PRISA y Televisa, alianza impugnable

La Crónica, 25 de octubre de 2001

El domingo 14 de octubre la residencia de la embajada mexicana en España fue escenario de una ceremonia inusual. El presidente Vicente Fox atestiguó la firma del contrato mediante el cual el grupo español PRISA adquiere el 50% de las acciones de la cadena Radiópolis al asociarse con Televisa.

   Jesús de Polanco, el influyente propietario de PRISA suscribió el convenio con Emilio Azcárraga Jean. El presidente mexicano fue testigo de calidad aunque, como se ha comentado en distintos medios, todo parece indicar que sus asesores no le explicaron que ese acuerdo puede ser ilegal.

   Esta es la segunda gran incursión de PRISA en el mercado de los medios en México. La anterior ocurrió cuando en julio de 1993 compró el 49% de las acciones del periódico La Prensa junto con el ex banquero Carlos Abedrop que fungía como socio mayoritario. En mayo de 1996 Abedrop vendió sus acciones a la Organización Editorial Mexicana de Mario Vázquez Raña en una operación que tomó desprevenido al consorcio español. PRISA decidió vender también su parte y De Polanco se fue muy disgustado, asegurando que no volvería a hacer negocios en México hasta que el gobierno le garantizara la estabilidad de sus inversiones. El empresario español culpaba al gobierno de Carlos Salinas por no haber asegurado que la propiedad de La Prensa se conservara tal y como PRISA la había pactado.

   Ahora ese grupo hispano considera que las cosas en México han cambiado. El mismísimo presidente de la República apadrinó la transacción por 50 millones de dólares, más otros 10 que se destinarán a una ampliación de capital, merced a los cuales obtiene el control de la división Radio de Televisa. Ese monto le da a PRISA el derecho a designar al director general de las 17estaciones radiodifusoras que conforman a Radiópolis en tanto que Televisa nombrará al gerente de esa área.

   La presencia del presidente Fox constituye, a no dudarse, una garantía del beneplácito del gobierno mexicano con esa operación. Sin embargo es posible que PRISA se lleve su segundo revés en menos de seis años en lo que respecta a sus asuntos en México.

   Aliarse con Televisa no suele ser, para nadie, garantía de expansión mediática con calidad. Abundan las experiencias de empresas y profesionales de la comunicación que después de algún tiempo han encontrado que las prioridades del consorcio avecindado en Avenida Chapultepec y San Ángel son tan desalmadamente mercantiles que cualquier otra consideración se sacrifica a los negocios en demérito de la calidad de los contenidos y, desde luego, de los intereses de sus aliados.

   Los dueños de PRISA tampoco son hermanitas de la caridad ni, en todos los casos, desarrollan una comunicación con la excelencia que algunos en México creen que tienen sus productos mediáticos. En nuestro país a ese consorcio se le conoce fundamentalmente porque es propietario de El País, indudablemente el periódico mejor hecho en nuestro idioma. Pero más allá de ese diario PRISA controla disqueras, radiodifusoras y es socia de canales de televisión y empresas de cine en donde hay de todo.

   El País mismo, junto con el deleite que significa leerlo cada mañana (lo único que quedó de su alianza en La Prensa fue la impresión cotidiana de una versión reducida de la edición principal que se elabora en Madrid) aparece cada vez más supeditado a los intereses mercantiles que a los criterios de excelencia que postula su paradigmático Libro de Estilo. Los autores cuyos libros reseña el periódico suelen ser aquellos que publican las editoriales filiales de PRISA, por ejemplo. Ese abandono del rigor periodístico ha sido deplorado por antiguos colaboradores de El País como el profesor José Manuel de Pablos Coello que recientemente publicó el libro El periodismo herido (Foca Ediciones, Madrid, 2001), un riguroso estudio acerca de los despropósitos en los que ha caído el diario.

   Así que el hecho de que llegue a México no es garantía de que PRISA promoverá una radio sustancialmente distinta a la que hasta ahora ha singularizado a las emisoras de Televisa. El sabor rancio de estaciones como XEW, cuya incapacidad para renovarse ha sido resultado de las inercias y también del afán por la ganancia fácil que prevalecen en el consorcio de Azcárraga Jean, es evidencia de esa circunstancia.

   Desde luego habrá cambios porque para competir en el ahora muy disputado panorama de la radio mexicana las estaciones de Radiópolis tendrían que sacudirse la modorra de varias décadas. Pero antes de ello tendrá que demostrarse que la participación accionaria de PRISA no es ilegal pues nuestra Ley Federal de Radio y Televisión prohíbe la intervención de extranjeros en los medios electrónicos. Mañana seguiremos con este asunto.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

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