La disputa por Excélsior

La Crónica de Hoy, 22 de julio de 2001

Nueve meses después de la sustitución de su director general y de haber declarado su independencia respecto del gobierno, el destino de Excélsior sigue siendo incierto. El que durante varias décadas fuera el diario más importante de México y uno de los principales en América Latina padece una profunda crisis financiera y no ha logrado renovar su oferta informativa ni editorial, a pesar de los esfuerzos de sus trabajadores.

   El 20 de octubre del año pasado la historia de Excélsior, que llevaba casi un cuarto de siglo adherido al poder político, experimentó un viraje drástico aunque aun no se sabe si fue definitivo. Ese día los trabajadores del diario expulsaron a los principales funcionarios editoriales y administrativos y nombraron una nueva directiva.

   Fundado en 1917, cuando todavía estaban presentes las tensiones por la guerra de Revolución en México, Excélsior se transformó en cooperativa en 1932. Desde entonces fue propiedad de sus trabajadores. A la asamblea de cooperativistas corresponde designar a las autoridades del diario y conocer la situación financiera. Ese régimen de propiedad permite que las ganancias de la empresa se distribuyan entre todos pero tiene inconvenientes: las asambleas no siempre son el mejor espacio para tomar decisiones periodísticas o financieras.

 

Expulsión hace 25 años

   En julio de 1976 una asamblea de cooperativistas destituyó al director de Excélsior, Julio Scherer García, quizá el periodista más destacado en la segunda mitad del siglo XX mexicano. Scherer y docenas de colegas suyos que junto con él salieron del periódico aseguraron que aquella asamblea había sido manipulada por el gobierno para acabar con su gestión, durante la cual había hecho de Excélsior el diario más profesional de la prensa mexicana en aquella época. Otra versión indica que ese periodista había perdido la confianza de los cooperativistas porque, al hacer un periódico menos adocenado a la voluntad del gobierno, sus ingresos publicitarios habían caído significativamente. En México, y ese no es un secreto, todos los diarios y revistas dependen, en diversos grados, de la publicidad pagada por el gobierno.

   Para sustituir a Scherer los trabajadores de Excélsior, manipulados o no, designaron a Regino Díaz Redondo. A raíz de aquel episodio los periodistas que salieron del diario fundaron nuevas y vigorosas publicaciones. Scherer y sus más allegados crearon el semanario Proceso. Otros, encabezados por Manuel Becerra Acosta, fundaron el diario Unomásuno de donde varios se escindieron más tarde para en 1984 crear La Jornada.

   La escuela del Excélsior de los años setenta se extendió e incluso, no desapareció del todo en ese mismo diario. Aunque con altibajos, el periódico mantuvo parte de la calidad que había logrado en la administración anterior y, por mucho que les pesara a quienes habían salido de él y a los muchos lectores que simpatizaban con ellos, al menos durante 10 años más Excélsior siguió siendo el diario más importante de México.

   Una de las claves de su éxito era la complacencia del gobierno que no sólo patrocinaba generosamente cada edición de Excélsior sino que de lo favorecía con informaciones exclusivas o privilegiando a sus periodistas. Otra, era el profesionalismo que distinguió a muchos de los reporteros y escritores de ese periódico. En sus páginas tamaño diario, cuya diagramación cambió poco en el transcurso de varias décadas, había cabida para densos y extensos textos que no encontraban espacio en el periodismo light y breve de publicaciones más nuevas o en las dimensiones estrechas de los nuevos periódicos tamaño tabloide.

 

Diario viejo, sociedad nueva

   Excélsior siguió siendo el diario mexicano de referencia pero se estancó en sus laureles. En los años noventa, mientras se desarrollaba una prensa de mayor búsqueda en forma y contenidos y en ocasiones apoyada por grandes capitales ese diario mantenía, en lo fundamental, las mismas características que lo habían distinguido 20 años antes. Tenía excelentes reporteros y en sus espacios de opinión participaban analistas relevantes, pero se rezagaba respecto de periódicos más dinámicos y mejor sintonizados con los cambios que experimentaba la sociedad mexicana.

