Círculo rojo

La Crónica, 31 de octubre de 2002

Anoche se transmitió el último programa de “Círculo rojo”, la serie que durante 15 meses y dos veces por semana mantuvieron los periodistas Carmen Aristegui y Javier Solórzano en el canal 2.

   Siempre es lamentable el fin de un espacio de información y reflexión. Pero la desaparición de Círculo rojo resulta especialmente sensible debido al esfuerzo de investigación e innovación que desplegaban sus conductores y productores en un medio hasta ahora casi impermeable a esos valores como ha sido la televisión. A pesar del infame horario al filo de la madrugada en el que fue quedando relegado cuando Televisa decidió privilegiar espacios mercantilmente más rentables, Círculo rojo logró notoriedad con investigaciones como la que confirmó y documentó los abusos del fundador de los Legionarios de Cristo.  

   Gracias a su trabajo profesional Aristegui y Solórzano se han ganado el respeto de amplios sectores de la sociedad. Sin embargo ahora, en contradicción con la exigencia que suelen tener con los más variados protagonistas de los asuntos públicos no han explicado (al menos no lo habían hecho hasta ayer por la tarde) las causas precisas por las que han debido suspender su serie en Televisa.

   Círculo rojo era coproducido por esa empresa televisora y por Imagen, la firma a cuya construcción contribuyeron Carmen y Javier, junto con Pedro Ferriz de Con, cuando los tres salieron del Grupo MVS a fines de 1999. Desde entonces han transmitido sus noticieros en Radio Imagen y no habían tenido problemas hasta que el mes pasado se quejaron de estar recibiendo presiones para modificar su línea editorial.

   Al parecer la incomodidad de esos periodistas se precipitó cuando los propietarios de Imagen designaron a Ferriz de Con como director editorial de los noticieros del grupo. Quien haya escuchado las opiniones de Ferriz, y las de Aristegui y Solórzano, habrá constatado que tienen discrepancias en muchos temas, especialmente en la evaluación que hacen del gobierno actual con el que el primero de ellos despliega una complacencia que a menudo parece complicidad.

   Sin embargo no ha sido claro en qué medida, en qué temas y sobre todo con qué consecuencias, la supervisión editorial de Ferriz habría significado una censura a las opiniones y al trabajo informativo de los otros dos conductores.

   Lo que se dijo desde hace varias semanas fue que, a partir de esas tensiones, Aristegui y Solórzano querían romper con Imagen y aceptar la invitación que Televisa les hizo para que se fueran a trabajar a sus áreas de radio y televisión. Pero según parece los contratos que esos periodistas tienen con Imagen establecen plazos aun distantes y cláusulas de rescisión cuyo pago es muy alto.

   Así que no está claro si se quieren ir de Imagen por motivos de censura (en cuyo caso sería saludable que precisaran en qué asuntos se les ha pretendido coartar su derecho a la expresión) o simplemente porque tienen interés profesional en integrarse más de lleno a Televisa.

   Aristegui y Solórzano suscitan intensas simpatías y extendido interés. La cancelación de su programa televisivo ha sido tema de primera plana en varios diarios. Pero no deja de ser paradójico que, tratándose de informadores conocidos por su afán inquisitivo ahora que ellos mismos son noticia, y no únicamente propagadores de noticias, no haya explicaciones claras sobre su situación laboral y acerca de la desaparición de su programa de televisión.

   Podría decirse, como explicación a ese silencio, que los litigios dentro de Imagen y los tratos entre esa empresa y Televisa son asuntos privados que conciernen solamente a esas compañías. Pero la presencia que tienen ellos y los medios donde trabajan hacen que periodistas como Aristegui y Solórzano sean personajes públicos cuyo desempeño profesional interesa a la sociedad.

   La evaluación que los ciudadanos puedan hacer de los medios tendría que estar alimentada por el conocimiento puntual de su situación empresarial. Sin embargo en México las empresas de comunicación todavía no se acostumbran a enterar a la sociedad acerca de sus finanzas, su estructura o sus planes de expansión. Solamente anuncian decisiones y contrataciones cuando así conviene a sus afanes propagandísticos.

   En otros países, a la información acerca de los medios los periódicos la cubren como una fuente peculiar y la ubican en las secciones de negocios o de acontecimientos políticos. En México la situación de las empresas de comunicación es el único tema respecto del cual muchos noticieros de radio y televisión siguen reacios a informar y cuando esos asuntos llegan a los periódicos todavía es frecuente que aparezcan en las páginas de espectáculos.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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