Desmemoriados radiodifusores

La Crónica, 10 de octubre de 2002

El grito ¡Prensa vendida! que los estudiantes de 1968 coreaban en sus manifestaciones no se refería únicamente a los diarios y revistas. También aludía a la televisión y la radio que aquel año –mintiendo, deformando e ideologizando las noticias sobre el movimiento estudiantil– fueron autoritarios instrumentos de propaganda del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz.

   Ahora el presidente de la Cámara Nacional de la Industria de Radio y Televisión, Bernardo Gómez, asume una actitud similar a la de aquellos medios empeñados en ocultar los hechos. Ayer, en la inauguración de la semana de los radiodifusores, ese directivo de Televisa aseguró que los empresarios de dicha industria fueron castigados por informar acerca de los acontecimientos de 1968.

   Gómez se refirió a la cuota del 12.5% de sus tiempos de transmisión que las estaciones privadas de TV y radio deben ofrecer al Estado. Esa obligación se debe a un acuerdo que el gobierno y los radiodifusores tomaron a mediados de 1969 a cambio de que fuese suspendido un impuesto del 25% sobre las ganancias de tales empresas que el Congreso, a propuesta de Díaz Ordaz, había aprobado medio año antes.

   Aquel impuesto era excesivo y al establecerlo quizá se conjugaron el afán por extender sus mecanismos de control y la soberbia paranoica que dominaba a ese presidente en su enfrentamiento con los estudiantes. Pero decir que la TV y la radio de aquella época dijeron la verdad acerca del movimiento estudiantil es muestra de ignorancia, o de petulancia equiparable a la de Díaz Ordaz hace 34 años.

   Sin embargo ayer el presidente de los radiodifusores demandó “que se resarza el adeudo histórico que se hizo a la industria por difundir los hechos de 1968 y ejercer su derecho a la libertad de expresión”.

   La pretensión de ese líder empresarial para que se modifique la obligación relativa al 12.5% es entendible. Pero resulta inaceptable que para respaldarla pretenda falsificar la historia.

   En 1968 los medios, con dos o tres salvedades en el campo de la prensa escrita, estuvieron incondicionalmente allanados a la versión que el gobierno propalaba acerca del movimiento estudiantil. Los pocos espacios informativos que había en la televisión y la radio de esos años se limitaban a repetir boletines que describían un México sin conflictos casi, cuya candorosa tranquilidad era conmovida por unos cuantos agitadores.

   Los medios electrónicos escondieron la realidad. Carlos Monsiváis ha recordado: “En 1968, la televisión privada se niega a difundir las posiciones de Movimiento. Se prodigan las calumnias y las llamadas al linchamiento moral, los noticieros delatan la insignificancia numérica de las marchas”. Las excepciones fueron el noticiario Excélsior  “que cubre adecuadamente las movilizaciones” y un programa conducido por Jorge Saldaña en donde participaron profesores que defendieron el punto de vista del movimiento estudiantil. “El único programa sobre el Movimiento consolida, acto seguido, la censura en televisión” (Julio Scherer García y Carlos Monsiváis, Parte de guerra. Tlatelolco 1968. Aguilar, 1999, pp. 183-184).

   No es verdad que en 1968 los radiodifusores hayan ejercido libertad de expresión alguna, al menos que la idea que Gómez tenga de esa prerrogativa se reduzca al aplauso oficialista, la sumisión y la mentira.

   Para no olvidarlo se pueden tener presentes palabras como las de Octavio Paz que en 1970 escribió en Posdata: “El movimiento estudiantil se inició como una querella callejera entre bandas rivales de adolescentes. La brutalidad policíaca unió a los muchachos. Después, a medida que aumentaban los rigores de la represión y crecía la hostilidad de la prensa, la radio y la televisión, en su casi totalidad entregadas al gobierno, el movimiento se robusteció, se extendió y adquirió conciencia de sí. En el transcurso de unas cuantas semanas apareció claramente que los estudiantes, sin habérselo propuesto expresamente, eran los voceros del pueblo. (Posdata, Siglo XXI, 1970, pp. 33-34).

   Es pertinente que se revise el 12.5% que se impone a los radiodifusores. Si no ha ocurrido así ha sido por el rechazo de las empresas de más grandes de esa industria a que se actualice la legislación para la TV y la radio. En vez de ese tiempo los radiodifusores podrían aportar una parte de sus ganancias para la creación de un fondo financiero de apoyo a los medios públicos.

   Todo eso puede discutirse en busca de acuerdos razonables. Pero si se trata de revisar adeudos históricos entonces habría que desmenuzar el pasivo que en tantos momentos y en tan diversos terrenos (cultura, política, ética, estética, etc.) tiene Televisa con la sociedad mexicana.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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