Moderar el duopolio de la TV

La Crónica, 31 de mayo de 2002

La mayoría de los medios electrónicos la censuraron y algunos de los diarios que informaron acerca de ella lo hicieron de manera parcial y limitada. Sin embargo la Conferencia Internacional que se realizó esta semana en la Cámara de Diputados significó un adelanto considerable en el debate acerca de la televisión y la radio.

   Después de esa reunión parece quedar claro que el tema central de la reforma para los medios en nuestro país es la limitación de las estaciones de radio y televisión, o de medios impresos, que una misma empresa puede tener en una localidad.

   La creación de reglas para impedir una excesiva concentración de empresas de comunicación, es uno de los grandes cuestiones en el debate y las decisiones acerca de los medios en todo el mundo.

   En las deliberaciones para actualizar la legislación de los medios en México ese tema había sido soslayado o no se le había reconocido toda la importancia que tiene.

   La reciente Conferencia Internacional, que es la quinta que organiza el Congreso en el último lustro, hizo evidente que la democracia está asociada a la pluralidad de mensajes, el acceso a la comunicación y la competencia entre medios.

   Gracias a encuentros como ese, el de las responsabilidades de los medios electrónicos y el marco legal pertinente para regularlos es uno de los temas inevitables en la agenda política mexicana. Ya no se trata de un asunto que interesen solo a expertos o a segmentos reducidos de la clase política.

 

Obstáculo a la competencia

   Quiérase o no, el tema de los medios forma parte de esta fase en la transición política de nuestro país. Soslayarlo, no evita que sea importante. Dejar de reconocerlo como uno de los grandes asuntos que el país todavía no resuelve, solamente empeora los rezagos legales y políticos que tenemos en ese campo.

   Por primera vez, hasta donde recordamos, la autoridad responsable de eliminar barreras a la libre competencia en la economía mexicana reconoció que el esquema de la televisión en nuestro país es de carácter monopólico y que, en consecuencia, debe ser modificado.

   El miércoles, al participar en el último día de la Conferencia el presidente de la Comisión Federal de Competencia, Fernando Sánchez Ugarte, manifestó con toda claridad:

   “Creo, definitivamente, que la presencia de dos empresas televisivas que dominan prácticamente el 100 por ciento (aunque hay algunas cadenas independientes que por ahí buscan levantar la cabeza pero con mucha dificultad) sí limita mucho la posibilidad de competencia dentro del sector, sobre todo en el ámbito de la televisión”.

   El doctor Sánchez Ugarte respondió de esa manera a una pregunta sobre la presencia, en el mercado de la televisión mexicana, de dos empresas que controlan casi todo. A continuación explicó:

   “Lo que debe de buscarse, la función del Estado, es precisamente promover el desarrollo de nuevas empresas, sobre todo en el ámbito de la televisión. Fomentarlo a través de concesiones de televisión pública, a través de apoyar el desarrollo de estas nuevas opciones, inclusive plantear lo que se ha dicho aquí en este foro sobre la creación de la tercera o la cuarta cadena de televisión en México. Todo eso debe ser una tarea del Estado, apoyándose en todos los elementos con que cuenta para ello. O sea, es la responsabilidad de Comunicaciones y Transportes, de Gobernación y de la propia Comisión Federal de Competencia. Soy totalmente partidario de que se abra la opción de nuevas cadenas televisivas”.

 

Concentrador y discrecional

   Antes de esa definición, el periodista Abraham Zabludovsky y el senador Javier Corral habían insistido en la inequidad e ilegalidad que significa el duopolio de la televisión mexicana. Al acaparar el mercado en ese medio de comunicación dos empresas han impedido que surjan otras opciones, con un consiguiente empobrecimiento de contenidos pero también del derecho de los mexicanos a tener más posibilidades de información y entretenimiento.

   Zabludovsky, conductor del programa vespertino “De la A, a la Z” en Radio 13, describió en unos cuantos trazos la arbitrariedad de ese esquema:

   “El grupo Televisa atiende a 8 de cada 10 televidentes y se embolsa más o menos 7 de cada 10 pesos que se gastan en publicidad en este país. Tiene el 80% del auditorio y el 70% de todos los presupuestos de publicidad en México. Televisión Azteca acapara el 20% del auditorio y la publicidad. Mientras, la radio, la televisión por cable, deben sobrevivir con lo que sobra; no son migajas, pero Televisa tiene el 70%”.

   La conclusión resulta inevitable: “El modelo mexicano de televisión es concentrador y discrecional; concentra en un par de empresas casi todas las formas de producción y distribución de la programación de televisión. La distribución entendida como el aire; el cable, el satélite. Es discrecional por la fuente de las concesiones que le dieron origen y también por la forma en que produce programas o los  adquiere; por el criterio con el que selecciona la información en los noticieros y mesas redondas”.

