Bejarano a ocho columnas

La Crónica, noviembre 15 de 2004

En el campo del periodismo, el orden de los factores sí altera el producto. O mejor dicho, lo define según la intencionalidad, los intereses y la interpretación que matizan la valoración que cada medio de comunicación hace de los acontecimientos.

   Ayer la prensa de la ciudad de México ofreció un estupendo ejemplo de cómo la subjetividad se sobrepone en algunos casos al profesionalismo periodístico.

   En un esfuerzo, desesperado y desmedido, para distraer la atención respecto de las acusaciones en su contra que se están ventilando judicialmente, René Bejarano dio a conocer una lista de personajes que, según él, frecuentaban al empresario Carlos Ahumada. El batidillo de nombres destacados y adscripciones políticas que allí se presenta hace a esa relación, en principio, de verosimilitud discutible. La fuente de la que el ex diputado dice haber obtenido esos nombres es un antiguo empleado del Grupo Quart, el consorcio propiedad de Ahumada.

   En esa nómina aparecen, entre otros, ejecutivos de medios como Televisa, legisladores priistas y panistas, un gobernador panista y otro perredista y una de las hijas del presidente de la República. De todos esos nombres, el único que le pareció interesante a La Jornada fue el de la joven Fox.

   La cabeza principal de ese diario proclamaba, ayer: “Visitaba Cristina Fox a Ahumada: René Bejarano”.

   No hay engaño, ni distorsión alguna en ese titular. Y quizá tampoco hay sorpresa en el hecho de que el ex secretario particular de López Obrador quiera defenderse propalando falsedades como lo ha hecho en tantas otras ocasiones.

   Lo inaudito, aunque no tan sorprendente en el caso de ese diario, es que una publicación reputada como profesional y que algunos consideran seria le reconozca a Bejarano credibilidad suficiente para brindarle su titular principal.

   El ex diputado sometido a averiguación judicial mencionó otros nombres entre los presuntos huéspedes de Ahumada. Pero de todos ellos, al mencionado diario le pareció que el más vistoso era el de la hija del presidente Vicente Fox.

   La presidencia de la República, ahora sí, reaccionó con prontitud y no solo rechazó cualquier trato de la señorita Fox con el empresario Ahumada. Además consideró que con esos infundios se pretende “encubrir la extendida corrupción que existe dentro del Gobierno del Distrito Federal”.

   Esa respuesta era la noticia más importante y no las denuncias de un personaje tan desacreditado como Bejarano. Así se entendió en la mayor parte de los diarios de relevancia en la ciudad de México.

   La Crónica y Milenio le dieron a ese asunto sus encabezados principales con las siguientes frases, respectivamente: “Fox: con mentiras encubren corrupción extendida en GDF” y “Extendida corrupción en el gobierno del DF: Presidencia”. Aunque se trata de periódicos que han tenido posiciones contrapuestas respecto del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, ambos coincidieron en reconocer la miga informativa en ese asunto.

   El Universal le dio a ese tema la primera de sus columnas en la plana principal con el título “Bejarano busca tapar corrupción en el GDF”.

   Reforma incluyó a la mitad de su primera plana el siguiente encabezado: “Tapan corrupción en GDF con mentiras.- Los Pinos”.

   El encabezado de La Jornada es precedido de un titular que complementa la información: “Se recurre al infundio para encubrir al GDF: Los Pinos”. Pero esa frase se publica en una tipografía cinco veces menor que el encabezado principal.

   La simpatía que los editores de La Jornada han decidido tener por Bejarano los llevó a dedicarle a una foto de ese personaje la mitad de su primera plana del miércoles pasado. Allí el ex diputado aparecía con rostro contrito, piadoso casi, como si no rompiera un plato, rodeado de micrófonos unas horas antes de que lo detuvieran.

   Ahora, el mismo diario le concede a Bejarano tanta credibilidad que lo toma como informante para su nota principal del domingo.

   Si Carlos Ahumada tenía tratos personales o de negocios con gente como la que mencionó Bejarano en su insidiosa lista sería motivo para que las autoridades judiciales –que siguen la pista del dinero que acostumbraba gastar ese empresario– dirigieran hacia allí sus indagaciones. Pero por sí solo ese hecho no incrimina, automáticamente, a nadie.

   En cambio el ex diputado local, a quien La Jornada concede tanto crédito, ha dicho una mentira tras otra. Además, sigue sin explicar en qué gastó el dinero que con tanta devoción acomodaba en el portafolios.

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