Un gángster en horario AAA

La Crónica de Hoy, 26 de agosto de 2001

De cuando en cuando, desde hace siete años, algunos medios de México y Estados Unidos le dan espacio a las declaraciones de Guillermo González Calderoni, un ex comandante de la policía judicial acusado de cómplice del narcotráfico y que permanecería en la oscuridad de no ser por la notoriedad que sabe ganar en periódicos y estaciones de televisión.

Ahora ha sido Televisa. El noticiero estelar de esa corporación, conducido por Joaquín López Dóriga, dedicó amplios segmentos el jueves y el viernes a reseñar las declaraciones de González Calderoni, que se encuentra en Estados Unidos desde que en 1992 el gobierno mexicano se decidió a aprehenderlo, acusándolo de delitos como enriquecimiento ilícito.

Esas declaraciones no son noticia. González Calderoni las ha repetido cada vez que puede y la transmisión en la televisión de Estados Unidos en donde se dieron a conocer según afirmó el noticiero de Televisa, no fue difundida ahora sino en octubre del año pasado.

 

Noticias poco nuevas

El ex comandante, cuya estrecha relación con algunos de los narcotraficantes más conocidos en la década pasada derivó en vinculaciones más que sospechosas, aseguró que el asesinato de dos cercanos colaboradores del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas cuatro días antes de las elecciones de julio de 1988 había sido solicitado por los hermanos Raúl y Carlos Salinas de Gortari. Eso le habría dicho a González Calderoni nada menos que Juan García Abrego, ex jefe del cártel del Golfo cuando el comandante acudió, a comienzos de los noventa, a solicitarle que se entregara.

La declaración de González Calderoni es inverosímil por varios motivos. No había razón para que el entonces candidato presidencial del PRI quisiera entorpecer las elecciones con un crimen como el que se perpetró contra Francisco Xavier Ovando y su colaborador Manuel Gil Heraldez, miembros del equipo campaña del Frente Democrático Nacional. La investigación que se desarrolló sobre ese crimen, encabezada por colaboradores de Cárdenas, no encontró evidencias en tal sentido. González Calderoni asegura que esa versión se la dio un narcotraficante que por lo visto le tenía gran confianza y al que no encarceló como era su obligación.

Lo más notable en la transmisión que Televisa hace de esas declaraciones es que no son nuevas.

Se entendería que el programa de López Dóriga las diera a conocer porque un noticiero ofrece, precisamente, noticias.

Pero se trata de afirmaciones que fueron difundidas hace diez meses y que, inicialmente, habían sido publicadas en 1995.

El jueves al mencionar esas declaraciones López Dóriga dijo que habían sido transmitidas por “la televisión pública” de Estados Unidos.

Eso es cierto. Pero no dijo que fueron difundidas en el programa Frontline de la cadena Public Broadcasting System la noche del 10 de octubre de 2000 como parte de un amplio reportaje acerca del narcotráfico.

 

Informante de la DEA

González Calderoni se fue a Estados Unidos cuando a fines de 1992 la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, entonces presidida por el doctor Jorge Carpizo, le ofreció al presidente Carlos Salinas evidencias de que ese comandante mantenía el control de redes de corrupción y complicidad en la Procuraduría General de la República. Una filtración sobre la que hay varias versiones le permitió a González Calderoni escapar a Estados Unidos en donde recibió protección de la DEA. Para entonces se estimaba que ese comandante había acumulado una fortuna de 400 millones de dólares.

González Calderoni, que llegó a dirigir la División de Investigaciones contra el Narcotráfico de la PGR, destacó al participar en la persecución de varios casos criminales. Esa experiencia y las relaciones que había construido, especialmente en el submundo del narcotráfico, lo hicieron informante atractivo para la DEA.

