En el aire

La Crónica, 28 de enero de 2003

Con un mes de atraso, el gobierno devolvió a su propietario las instalaciones transmisoras del Canal 40. No lo hizo en espontáneo ejercicio de sus responsabilidades legales como hubiera sido deseable. En vez de actuar desde el 27 de diciembre para reintegrarle a Televisora del Valle de México el patrimonio que le había sido hurtado por Televisión Azteca, el gobierno federal demoró cuanto pudo el cumplimiento de esa obligación.

En vez de aprovechar la oportunidad que le ofrecía la resolución de la juez que el viernes dispuso la suspensión del aseguramiento y la entrega de esas instalaciones al concesionario del Canal 40, el gobierno se enredó aún más entre los desmedidos miramientos que le ha dispensado a Televisión Azteca y el temor a tomar una decisión.

Trasladarle a un juez penal la custodia de las instalaciones fue una artimaña que aumentó la ya extendida indignación ante la mezcla de abulia, torpeza e irresponsabilidad que el gobierno ha exhibido en este episodio. Pero ayer por la mañana, cuando el juez Reynaldo Reyes Rosas se negó a admitir ese encargo, al gobierno ya no le quedó más remedio que entregar el transmisor y la antena del Canal 40 a la empresa de Javier Moreno Valle.

Posiblemente anoche mismo el noticiero que conducen Denise Maerker y Ciro Gómez Leyva haya vuelto a las pantallas que reciben la señal abierta del 40 en el Valle de México. Ese programa habrá tenido la audiencia más alta de su historia. Pero ¿qué necesidad había de todo ello? ¿Y qué queda, después de un mes de aspereza y jaloneos en este conflicto?

El gobierno federal manifestó una gravísima reticencia a hacer valer el Estado de Derecho. Los secretarios de Comunicaciones y Gobernación, primero al atender con tardanza el desafío que significaba la ocupación ilegal de las instalaciones del 40, luego al amagar con la requisa, más tarde al forzar la Ley de Radio y Televisión para imponer un discutible aseguramiento y finalmente en sus vacilaciones para atender la decisión judicial de la semana pasada mostraron, junto con el presidente de la República, una preocupante perplejidad y una cuestionable subordinación a los intereses de Televisión Azteca.

Al anunciar el sábado la decisión de entregar las instalaciones a un juez, varios funcionarios dijeron informalmente que se trataba de una “decisión de Estado”. De esa manera querían subrayar que había sido tomada al más alto nivel y que implicaba consideraciones políticas más que jurídicas.

Pero durante los días anteriores se había demostrado que el gobierno estaba solo en su comportamiento en este litigio. El Congreso y el Poder Judicial, que son los otros poderes que junto con el Ejecutivo conforman al Estado, manifestarían cada cual a su modo sus propias posiciones. Senadores y diputados de todos los partidos –de manera notable, algunos de los más conspicuos senadores del partido en el gobierno– rechazaron el acoso al Canal 40. Y tanto la juez administrativa que concedió la suspensión provisional solicitada por CNI para que se levantara el aseguramiento gubernamental, como el juez penal que se negó a encargarse de las instalaciones, se negaron a complacer las caprichosas posturas del gobierno. No fue del Estado, sino del gobierno, la negligencia a reconocer los derechos del Canal 40.

Durante este mes la sociedad tuvo ocasión de apreciar, con la desfachatez que suelen ofrecer las situaciones límite, la voracidad de una televisora que no ha dudado en mentir e incluso en cometer acciones ilegales para defender sus intereses. Ofuscados en una competencia de agravios que ellos inventaron los directivos de Televisión Azteca no alcanzaron a advertir que, incluso si ganan el litigio mercantil que sigue pendiente, el daño que le han infligido a la imagen de su propia empresa puede implicar costos irremediables.

CNI paradójicamente, habiéndose encontrado un mes fuera del aire, es más conocida que nunca. Si su propietario y abogados logran sortear los próximos episodios del enfrentamiento con Azteca, ahora de nuevo en los tribunales mercantiles, podrá consolidarse como una opción realmente distinta a las que ofrecen las dos empresas que acaparan casi todos los espacios en la televisión comercial mexicana. La sociedad saldría ganando con ello.

Por lo pronto, junto con su público, los ganadores más destacados de este episodio son los trabajadores del Canal 40. Despojados de la señal que es el principal instrumento de una televisora, siguieron laborando con el entusiasmo que solo dan las convicciones claras. A pesar de los amagos y chantajes de la empresa rival se mantuvieron cohesionados, sabiendo que no solo defendían su fuente de trabajo sino su dignidad profesional y personal.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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