El periodismo de Azcárraga

La Crónica, 16 de octubre de 2003

Pedir cárcel para los periodistas mentirosos no constituiría mas que una expresión más del desconcierto que se mantiene respecto de los medios si no fuera porque quien lo ha hecho dirige –y posee– la empresa de radiodifusión más poderosa e influyente del país.

   Además de confirmar la pasmosa improvisación con que se maneja a la televisión mexicana, esa declaración de Emilio Azcárraga Jean manifiesta la majadera soberbia con que en las cúpulas de Televisa –a semejanza del poder político– se considera a la prensa escrita.

   Las responsabilidades corporativas y públicas que desempeña, así como los seis años que lleva al frente de Televisa, impiden que a las declaraciones de Azcárraga se les pueda disculpar debido a la juventud de ese empresario. De hecho los juicios que expresó antier, en un foro en Veracruz, tendrían que poner en alerta a docenas de reporteros y redactores de Televisa. Si su patrón propone que a los periodistas que dicen mentiras en los diarios se les encarcele, ¿cuál no será la sanción que imponga dentro de su propia empresa?

   Azcárraga quiso contrastar la veracidad que según él impera en los noticieros de Televisa con las falsedades que reconoce en la prensa escrita. En los programas informativos de su empresa, se ufanó, “lo más importante es la objetividad. La ventaja de la tele y la radio es que siempre hay una imagen o un audio. No como sucede en muchos de los periódicos, en los cuales los reporteros escriben lo que quieren y no lo sustentan”.

   Azcárraga tiene algo de razón cuando cuestiona la improvisación que frecuentemente singulariza a nuestro periodismo escrito. La complacencia de numerosos medios impresos con los errores que abundan en sus páginas y sobre todo la falta de exigencia por parte de los lectores, han permitido que se mantenga una calidad deficiente.

   Pero mostrar como paradigma de periodismo al que se realiza en los medios electrónicos manifiesta una escandalosa jactancia y un desconocimiento de los parámetros de calidad que hay en el mundo de la comunicación. La idea misma de objetividad, que pretende que las noticias sean imparciales y asépticas, forma parte de un periodismo atrasado y engañoso.

   A diferencia de esa concepción, hoy se reconoce que todas las noticias están cargadas de la intencionalidad que el periodista y la empresa para la que trabaja deciden conferirles. Así que en lugar de contenidos neutrales, lo que pueden ofrecer los medios que respetan a sus públicos es información contextualizada y de acuerdo con  parámetros éticos reconocidos: acreditación de las fuentes, búsqueda de hechos más que de dichos, distinción entre información y opinión, respeto a la vida privada y derecho de réplica, entre otras normas.

   Nada de eso es usual en los noticieros de Televisa. La proliferación de declaraciones sustituye a la difusión de numerosos hechos y es frecuente la presentación de informaciones sin fuente acreditada. En vez de auténtico periodismo de investigación se presentan remedos de reportajes que suelen exigir escaso esfuerzo de producción y cuyo recurso principal es la filmación de escenas con cámara escondida. Cada vez hay más editorialización de las notas y los comentarios de los conductores se intercalan entre las noticias sin aviso previo. A los derechos de los ciudadanos y la sociedad no se confiere el más tímido reconocimiento.

   Azcárraga considera que el audio y la imagen garantizan el periodismo que hace su empresa. Esa idolatría por los registros sonoros y sobre todo icónicos puede ser notablemente falaz. No es cierto que “en la tele” las noticias siempre estén respaldadas por imagen o audio. Con frecuencia el telespectador tiene que admitir el testimonio del reportero o el comentario del conductor como única fuente de un acontecimiento. Y cuando las hay, pueden ser imágenes o sonidos editados y cuya presentación sesgada, o sin contexto, no corresponda a la realidad que se pretende reproducir.

   En la prensa escrita, desde luego, hay atropellos. Azcárraga forma parte de los muchos ciudadanos incómodos con las distorsiones propaladas, en tinta y papel por quienes abusan “envueltos en la bandera de la libertad de expresión”. Así, planteó: “Yo creo que ‘el cuate’ que escriba o diga algo que es falso, debería tener una multa, debería de ir a la cárcel como cualquier otra persona”.

   Proponer cárcel a quien diga mentiras resulta un exceso. La experiencia internacional demuestra que las sanciones más eficaces para los delitos de prensa son de carácter pecuniario. Para ello, entre otros motivos, hace falta revisar las disposiciones jurídicas con las que ahora contamos. Sin embargo esa actualización ha sido impedida por Televisa y otras empresas de comunicación cuando los legisladores han querido reformar las disposiciones que existen para los medios impresos y electrónicos.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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