   “Es discrecional –prosiguió Zabludovsky– cuando se propone exponer a las personas al ridículo público con el objeto de acumular ratings o cuando ataca la honorabilidad y buen nombre de las personas o degrada la dignidad de seres humanos con desventajas físicas. Es discrecional en las consideraciones con que administra la crítica o la suprime y en los mecanismos a través de los cuales dosifica el acceso y el derecho de réplica, si es que lo hubiera”.

   La Conferencia, organizada por dos comisiones del Senado y la Cámara de Diputados junto con la UNESCO, la Fundación Adenauer y las universidades Metropolitana e Iberoamericana, fue ignorada en muchos medios. La televisión y en ocasiones la radio se ocupan de todos los temas excepto de aquellos que afectan sus intereses. Zabludovsky, por ello, pudo reprochar:

   “Este evento no existió; no salió en la televisión ni ayer ni antier. En ese sentido es discrecional. Gracias por ignorarnos. Pero sí existe este evento y sí estamos diciendo cosas importantes que quizá no les guste y por eso no lo ponen en la antena. Esta Conferencia Internacional fue censurada por la televisión”. El único medio televisivo que recogió esas deliberaciones y de manera extensa, fue el Canal del Congreso.

 

Imposible unanimidad

   El tema de la concentración se ha convertido en el más importante dentro de las reformas propuestas a la legislación para la radio y la televisión.

   Al comienzo de la semana, en la inauguración de la Conferencia el subsecretario de Gobernación, José Luis Durán Reveles, confirmó que el gobierno se propone enviar pronto una iniciativa de reformas a la Ley Federal de Radio y Televisión.

   Desde hace un año varios grupos de trabajo convocados por esa secretaría –y en los que han participado legisladores, dirigentes de partidos, empresarios, estudiosos e interesados en los medios– han discutido los temas centrales de esa actualización legal. Ahora una comisión prepara el borrador de la iniciativa.

   En estos días, por cierto, algún legislador del PRI dijo que su partido no fue invitado a tales discusiones. Eso es absolutamente falso. Representantes del PRI, así como al menos del PAN y el PRD, formaron parte de las reuniones de evaluación de la ley actual, de las cuales surgieron las propuestas que ahora son consideradas para un proyecto de nueva legislación.

   Esa discusión permitió establecer coincidencias pero, también, temas en los que no hay unanimidad. Todos aceptan que la legislación debe incluir el derecho de réplica que ahora no existe en los medios electrónicos, así como reglas más sencillas para el cumplimiento de las obligaciones que los concesionarios de estaciones de radio y TV tienen con el Estado y la sociedad.

   Pero será imposible que exista acuerdo pleno en temas que afectan directamente los intereses de quienes hasta ahora se han beneficiado con el régimen legal que, entre otras irregularidades, ha permitido una insólita concentración en la propiedad de los medios electrónicos.

   Es natural que los legisladores que tendrán a su cargo examinar esa reforma y antes el gobierno que se ha comprometido a presentar una iniciativa, quieran que todos estén conformes con los cambios que sean propuestos.

   Pero tendrán que elegir entre una reforma insubstancial que no implique cambios de fondo pero que suscite aplausos especialmente de los empresarios más poderosos, o una transformación de fondo en el régimen de los medios electrónicos en México.

   Tendrán que elegir entre la comodidad en el corto plazo –con todo y complacencia de los medios favorecidos con la inmovilidad legislativa– y, de otra parte, el diseño de una comunicación más útil a la sociedad con todo y los desafíos coyunturales que implique la construcción de ese nuevo esquema.

 

Temor a Televisa y Azteca

   A estas alturas de la discusión sobre el tema, tanto gobierno como partidos seguramente han entendido que sin un cambio significativo, que sea capaz de impedir una concentración mediática tan acentuada como la que hemos padecido en México, no habrá auténtica reforma y el de comunicación electrónica será un lastre cada vez más oneroso para el país.

   No parece, hasta ahora, que así lo esté reconociendo la mayoría de los partidos y los legisladores.

   Decidirse por una reforma que afecte intereses de Televisa y Televisión Azteca es una apuesta que no todos querrán hacer, por temor a represalias de esos consorcios.

   Pero dejar de emprender una modernización de tales dimensiones profundizaría un vacío jurídico en el cual aumentarán la influencia y la impunidad de esas empresas. La sociedad mexicana seguiría sujeta a solamente dos opciones de televisión nacional. Televisa y Azteca, cuando han competido, ha sido para lucrar con la televisión de discutible calidad que, con muy pocas excepciones, se han dedicado a producir durante años.

