Presidencia: censura y tortura

La Crónica, 14 de febrero de 2003

Con sorna, pero también hartazgo, el diputado priista Jorge Carlos Ramírez Marín acusó de torturador al presidente de la República. Desde luego se trata de una metáfora, pero políticamente intencionada. Al concluir el informe de la Comisión Nacional de Derechos Humanos ese legislador dijo, antier, que el presidente Fox “es uno de los causantes del aumento de la tortura en México, ¡nos tortura con sus declaraciones incongruentes!… Un Presidente no puede prestarse a hacer este tipo de comentarios.”

   Ramírez Marín se refería a la afirmación del presidente acerca del analfabetismo como vía para la felicidad. Como se sabe, el martes en el municipio El Marqués, en Querétaro, el titular del Ejecutivo Federal celebró la incapacidad de una mujer humilde, con la que bromeaba, a quien le preguntó si leía periódicos. Cuando la señora le confesó que no sabe leer, el presidente festejó: “Mejor, así vas a vivir más contenta”.

   Con esa expresión el presidente reiteraba la antipatía –crecientemente correspondida, lo cual no es motivo de gozo sino de preocupación– que le suscitan los medios y de manera especial la prensa escrita. Quizá en otra circunstancia ese desplante no tendría que ser tomado mas que como una frase desafortunada. Pero como con tales expresiones el presidente nos tiene ocupados todos los días, no se puede pensar que el halago al analfabetismo haya sido excepción o casualidad en el pensamiento de ese gobernante.

   Quienes votaron por él, no lo hicieron debido a las aficiones literarias del licenciado Fox. Pero de allí a ufanarse de su escasa atención a la palabra escrita hay una distancia que solo ha sido recorrida gracias al clima de insensatez y frivolidad que domina hoy en nuestra vida pública. El ese clima ha sido fundamental la responsabilidad (o la ausencia de ella) del presidente Fox.

   Es difícil imaginar por qué el presidente se comporta con tanto descuido. Cualquiera de las hipótesis al respecto es a cual más preocupante. En todo caso, pareciera que él y quienes lo rodean suponen que las consecuencias de esas equivocaciones son menores porque se consideran capaces de ocultarlas ante la mayoría de los mexicanos.

   Conocido su desprecio a la prensa escrita, al presidente aparentemente le tiene sin cuidado que los diarios den a conocer sus expresiones en los actos públicos a los que asiste. Pero su oficina de Comunicación mantiene una celosa supervisión alrededor de lo que transmite la televisión acerca de los asuntos presidenciales.

   El episodio en Querétaro fue ampliamente difundido –y comentando– en la radio y ocupó espacios en las primeras planas de numerosos periódicos. Pero de la televisión estuvo ausente, o no se le presentó en el formato audiovisual de ese medio, porque la Presidencia censuró el video que mostraba el encuentro de Fox con la mujer analfabeta.

   Es tradición que el registro en video de las tareas del titular del Ejecutivo Federal no esté a cargo de las empresas televisoras sino del Centro de Producción de Programas Informativos y Especiales de la Presidencia, Cepropie. Habitualmente los técnicos de esa dependencia graban las actividades del presidente y hacen llegar copias de esos videos a los noticieros de televisión.

   Esa práctica a veces les ahorra a las televisoras el envío de camarógrafos. En otras ocasiones la cámara de cada empresa televisiva solo sirve para registrar la imagen del reportero que presenta la nota. La pertinencia de que no haya una aglomeración de camarógrafos con aparatos de grabación e incluso de iluminación que estorbarían en los recorridos y ceremonias presidenciales, ha sido la causa aparente para que solo Cepropie registre tales actividades.

   Pero antes que nada se trata de una modalidad de control informativo, como se comprobó el martes por la noche. Cuando las televisoras solicitaron el video del presidente con la señoras en Querétaro, Cepropie no se los proporcionó. Así lo denunció ayer, en su noticiero matutino de XEW radio, el periodista Carlos Loret de Mola.

   Ya es tiempo de que el registro de las actividades presidenciales deje de estar controlado por el gobierno. Si hubiera problemas logísticos para que cada empresa televisora enviara a sus propios camarógrafos, los productores de los noticieros podrían ponerse de acuerdo para asignarse entre ellos mismos la responsabilidad de grabar cada evento.

   Es injustificable que la oficina de Comunicación de Los Pinos censure las imágenes del presidente. Ese comportamiento no sería disculpable aunque se dijera que hay escenas vetadas para no torturar excesivamente a los ciudadanos.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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