El calvario de Excélsior

La Crónica, 17 de enero de 2003

Sometido a presiones para las que no estaba empresarial ni periodísticamente preparado, Excélsior está padeciendo un calvario que resulta injusto con la trayectoria del que durante décadas fue, sin lugar a dudas, el diario de referencia en México.

La destitución de Regino Díaz Redondo en octubre de 2000, después de casi un cuarto de siglo de ejercicio discutible aunque en algunos sentidos eficaz de un periodismo cuyos marcos de referencia nacionales comenzaban a derrumbarse, no terminó con las vicisitudes de esa casa editorial. El esquema mismo de organización interna del diario, la ausencia de criterios empresariales y la falta de costumbre para competir en un panorama periodístico que había estado largamente adocenado y ahora requería de mayor imaginación profesional, se encontraban entre las causas del letargo en el que se encontraba ese destacado cotidiano.

Para suceder a Díaz Redondo fue designada la periodista Patricia Guevara que de inmediato, junto con el equipo que fue nombrado a cago de la administración, se encontró con numerosas cuentas por pagar que hacían imposible cualquier funcionamiento medianamente saludable del diario. A fines de 2001 se estimaba que los pasivos de Excélsior eran de alrededor de 500 millones de pesos.

Las tensiones que causaba esa deuda y las rencillas que nunca faltan en una institución que después de haber sufrido una forzada inacción interna ahora despertaba a las pasiones que siempre acompañan a la democracia, exacerbaron la inestabilidad de esa casa editorial. Guevara fue suspendida como directora el 15 de noviembre de 2001 sin haber podido consolidar un acuerdo para la venta del diario. Muchos cooperativistas aun creían que bastaba con una administración ordenada para que Excélsior pudiera zanjar sus dificultades, sin advertir que además le urgía una fuerte inyección financiera que solo podría surgir de uno o varios inversionistas que quisieran comprarles el diario o estuvieran dispuestos a asociarse con ellos.

En abril del año pasado, a petición de esta columna, Patricia Guevara escribió unas notas sobre la situación del diario, en donde deplora:

“Cuando el periódico Excélsior cumple 85 años de haberse fundado, se ciernen sobre ésta empresa social el desconcierto, la desazón y la incertidumbre. Debo aclarar que no se debe al hecho de que quiénes hoy están al frente sean más o menos capaces de quienes anteriormente estuvimos. Tampoco me mueve la pretensión de querer volver.

“Estoy convencida de que a pesar de la falta de experiencia que tenía aquel 30 de octubre del dos mil, cuando por abrumadora mayoría me eligió la Asamblea para desempeñar el cargo de directora general, desarrollé rápidamente un sentido común (el menos común de los sentidos, decía alguien a quien guardo gran cariño) y puse en práctica los conocimientos adquiridos cuando estuve al frente de una empresa familiar.

“Mi afirmación, se sustenta en el hecho de que Jaime Contreras, al frente del Consejo de Administración, no puede demostrar o acreditar personalidad jurídica. Tampoco lo pueden demostrar quienes forman el resto de dicho órgano colegiado ni el resto del cuerpo directivo…

“Creo que más allá de la capacidad periodística o reporteril (que no pongo en tela de juicio porque entraña una buena dosis de subjetividad) dirigir una empresa, social, privada o mixta, exige atribuciones distintas. No dudo que las tengan, pero, a juzgar por lo que denota, no las están aplicando”.

En opinión de Guevara, lo que entonces hacía falta era una operación política dispuesta por el gobierno federal para rescatar a Excélsior y dejar al diario en condiciones de ser adquirido por algún particular. Esa operación tendría que haber incluido un acuerdo entre los periodistas que entonces se encontraban a cargo de la empresa y a los que esa ex directora consideraba como dirigentes de facto y los cooperativistas suspendidos que junto con ella habían sido designados meses antes pero que aun conservaban la representación legal de los propietarios de Excélsior.

Guevara apuntaba que el Consejo de Administración legalmente constituido estaba presidido por Rafael De la Huerta. Ese consejo presentó una querella contra los periodistas que han tenido el mando dentro de Excélsior y que hace algunas semanas negociaron la venta de esa empresa, por 150 millones de dólares, con el ex jefe policiaco Miguel Aldana. Ese personaje, que no ha explicado con claridad el origen de tales recursos, dijo anteanoche que consideraba suspendido el trato debido a la disputa entre los dos grupos que se consideran representantes de los cooperativistas.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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