De la cobertura que le proporcionó esa agencia estadounidense hay varios testimonios, aunque ahora González Calderoni niega haber colaborado con ella. En septiembre de 1994 el entonces corresponsal de unomásuno en Washington, el periodista Rodolfo Medina, informó que al menos durante más de un año ese personaje, hasta entonces prófugo, “estuvo bajo protección de la agencia antinarcóticos, DEA, de Estados Unidos, que no solo conocía perfectamente cada uno de sus pasos en territorio estadounidense sino que lo ‘exprimió’ en calidad de informante… González Calderoni, identificado como uno de los principales protectores de narcotraficantes durante su paso por la PGR, incluso fue trasladado durante 15 días a El Paso, Tejas, en donde se encuentra el más sofisticado centro de inteligencia coordinado por las ocho principales agencias estadounidenses antinarcóticos, y en donde fue interrogado ‘de manera intensiva’…”

El ex comandante había permanecido más de un año oculto por autoridades estadounidenses hasta que fue presentado, en atención a una solicitud de extradición del gobierno mexicano, para ser sometido a un juicio en McAllen.

 

Testigo a la fuerza

La PGR había acusado a González Calderoni de enriquecimiento ilícito, abuso de autoridad y tortura. El primer cargo fue rechazado porque en Estados Unidos no existía la figura legal de enriquecimiento ilícito. Los otros dos estaban sustentados, entre otras pruebas, en el testimonio del periodista Felipe García Zepeda que el 13 de enero de 1990 presenció la tortura de varios miembros de la familia Quijano Santoyo (algunos de los cuales habían sido acusados de complicidad con el narcotráfico) en los separos de la Policía Judicial Federal.

García Zepeda había sido detenido por un altercado con varios agentes y casualmente le tocó presenciar el abuso contra los Quijano. La tortura, según dijo, era encabezada por el comandante González Calderoni.

Sobre ese incidente García Zepeda escribió el libro Testigo a la fuerza (Edamex, México, abril de 1993). Luego en el libro El imperio de la impunidad (Selector, México, julio de 1994) ese periodista narra detalladamente el intento de un enviado de González Calderoni para sobornarlo, y si no era posible entonces intimidarlo, con tal de que se desdijera de las acusaciones contra el comandante.

El testimonio de García Zepeda era clave en la acusación contra González Calderoni. El periodista lo ratificó ante el Ministerio Público y con esa evidencia la PGR apuntaló la causa contra el ex comandante.

Sin embargo, cuando fue llamado a McAllen para sostener su declaración García Zepeda se desdijo de ella. El 21 de diciembre de 1994 un juez federal en Texas negó la extradición.

La misma cantinela

González Calderoni se quedó a vivir en McAllen. Desde allá de cuando en cuando hace declaraciones a la prensa. En todas ellas dice lo mismo: endereza acusaciones que nunca ha respaldado con documentos, asegura que tiene revelaciones muy importantes que dará a conocer si el gobierno mexicano le garantiza impunidad y se ufana de la relación cercana que tuvo con importantes capos de la droga.

El 2 de julio de 1995 El Financiero publicó declaraciones de González Calderoni idénticas a las que ahora, seis años después, Televisa presentó como noticias.

Entre el 15 y el 17 de julio de 1995 Excélsior dedicó sus ocho columnas a una larga entrevista que el enviado Rafael Medina Cruz le hizo al ex comandante prófugo de la justifica mexicana.

Del 17 al 19 de junio de 1996 El Financiero publicó una entrevista del reportero Miguel Badillo con González Calderoni en su exilio tejano.

El de diciembre de 1996 The New York Times dio a conocer (y varios diarios estadounidenses y mexicanos reprodujeron) un reportaje del corresponsal Sam Dillon sustentado en una detallada conversación con el mismo personaje.

El 10 de octubre de 2000 la cadena PBS transmitió fragmentos de la entrevista con González Calderoni de la cual el noticiero de López Dóriga tuvo noticia apenas el jueves pasado.

Antier, viernes 25 de Agosto de 2001, ese periodista conversó con González Calderoni que se encontraba en la ciudad de Texas donde radica.

En cada una de esas entrevistas el ex comandante, en términos generales, repite igual cantinela: él, que estuvo cercano al poder político, quiere decir toda la verdad pero a cambio exige protección del gobierno mexicano –como la que ha tenido del gobierno de Estados Unidos–.

De lo que no habla González Calderoni en esas entrevistas es de las acusaciones que se le han fincado por acumular una enorme fortuna, auspiciar negocios del narcotráfico y participar en actividades ilegales como la tortura.