   Los principios éticos no fueron la mejor virtud de Excélsior en esa época. No puede decirse que todos los que hacían el diario estuvieran supeditados a intereses extraperiodísticos, pero sí que algunos de sus directivos y reporteros ejercían un tráfico de influencias que en ocasiones, lindaba con la corrupción. En la década anterior no fue un secreto que muchas de las notas que aparecían en la columna política cotidiana de Excélsior (llamada “Frentes Políticos”) eran pagadas, igual que muchas informaciones que aparecían, en distintas páginas, como si fuesen material investigado por los reporteros. Esa ha sido y sigue siendo una práctica de numerosos periódicos mexicanos que no le advierten al lector cuándo una información es en realidad material publicitario que se presenta como noticia. Excélsior era de los diarios que más acudían –y lo sigue haciendo– a ese recurso.

   Excélsior se volvió un diario viejo en una sociedad que comenzaba a modernizarse. El cambio político que se extendió en México hizo poca mella en las páginas de ese periódico. Tal incapacidad para cambiar influyó para que desde mediados de la década pasada el diario entrase en una aguda crisis financiera. Hacia 1995 la empresa que edita el periódico El Economista intentó comprar Excélsior pero los trabajadores de la cooperativa se opusieron. En aquel momento se habló de una transacción que podía ascender a 250 millones de dólares. Además del nombre y la tradición periodística que implica, Excélsior tenía un considerable patrimonio inmobiliario. El edificio principal del periódico ocupa un enorme predio en la esquina de Reforma y Bucareli, uno de los sitios más transitados de México y en donde el terreno es más costoso.

   Excélsior puso resolver aquella crisis gracias a un crédito bancario que le facilitó el gobierno. Pero después de aquel intento cada año había versiones sobre una posible venta. Cada vez que se reunía la asamblea de cooperativistas negaba esas versiones y al día siguiente la primera plana del diario proclamaba que la empresa no cambiaría de manos. Sin embargo las deudas crecían y los trabajadores comenzaron a preocuparse realmente cuando advirtieron que había dificultades paga pagarles sus salarios. Aunque aseguraba que imprimía más de 100 mil, los ejemplares diarios de Excélsior no eran más de 35 mil (de los cuales quizá se vendía apenas la mitad).

 

Se enfrentó a Fox y perdió

   Maltrecho financieramente, en el plano político Excélsior hizo una apuesta que lo devastó. Durante la campaña previa a la elección presidencial del 2 de julio de 2000, el periódico apoyó abiertamente la candidatura del PRI, el partido que había gobernado México desde 1929. No fue solo una definición editorial: el contenido informativo del periódico se volcó a favor del candidato de ese partido, Francisco Labastida, y las notas sobre la campaña de Vicente Fox eran relegadas. Incluso el 7 de junio Excélsior destinó sus ocho columnas a publicar como noticia parte del contenido de un panfleto en donde se difamaba a Fox y se hacían acusaciones no comprobadas sobre los fondos con los que sostenía su campaña. El distanciamiento entre Excélsior y ese candidato era evidente. Dos días después de las elecciones el director del diario, Regino Díaz Redondo, tuvo que publicar en primera plana un texto suyo reconociendo que había estado en contra de Fox pero que en adelante, no sería “un periódico de oposición ni de rencores”.

   La oposición, en realidad, Díaz Redondo la tenía en su propia casa. La incertidumbre sobre el rumbo de Excélsior era comentada dentro y fuera del periódico. La situación financiera no permitía que los salarios de los trabajadores se pagasen a tiempo y completos. Entonces Díaz Redondo buscó un inversionista para ofrecerle el periódico.

   Al parecer se contemplaron varias posibilidades. Durante meses circularon los nombres de algunos de los empresarios mexicanos más adinerados como posibles compradores de Excélsior. En octubre Díaz Redondo llegó a un acuerdo con Olegario Vázquez Raña, dueño de los hospitales privados más grandes de México, de una docena de aeropuertos y de otros negocios dentro y fuera del país.

   No se ha revelado con precisión el monto que hubiera alcanzado esa transacción. Olegario Vázquez (cuyo hermano Mario es propietario de la Organización Editorial Mexicana, que reúne a varias docenas de periódicos en todo México) asegura que para formalizar la compra le puso como condición a Díaz Redondo que fuese aprobada por la asamblea de cooperativistas. Después de todo, el monto de la transacción tendría que ser distribuido entre ellos. Como muestra de su compromiso Olegario Vázquez hizo un depósito de cien millones de dólares.

