Notimex

La Crónica, noviembre 12 de 2003

La ausencia de una actitud coherente y clara por parte del gobierno federal impide que haya una discusión racional y enterada acerca del proyecto económico para el país. El día que presentó el programa económico para el siguiente año el secretario de Hacienda no sabía a cuánto ascendía el Presupuesto de Egresos. El secretario de Gobernación acudió para darle confiabilidad a ese anuncio. Más tarde supo que entre las empresas que la administración federal propone cerrar o vender se encuentra la agencia de noticias de cuyo  funcionamiento es responsable.

   Una y otra vez, en los años recientes, el gobierno dijo que le interesaba tener una agencia de noticias capaz de apuntalar la presencia doméstica y foránea del Estado mexicano. Con todo y sus tropiezos Notimex ha sido un instrumento de información útil a la sociedad y especialmente  a los periódicos y empresas radiodifusoras que sin ese servicio dependerían de agencias de otros países para reunir su material noticioso. La existencia de agencias de prensa nacionales ha sido considerada necesidad estratégica por los estados en numerosas latitudes del mundo.

   El gobierno no se tomó en serio tal decisión. Hace un par de años destituyó al periodista que había designado para dirigir a esa agencia y que resultó perjudicado en una vendetta de la revista Proceso, de la cual había formado parte. En su lugar fue colocado un ingeniero químico, aparentemente de muy nobles intenciones y de ejemplar entusiasmo pero sin experiencia periodística alguna.

   La gestión de José Antonio Díaz pareció condenada por sus propios patrocinadores. Fue designado porque era secretario particular del subsecretario de Gobernación, José Luis Durán Reveles. Más que expresión de nepotismo de oficina, esa decisión obedeció al descuido y la ignorancia que la secretaría de Gobernación ha tenido respecto de los medios de comunicación del Estado mexicano.

   Ayer en su noticiero radiofónico el periodista Marco Levario Turcott comentó que José Antonio Díaz nunca se enteró de la propuesta para cerrar la agencia y que como reacción a ella estaba por presentar su renuncia. Ello confirmaría que no ha sido de Gobernación la iniciativa para que Notimex desaparezca. Todo parece indicar que se trata de una zancadilla que Hacienda le pone al secretario que despacha en Bucareli. En ese desbarajuste podría terciar la oficina de Comunicación de la Presidencia de la República, interesada en controlar los medios de comunicación del gobierno.

   La inclusión de la agencia de noticias en el primer lugar de la lista de 16 entidades cuya “disolución, liquidación, extinción, fusión o enajenación” se propone en el proyecto de Decreto de Presupuesto Federal ha sido notoriamente inopinada. No hay argumentación ni explicación que respalden esa relación de empresas amenazadas con desaparecer. No se presenta ninguna evaluación de su desempeño, ni se ofrece justificación para cerrarlas.

   No se dice si a Notimex la quieren clausurar o vender porque sus números rojos deslumbran a los auditores de Hacienda, o porque su desaparición sería bienvenida por diarios de grandes recursos empresariales como Reforma que la ha tomado contra esa agencia, o si los textos que distribuye con afán plural y profesional le incomodan tanto al secretario Francisco Gil que ahora busca la desaparición de esa sociedad anónima.

   Si la venden, Notimex no será gran negocio para el gobierno porque el precio de sus activos fijos debe ser muy pequeño en comparación con la presencia pública –su auténtico patrimonio– que ha forjado desde su creación en 1968. Lo que se ahorrará el gobierno es el subsidio que entrega para el gasto operativo de la agencia el cual, de acuerdo con el presupuesto para este año, debe ser de algo menos de 115 millones de pesos.

   Definir si ese gasto se justifica, depende de lo que el gobierno y el resto de las instituciones del Estado mexicano quieran en materia de comunicación social. Si se pretende que haya instrumentos capaces de informar a los ciudadanos sin sujetarse a la benevolencia o el interés de las empresas de comunicación privada, medios como Notimex son indispensables. Si, en cambio, el gobierno y el Congreso se han resignado a quedar irremediablemente subordinados a las grandes y habitualmente alevosas empresas de comunicación privadas, la suerte de Notimex y a la postre de otros medios estatales se encuentra definida –al menos durante la actual administración–.

   Quizá más que ante una definición tajante nos encontramos con una muestra patética de improvisación hacendaria y política. Aunque en el proyecto de Decreto presentado a los diputados el gobierno propone la desaparición de Notimex, el presupuesto para 2004 prevé un financiamiento de 99 millones de pesos para esa agencia. Es posible que la propuesta para prescindir de Notimex haya surgido después de la elaboración del proyecto de presupuesto.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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