Nexos y la felicidad

La Crónica, 13 de enero de 2003

Entre las pocas buenas noticias del comienzo de año se encuentra la aparición de la edición 301, con la cual la revista Nexos celebra su primer cuarto de siglo. El tema de ese número es la felicidad, que es recordada, recreada, añorada, perseguida o incluso condenada desde las perspectivas de 25 autores, entre ellos Angeles Mastretta, Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Tomas Eloy Martínez, Hans Magnus Enzensberger, Mario Benedetti, Harold Pinter y José María Pérez Gay.

   Esa edición de lujo, y el tema que eligieron sus editores, encabezados por Luis Miguel Aguilar y Rafael Pérez Gay, son congruentes con la exuberante nómina de autores y temas que han sido leídos en los 25 años de Nexos. El recorrido, un mes tras otro, para llegar a este aniversario, no ha sido sencillo (enfrentado a las dificultades de una publicación que busca cumplir con criterios de calidad a la vez que pretende alcanzar lectores y anunciantes suficientes para seguir existiendo) pero también afortunado.

   Fundada por un grupo de pensadores y creadores a los que convocó el historiador Enrique Florescano, que fue su primer director, Nexos surgió con la divisa de difundir la cultura desde una perspectiva que no se agotara, como era habitual en las revistas de ese corte, en el enfoque literario.

   El texto con el que abre el primer número de Nexos, en enero de 1977, anticipa que la revista buscaría ser “lo que su nombre anuncia: lugar de cruces y vinculaciones, punto de enlace para experiencias y disciplinas que la especialización tiende a separar, a oponer incluso. Aspira a ser un foro donde se expresen los problemas de la ciencia y la tecnología, la investigación económica y social, el ensayo literario, la historia y la realidad política”.

   Esa afán transdisciplinario se advertía desde la composición del grupo editorial con el que Nexos comenzó a publicarse. Su mesa de redacción la integraban el historiador Héctor Aguilar Camín (que años más tarde relevaría a Florescano en la dirección de la revista), el escritor Adolfo Castañón (que tiempo después asumió una fundamental responsabilidad en el Fondo de Cultura Económica) y el médico Julio Frenk, actual secretario de Salud.

   La evolución de Nexos implicó el crecimiento de su grupo fundador. Algunos de quienes más comprometidamente impulsaron el nacimiento de la revista fallecieron (como los inolvidables Guillermo Bonfil Batalla y Carlos Pereyra) o se alejaron de ella como ocurrió con don Pablo González Casanova. Pero el propósito para ofrecer explicaciones desde distintos ángulos disciplinarios sin por ello sacrificar el compromiso intelectual e incluso político, sigue siendo pertinente en la vida pública mexicana.

   Aquel texto de presentación consideraba: “Durante decenios, la organización de la cultura mexicana ha girado en torno a las preferencias de la vida literaria. La cultura literaria ha sido el eje de la vida artística y crítica del país. Los escritores han sido la voz consistente y prestigiada en casi todas las materias que una comunidad requiere como temas de reflexión: de la vida pública a las vanguardias estéticas. En sus mejores momentos, este estilo de organización cultural ha producido obras magistrales: libros, autores, ideas que con el tiempo ganaron amplia influencia en la educación, la memoria cultural y la vanguardia social del país”.

   En el transcurso de este cuarto de siglo el mundo ha dado varias volteretas y el país que tenemos es otro. Los cambios en este lapso han nutrido perplejidades y reflexiones en las páginas de Nexos y otras publicaciones. Son indiscutibles los adelantos en numerosas áreas de la vida pública. Los retos y rezagos en otras, resultan ingentes.

   Sin embargo, por lo menos en el campo del debate intelectual resulta difícil considerar que hemos avanzado de manera relevante. Se echa de menos el intercambio de ideas y la construcción de proyectos que había en el campo cultural mexicano hace 25 años. En la apreciación de distintos sectores, comenzando por la clase política, el papel de los intelectuales se ha demeritado.

   Hoy en día las coordenadas de la discusión pública suelen carecer de rigor y la espectacularidad desplaza al pensamiento. Nada de ello impide –al contrario– festejar los 25 años de una revista comprometida con la creatividad y las ideas.

 

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