 

A ocho columnas

El 20 de julio de 1995, después del enorme despliegue que Excélsior dio a las declaraciones del ex comandante, el autor de esta columna escribió en el semanario etcétera:

Para el gobierno mexicano, el señor Guillermo González Calderoni ha sido torturador, contrabandista, ha cometido abuso de autoridad y se ha beneficiado de enriquecimiento inexplicable. Para el diario Excélsior ese individuo tiene confiabilidad suficiente para merecer sus ocho columnas durante tres días seguidos.

“Aparentemente, todo se debería a la moda de reivindicar hoy a aquellos que, independientemente de quiénes hayan sido y qué hayan hecho, participan de la denostación contra el ex presidente Carlos Salinas. González Calderoni, ex comandante de la policía judicial, manifiesta ahora que Salinas le ordenó espiar al PRD y que, aun cuando él no participó directamente en ellos, tiene indicios de ilícitos dispuestos por el ex presidente mexicano.

“Pero es posible que haya más que interés antisalinista en el ostentoso despliegue que Excélsior dio a las declaraciones de González C. los días 15, 16 y 17 de julio. Más que los cuestionamientos a Salinas, la entrevista que le hace el reportero Rafael Medina Cruz en McAllen, donde González C. se encuentra protegido de las denuncias de la justicia mexicana, se singulariza por una insistente autojustificación del ex policía.

“Una vez y otra también, el reportero colma de adjetivos laudatorios a su interlocutor, en lo que de esa manera resulta un texto comprometido más allá del diálogo periodístico. Medina se refiere al ex comandante judicial como ‘experimentado policía’, ‘experimentado e informado’, ‘indignado’ ‘serio, reflexivo’ y, en una frase que si el asunto no fuera tan desagradable podría ser tomada como muestra de humor involuntario, escribe que ‘su apariencia, más que la de un policía parece la de empresario’.

“Los lectores de Excélsior, al leer la nota sin contexto adecuado, pudieran pensar que se trata de una auténtica pieza de audacia e investigación periodística. No es así. González Calderoni, desde que en 1993 huyó a los Estados Unidos, ha estado frecuentemente disponible para los periodistas mexicanos, entre quienes supo cultivar amistades por lo visto redituables. Cuando el septiembre pasado se le seguía juicio en Texas para desahogar la demanda de extradición presentada por el gobierno mexicano, amenazó con decir ‘cosas, muchas cosas’, en caso de que persistieran las presiones para traerlo a nuestro país. ‘Me estoy acordando de mucho’, se ufanaba desafiante, con frases idénticas a las que ahora a Excélsior le parece que ameritan sus ocho columnas”.

Eso fue hace más de seis años. Los televidentes de El Noticiero de López Dóriga reconocerán las mismas frases del ex comandante en la conversación que se transmitió el viernes. Nada nuevo.

Patriótica preocupación

Después de aquella publicación el escritor Héctor Aguilar Camín comentó, en Nexos de agosto de 1995:

“La opinión pública, por su parte, parece dispuesta a creerle al mismo diablo y a poner la iglesia de su credulidad en manos de Lutero, si Lutero y el diablo confirman sus juicios previos. En este sentido, el último prospecto de héroe cívico venido de los sótanos de la justicia mexicana es el comandante Guillermo González Calderoni, uno de los fascinantes y siniestros personajes de la era del narco mexicano, perseguidor y protector simultáneo de grandes capos, que llegó a tener en su nómina personal a varias decenas de policías judiciales de la PGR, antes de salir prófugo y acogerse al programa de protección de testigos de la DEA y el FBI estadunidenses.

“Patrióticamente preocupado por el principal problema de México que, según él, es ‘la credibilidad’, González Calderoni reapareció, primero, en la primera plana del diario capitalino El Financiero, diciendo al FBI que Raúl Salinas de Gortari le había mandado eliminar a los asesores de Cuauhtémoc Cárdenas, Javier Ovando y Ramón Gil Heraldez, asesinados días antes de la elección presidencial de julio de 1988 (El Financiero, 2 de julio de 1995). Confirmó su regreso a la crítica independiente y el compromiso con la justicia, en la primera plana de Excélsior, para desmentir la versión del homicidio dada por El Financiero, a cambio de una inculpación de más amplio rango, no del homicidio, pero de otras incontables fechorías, al ex presidente Salinas, por quien González Calderoni estuvo dispuesto ¡hasta a violar la ley! (Excélsior, 15, 16 y 17 de julio, 1995)”.

