Guiños de la futura reina

La Crónica, 10 de noviembre de 2003

A los mexicanos nos cuesta trabajo entender la veneración casi atónita que los españoles siguen teniendo por la monarquía. Más allá de banderías políticas, España no solo reconoce la utilidad que la figura del Rey ha tenido como elemento de estabilidad e incluso de cambio político. Además el entusiasmo por la familia real suele llegar a extremos de exaltación como los que se manifiestan desde hace una semana, cuando se anunció el compromiso matrimonial del príncipe Felipe de Borbón con una guapa y simpática periodista.

   Letizia Ortiz Rocasolano, una muchacha de clase media que ya tenía una amplia exposición pública porque ha sido conductora y reportera de la televisión española, se ha ganado la estimación de sus compatriotas gracias a la franqueza e independencia que manifiesta. El solo hecho de que una joven sin relación previa con la casa real pueda casarse con el Príncipe de Asturias le añade condimento al compromiso matrimonial que no sólo inunda la llamada prensa del corazón. Los medios más serios en España destinan abundantes páginas y espacios al noviazgo de la periodista y el príncipe.

   Hace siete años Letizia Ortiz vino a México y trabajó en el ya desaparecido periódico Siglo 21 de Guadalajara en donde además tomó cursos en la Universidad. De las preocupaciones de la entonces novel periodista hay testimonio en un ensayo que publicó en la revista del Departamento de Estudios de la Comunicación Social de la Universidad de Guadalajara. Allí reflexiona acerca de las posibilidades que la entrevista periodística ofrece para conocer a fondo el temperamento y el contexto de los personajes públicos.

   Titulado “Guiños sobre guiños sobre guiños”, ese texto destaca la pertinencia de buscar “la interpretación que el entrevistado hace de sí mismo, su autopercepción, la organización de ideas de su pasado y la justificación ante sí de acciones por las que da sentido a la historia de su vida”. A la periodista le interesaba entender a los personajes públicos más allá de un acontecimiento circunstancial y para ello proponía un trabajo de investigación en profundidad.

   Convertida ahora en uno de los personajes públicos de mayor densidad mediática en su país, no dejan de ser significativas estas explicaciones que Letizia Ortiz apuntó cuando no soñaba estar en la situación que ahora protagoniza:

   “El lector, desde la perspectiva del periodista, quiere conocer el ‘lado humano’ de ese super-juez antinarcóticos o del banquero multimillonario de decisión férrea. La necesidad de este conocimiento de lo particular, de ese acercamiento a hombres y mujeres presentes en nuestras vidas en ese otro eje temporal, en esa otra realidad construida por los medios de comunicación, no tiene que significar la caída en un periodismo ‘amarillo’ o sensacionalista”. Ese ensayo insiste en que se puede hacer un periodismo capaz de mostrar el perfil personal de los famosos sin caer en abusos a su vida privada o en develaciones de mal gusto.

   Es cuestión, insiste Ortiz, de trabajar. El reportero ha de preparar su entrevista de acuerdo con el personaje con el que conversará. “La entrevista periodística en profundidad es todo un proceso de negociación donde dos personas interactúan, negocian y definen la situación continuamente en el transcurso de la conversación. Y éste es el momento crucial de la entrevista, porque aunque posteriormente el periodista escuche las grabaciones y construya la parte narrativa, durante la charla con el entrevistado el profesional de la comunicación debe guiarlo para conseguir que dé respuestas a las cuestiones que previamente se ha propuesto”.

   Como ejemplo de esas pautas Ortiz Rocasolano estudió con detalle la entrevista que el periodista Xavier Vidal Folch le hizo a Emma Bonino, la comisaria europea para la Pesca, y que apareció en agosto de 1995 el suplemento semanal de El País. En el transcurso de su análisis la entonces reportera de 24 años se conmueve con el papel de esa funcionaria cuya entrevista disecciona y dice que hay una “distribución tradicional de los papeles sociales, donde la mujer sigue siendo aquello que consigue, lo que le ha costado tanto esfuerzo”.

   Añade la futura reina: “La mujer, por tanto, carece en ocasiones de un valor social intrínseco, debe demostrar algo, validar su nombramiento en un puesto con hechos, ser eficaz”. Ella lo ha sido, al menos para encumbrarse al sitio en donde la coloca su relación con el príncipe Felipe. Allí demostrará de qué pueden servirle las aptitudes profesionales que desplegó como periodista en su país y que algunos conocieron en México durante su estancia en Guadalajara.

   El ensayo de Ortiz Rocasolano aparece en la edición septiembre 1995-abril 1996 de la revista Comunicación y Sociedad en donde también fueron publicados textos, entre otros, de Raymundo Riva Palacio, Armando Zacarías, Cecilia Cervantes y el autor de esta columna. Es lo más cerca que he llegado a estar de la realeza. Me moría de ganas por platicarlo.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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