal 52, ganan público a una velocidad mucho mayor.  

   La singularidad en la campaña estadounidense de los canales de cable o de las estaciones no afiliadas a las grandes cadenas nacionales se confirmó anoche cuando, como leímos ayer en la columna de José Carreño Carlón, el principal programa de entretenimiento de la televisión en español en ese país iba a recibir a los dos candidatos presidenciales. La importancia de los electores de origen latino y, junto con ellos, de los espacios de comunicación que se dirigen a ellos se manifestó en la presencia, en Sábados Gigantes de Univisión, de George W. Bush y John F. Kerry.

 

Fanatismo en la radio

   En la radio ocurre algo similar, pero de manera más extensa. Los programas de discusión política, en donde era costumbre la búsqueda de una composición plural, están siendo sustituidos por series definitivamente comprometidas con una posición y a cargo de algún político destacado o de comentaristas reputados no por ser imparciales, sino por el partidarismo que asumen con causas, personajes o grupos.

   La radio hablada (en ocasiones difundida también en espacios de televisión) ha permitido afianzar convicciones que ya compartían los electores, más que persuadir a quienes no tenían una posición definida. Con frecuencia esos programas son de una virulencia y una intolerancia notables y mezclan el vituperio con una suerte de exigencia moral a sus radioescuchas. Pocas veces son espacios de reflexión y no puede decirse que contribuyan a la solidificación de la cultura política. Al contrario, se trata de emisiones que polarizan aun más el ya escindido panorama político estadounidense.

 

Correo postal y red de redes

   Otras formas para relacionarse con los votantes, como el correo convencional, siguen siendo un componente importante en la política electoral estadounidense. Viguerie (que durante cuatro décadas ha desarrollado campañas de correo directo para candidatos conservadores) y Franke (que ha sido editor en medios alternativos) estiman que este año los partidos y grupos de interés político habrán enviado más de 5 mil 800 millones de piezas postales a los posibles votantes.

   Con el empleo del correo directo y de la Internet, los demócratas están logrando la hazaña de empatar en preferencias de voto y quizá ganarle al presidente que hace tres años, después de los ataques terroristas, parecía inamovible en la Casa Blanca en este y el siguiente periodos.

   Las páginas de sus propios candidatos y luego las bitácoras abiertas tanto de aspirantes a algún cargo de elección como de simpatizantes y expertos, se han convertido en recurso insoslayable de los partidos. Inicialmente coto de los demócratas, la red de redes ha sido aprovechada también, con malicia y recursos, por republicanos y sus simpatizantes.

 

Menos TV, más Internet

   La construcción de nuevos espacios para la comunicación política se confirma en las cifras del detallado estudio que el martes pasado dieron a conocer el prestigiado Pew Internet & American Life Proyect y la Escuela de Información de la Universidad de Michigan sobre “Internet y el debate democrático” en las actuales campañas.

   Allí se indica que para el 78% de los estadounidenses la televisión sigue siendo la principal fuente de noticias políticas. El 38% dice que prefiere a los diarios como fuente primaria y el 16% a la radio (los porcentajes no suman 100 porque los entrevistados, en una muestra nacional, ofrecían más de una respuesta).

   El 15% dice que se entera de las campañas políticas en sitios de Internet y el 4% declara que en revistas.

   Hace cuatro años, en las campañas presidenciales de 2000, los estadounidenses que aseguraban que su principal fuente de información electoral era la televisión eran el 86%. Hoy ese porcentaje descendió 8 puntos –es decir, 9%–.

   En cambio, en aquellas elecciones los estadounidenses que reconocían a la Internet como fuente principal de información electoral era el 7% y ahora ese porcentaje aumentó 8 puntos –es decir, 110%–.

 

Bin Laden en escena

   Ese diversificado sistema de medios, que va desde las formas de comunicación más convencionales hasta la digitalización de mensajes y su envío masivo, ha propagado la competitividad y también la polarización de las campañas presidenciales en Estados Unidos. Este fin de semana y con vistas a las elecciones del martes, los votantes en ese país –y el mundo entero, al que de una u otra manera afectará la decisión que tomen– se enfrentan a un desafío que los estrategas de medios no previeron –o tal vez sí–.

   La difusión, el viernes pasado, del amenazador video en donde Osama Bin Laden no solo confirma que fue el culpable del crimen del 11 de septiembre sino además amaga a los estadounidenses con nuevos atentados, incorpora a la contienda política un elemento inesperado.

   Tanto Bush como Kerry condenaron las amenazas y a Bin Laden. Sin embargo las consecuencias de ese video en el apretado resultado electoral son controvertidas. Algunos analistas sostenían ayer que la difusión de las imágenes del líder de Al Qaeda beneficiará a Bush porque les recuerda a los estadounidenses la perversidad del terrorismo al que ese presidente ha dicho enfrentar. Otros, suponen que el efecto será favorable a Kerry porque al aparecer Bin Laden sano, salvo y amenazante en televisión, se confirma la ineficacia de las acciones del actual gobierno para frenarlo.

   Anoche, el antiguo conductor de televisión Walter Cronkite consideraba que el video podría haber sido promovido por Karl Rove, el asesor más importante de Bush, conocido por tanto por sus conservadoras posiciones como por su manipuladora habilidad política.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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