 

Murder and money

Cada comparecencia mediática del ex comandante asilado en Texas permite remover los archivos y la memoria. Así el año pasado, una semana después de que la PBS difundió la entrevista de televisión, el 18 de octubre de 2000 el periodista Jack D. McNamara, autor de la columna The Nimby News que comenta con ánimo peculiarmente ácido los problemas de la frontera entre Estados Unidos y México escribió que era extraño que esa cadena no hubiera recordado una investigación realizada en 1998 por sus propios reporteros llamada “Murder, Money and Mexico”. En aquel programa se decía que “a mediados de los ochenta mientras Amado Carrillo Fuentes se fortalecía como narcotraficante, se decía que le pagó a González Calderoni un millón de dólares para asesinar a Pablo Acosta Villarreal”.

Acosta, recuerda McNamara, fue asesinado de un balazo en la cabeza el 24 de abril de 1987 en Santa Elena, México, al sur del Río Grande, durante una batida encabezada por González Calderoni. Su muerte le dejó a Carrillo Fuentes el camino despejado para consolidar su poder como el principal narcotraficante en esa región.

“La acusación de que Calderoni asesinó a Pablo Acosta inducido por un millón de dólares de otro capo del narcotráfico es frecuentemente ignorada en la extensa cobertura de prensa que Calderoni atrae y vuelve apetitosa. Artículos en el Miami Herald, el Wall Street Journal y el New York Times describen la carrera del comandante con encabezados como ‘Ex policía da a conocer historias de la corrupción en México’ por Sam Dillon en el New York Times”.

El periodista McNamara sintetiza la manera como el ahora ex comandante pudo haber servido y a la vez usado a varios poderes: “Calderoni les quitó la vida y la libertad a algunos capos del narcotráfico. Calderoni recibió dinero de otros capos del narcotráfico por ese servicio y al mismo tiempo recibió distinciones y promociones de su propio gobierno, el mexicano, y también del gobierno de Estados Unidos”.

“Si el comandante Calderoni estaba pagado por Amado Carrillo para matar (y no capturar) a Pablo Acosta, entonces la corrupción sistémica del Partido Revolucionario Institucional (PRI) era más ancha, más profunda y más vieja de lo que muchos de nosotros quisiéramos admitir. Somos reacios a admitirlo porque Estados Unidos tendría que compartir la culpa”.

 

“Verdadero gángster”

La impunidad de González Calderoni no se ha debido a la desmemoria, porque sus abusos y las acusaciones que hay sobre él han sido difundidos una y otra vez.

El periodista Jorge Fernández Menéndez ha considerado que el ex comandante es “un verdadero gángster” (El Financiero, 29 de junio de 1996). El analista Gustavo Hirales escribió que González Calderoni es famoso “por haber sido (¿lo es todavía?) uno de los policías más ricos de México y por la leyenda negra que lo acompaña: es un sanguinario sicópata, ebrio de sangre y de poder” (El Nacional, 28 de junio de 1996).

Si esa fama del ex comandante es tan extendida y si han sido tan conocidos los tropiezos de varios medios al darle tribuna a sus jactancias e imputaciones desde el otro lado de la frontera en donde se guarece de la justicia mexicana, ¿por qué Televisa le dedicó el jueves y el viernes pasados varios minutos en horario AAA en El Canal de Las Estrellas? ¿Por qué un periodista con tanta experiencia como Joaquín López Dóriga le ofrece a González Calderoni tal espacio? ¿Por qué se difunden acusaciones no demostradas que González ya había hecho públicas hace seis años con un mes y de nuevo hace diez meses como si fueran auténticas noticias? Los televidentes de ese noticiero, que no son pocos, merecen una explicación.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

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