   En cambio una reforma que impida la concentración en una misma localidad de varios canales que sean propiedad de la misma empresa propiciaría, a mediano plazo, una diversificación de efectos virtuosos en la cultura, la información y desde luego en la política mexicanas.

 

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

 

 


El tema central

Competir con pluralidad

   El senador Javier Corral Jurado, que ha estado persistentemente comprometido en impulsar una legislación moderna y equitativa para los medios y la sociedad, define así el tema central de esa reforma:

   “El modelo que proponemos en este punto, es uno capaz de asegurar la competencia entre una pluralidad, cada vez más amplia, de intereses y expresiones. Es decir, una competencia abierta entre numerosos y diversos actores con capacidad para concurrir como definidores primarios de la agenda, en virtud de condiciones que les garanticen el ejercicio pleno de su derecho de acceso a los medios de comunicación de mayor alcance, sin distorsiones por parte de viejos             o nuevos definidores dominantes”.

   Presidente de la Comisión de Comunicaciones y Transportes del Senado, Corral explicó en la Conferencia de esta semana que dicha reforma no es tan peliaguda como a veces se piensa:

   “Tendría que ser un compromiso no sólo de esta Legislatura sino de esta generación de mexicanos para acordar, en la nueva normatividad de radio y televisión, reglas claras y eficaces para garantizar la pluralidad y el derecho de acceso a los medios”.

   Propuestas, ya existen. Sólo es asunto de ponerlas en práctica. Ello requiere decisión y acuerdos mínimos. El senador abundó sobre el método para una nueva legislación en esa materia:

   “La tarea es más sencilla de lo que parece, lo que acontece es que la reformabilidad de la ley cayó en un atraso que la simple idea modernizadora pone en pie no sólo la inercia de la resistencia al cambio, sino los grandes intereses intocados que en su defensa recurren, desde amedrentamientos, hasta el linchamiento público. Por ello se volvió un asunto inamovible desde hace 42 años entre actores políticos, gobierno, partidos y concesionarios. Ningún asunto ha tenido la intocabilidad legislativa como la Ley Federal de Radio y Televisión. La apuesta siempre es a la rentabilidad inmediata en el encuentro efímero de medios y campañas electorales que lamentablemente en México tenemos cada año”.

   Corral, cuya intervención no recibió espacios en la mayoría de los noticieros en televisión y radio, terminó diciendo: “En esta Quinta Conferencia Internacional hemos comprobado que hay nación; que somos país; que tenemos comunicadores que no le temen a un marco de derecho moderno; que hay voces valientes. ¡Ojalá que haya Congreso!”.


 

CONTEXTO

Competencia y reglas

en Estados Unidos

   En todo el mundo la sociedad y los estados buscan detener las prácticas monopólicas en la comunicación electrónica. La existencia de leyes que propicien la competencia es entendida como garantía para que exista un auténtico mercado de ofertas y públicos en la radio y la televisión.

   En su ponencia presentada el miércoles en el Salón Verde de la Cámara de Diputados el periodista Abraham Zabludovsky mencionó algunas experiencias de regulación anti monopolios. En Estados Unidos, la legislación federal “establece topes de mercado al que deben sujetarse las cadenas de televisión o los operadores de cable. En el caso de la televisión abierta, ninguna red puede alcanzar a más del 35 % de los televidentes con sus propias estaciones. Podrá alcanzar a todo el país, pero con estaciones afiliadas que no sean de su propiedad. Pero con estaciones propias –digamos, tenerlas en San Francisco, en Boston en Nueva York, en Los Angeles– no pueden llegar a más del 35 % del  auditorio. En el caso del cable, la norma es aún más rigurosa. Ningún cablero puede tener más del 30 % de los suscriptores de cable a nivel nacional en Estados Unidos”

   En aquel país la Comisión Federal de Comunicaciones “ha establecido reglas que impiden a una sola empresa ser propietaria de estaciones de televisión y periódicos en la misma ciudad.”

   En Estados Unidos “el que tiene periódico, no puede tener televisión en la misma plaza. Por ejemplo la compañía dueña del Washington Post, que tiene una división de televisión, no puede tener canales en la capital de los Estados Unidos y está prohibido que una misma empresa ofrezca simultáneamente servicios de televisión por cable en aquellos mercados en donde tenga estaciones de televisión abierta. Los topes de mercado impuestos a las grandes cadenas de los Estados Unidos no han impedido la conformación de redes con alcance nacional; se logra a través del sistema de afiliación mediante el cual se comparte a los eslabones de la cadena una proporción de los ingresos globales, lo que ha permitido el surgimiento de estaciones locales fuertes y bien financiadas para servir mejor al público en comunidades específicas”.

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