Fox extablece la agenda

La Crónica de Hoy, 6 de noviembre de 2001

El presidente se enoja porque los medios no se ocupan de los asuntos que él considera fundamentales. Pero los temas cuya cobertura le ha parecido inadecuada no fueron inventados por la prensa. Más aun: él mismo y sus colaboradores, inclusive su esposa han realzado, para promover en los medios, las que ahora el presidente Vicente Fox considera “una sarta de babosadas”. Él ha establecido, en buena medida, la agenda pública con la que ahora se inconforma.

   Precisamente ahora el tema que domina la atención de periodistas y comentaristas es la animosidad presidencial hacia los medios. Seguramente en el país hay otros asuntos relevantes. Pero las acusaciones del licenciado Fox son tan insólitas, en un tono tan áspero contra los medios a los que en otras ocasiones ha considerado aliados suyos, que resulta imposible no detenerse en ellas.

   Periodistas en muy diversos medios coincidieron ayer en discrepar de las apreciaciones del Presidente. Esta es una brevísima antología.

   “El presidente ahora sí se fue hasta la cocina con la prensa mexicana… Preocupa que esté tan intolerante frente al ejercicio de la crítica… No es una declaración menor porque a final de cuentas la crítica es un elemento fundamental en el ejercicio de la democracia”. Carmen Aristegui en la radiodifusora Imagen informativa.

   “La culpa de lo que está pasando en México no es responsabilidad de los diarios y semanarios sino de un gobierno que carece de rumbo y que todo lo ha circunscrito a la inmediatez, al botepronto, a la verborrea, a las ‘ocurrencias’ y al ‘hoy’, ‘hoy’, ‘hoy’, sin preocuparse qué ocurrirá mañana”. Francisco Cárdenas Cruz en El Universal.

   “Un Presidente como Fox, cuyo éxito electoral radicó fundamentalmente en un casi generalizado respaldo en los medios de comunicación, por lo visto ha decidido romper lanzas con esos mismos medios de comunicación. Las críticas a su gobierno, unas justas, otras injustas, han provocado esa inusitada reacción. Lanzó el guante, ahora le llevará cinco años eludir un duelo que a él, menos que a nadie, le conviene”. Café Político, en El Heraldo de México.

   “El Presidente tiene un problema serio de caída de imagen, de pérdida de optimismo entre la población. ¿Qué hacer? Es la pregunta que ronda en Los Pinos. Una de las respuestas es esa: echarle la culpa a la prensa. Sin embargo esa estrategia no va a traer la recuperación del empleo, ni va a abatir la inseguridad, ni va a crear un ambiente público menos enconado y tenso”. Pablo Hiriart en La Crónica de Hoy.

   “Qué grave se antoja el hecho de que Fox haya tenido que decir que ‘está bien sentado en la silla’. ¿Quién piensa que no?… Qué grave escuchar a Vicente Fox proferir la frase: ‘Ni se crean que me van a tumbar a mí con críticas de periódicos’. ¿A qué viene la paranoia?”. Carlos Marín en Milenio Diario.

   “Pareciera que no ha existido una red de protección para el Presidente como la que tienen todos los mandatarios de los países civilizados. Esta red normalmente es una primera línea de defensa a los dichos del Presidente; también se convierte en la productora de las estrategias, de acción y comunicación”. Enrique Quintana, Reforma.

   “Este fin de semana terminó una era en las relaciones de los medios con el presidente de la República… si el presidente se pone los guantes y sube al ring para golpear, lo van a golpear también”. Joaquín López Dóriga en Radio Fórmula.

   Por nuestra parte ya en la edición dominical de Sociedad y Poder comentamos, en extenso, el mensaje radiofónico del presidente Fox. Ahora puede constatarse cómo el titular del Ejecutivo consiguió unificar la opinión de periodistas y comentaristas… en contra suya.

   Esa no es una consecuencia que resulte festejable. Con el deterioro de la relación entre el presidente y la prensa todos pierden: sociedad, periodistas y antes que nadie el licenciado Fox. Una prensa que considera que el poder la mira con prejuicio y desagrado tenderá a ocuparse con excesiva desconfianza de los asuntos gubernamentales. Pero peor es la actitud del gobernante que, a priori, cree que si no le aplaude incondicionalmente la prensa está en contra suya.

   A partir de este episodio quizá sea posible que el trato entre la prensa y el gobierno esté cimentado en reglas claras y no en actitudes discrecionales.

   Los medios –y no para congraciarse con el poder sino para comprometerse con la sociedad– podrían afinar sus mecanismos a fin de actuar con profesionalismo y responsabilidad.

   Pero antes que nada el presidente Fox tendría que dejar de considerar a la prensa como instrumento y comenzar a entenderla como interlocutora.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

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