 

Nueva e incierta etapa

   Díaz Redondo citó a asamblea para el 20 de octubre de 2000. Los rumores sobre la propuesta de venta tenían incómodos a los cooperativistas y muchos pensaron que Díaz Redondo se aprovecharía de ellos para lograr una operación donde él llevaría una ganancia muy alta. Esas versiones y la desazón que causaba la posibilidad de perder el diario, junto con agravios acumulados por varios años, condujeron a una rebelión de los trabajadores de Excélsior.

   A la asamblea asistieron 773 de los 916 miembros de la cooperativa. En vez de discutir la venta, aprobaron por mayoría la destitución de Díaz Redondo y otros 11 directivos, todos miembros de la cooperativa. La reportera Patricia Guevara fue electa como nueva directora general. “Excélsior recupera su independencia; no está en venta”, rezaba al día siguiente una destacada información en la primera plana del periódico.

   La decisión de los trabajadores de Excélsior fue vista con simpatía en diversos segmentos de la sociedad y la política mexicanas. Ello no ha bastado para redimir al periódico de las contrariedades económicas que ya padecía. Algunas empresas que no se anunciaban en Excélsior comenzaron a hacerlo y otras aumentaron sus inserciones pagadas. Sin embargo, con pocos recursos, el diario no ha experimentado una renovación notable. La mayor parte de sus reporteros y articulistas forman parte de la plantilla que trabajó bajo la dirección de Díaz Redondo. En marzo de 2001 Excélsior celebró su 84 aniversario pero se mantenían dudas sobre su destino. Muchos cooperativistas consideraron que podrían evitar que su empresa se hundiera financieramente pero otros comenzaron a evaluar la posibilidad de aliarse con un inversionista o, de plano, la venta de la casa Excélsior.

   Díaz Redondo y quienes fueron expulsados con él dijeron que sus derechos legales fueron violentados y tramitaron una reparación judicial. En respuesta, los actuales directivos de Excélsior aseguraron que en octubre de 2000 Díaz Redondo ya había tramitado la venta de bienes del diario, lo cual podía haber sido ilegal porque esa operación no la había aprobado la cooperativa.

   Cada día que pasa y el diario aparece, los nuevos directivos de Excélsior daban un paso adelante. La circulación no mejoró sustancialmente pero, según ellos mismos,  lograron suficientes cobrar facturas para sufragar los gastos de sus primeros meses a cargo de la empresa. 

   Las dificultades de fondo no se resolvieron. Se mantuvo una deuda fiscal que según se dijo hace varios meses llegaba a cerca de 40 millones de dólares y toda la infraestructura del periódico requiere de un remozamiento que sólo podría conseguirse con una importante inyección de capital.

 

Nuevo litigio

   Nueve meses después de cambiar de director, los cooperativistas de Excélsior aún dudan entre mantenerse como dueños del periódico o encontrar un socio en el cual puedan confiar. La revuelta que protagonizaron el 20 de octubre aun dista de haber rendido suficientes frutos.

   Peor aún, igual que le ocurrió a Scherer hace un cuarto de siglo y a Díaz Redondo en octubre pasado, el principal adversario de la cooperativa siguen siendo los cooperativistas mismos.

   Rivalidades internas, disputas por el liderazgo y según algunos la injerencia de fuerzas ajenas al periódico han vuelto a poner a Excélsior en riesgo de llegar a la quiebra política, aunque pudiera evitar la de carácter económico.

   El lamentable enfrentamiento de los últimos días expresa la ausencia de espacios y de una confianza mutua suficientes para que los periodistas del diario resuelvan sus problemas entre ellos mismos.

   Unos, acusan a otros de estar patrocinados por el sindicato de los petroleros. Los que reciben esa imputación replican, a su vez, que sus adversarios son manejados por Díaz Redondo.

   No hay, en todo caso, consideraciones profesionales, o de línea editorial, que se hagan explícitas en el actual litigio por la cooperativa Excélsior.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

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