Impiden el mega monopolio en la radio

La Crónica de Hoy, 5 de diciembre de 2000

El veto a la fusión del Grupo Acir con Televisa Radio es una buena noticia, en varios sentidos. Se impide la consolidación de un monopolio que hubiese afectado la de por sí difícil competencia entre las radiodifusoras mexicanas. Se rechazan las presiones de Televisa, que utilizó sus noticieros para amagar en beneficio de sus intereses corporativos. Y se ubica en el centro de la discusión pública el tema de la concentración de los medios de comunicación.

   La tendencia a adherirse a grupos cada vez más grandes, ha alineado en seis o siete consorcios a la mayor parte de las cerca de mil 200 estaciones de radio de todo el país. Dos de ellos, Acir y Televisa Radio, hace dos meses y medio decidieron fusionarse y lo anunciaron como un hecho. Sin embargo una alianza de esas dimensiones tenía que ser aprobada por la Comisión Federal de Competencia (CFC) cuyos cinco integrantes, ayer, resolvieron prohibirla.

   Esa decisión estuvo precedida de un intenso aunque no siempre claro litigio a través de varios medios. En contra de lo que sucedía antes, cuando las decisiones de los grandes consorcios mediáticos no eran objetadas por nadie, al menos abiertamente, en esta ocasión la alianza Televisa-Acir fue cuestionada por más de 60 radiodifusoras. Los propietarios de esas estaciones consideraron que la fusión atentaría contra el derecho a la información y que Televisa tendría la posibilidad de competir ventajosamente al ofrecer paquetes que incluyesen anuncios en televisión y otros medios. “Los monopolios de los medios de información son contrarios al interés público” consideraron esos radiodifusores encabezados por Edilberto Huesca, de Radio Mil.

   El 18 de septiembre Televisa anunció la adquisición del 27.82% de las acciones del Grupo Acir a cambio de 101 millones de dólares. Acir tiene un centenar de estaciones pero administra 18 más y tiene otras 53 radiodifusoras afiliadas. De manera simultánea se había anunciado la integración de Acir con Radiópolis, de Televisa, propietaria de 24 radiodifusoras. Televisa se quedaba con el 50.01% del capital de la nueva alianza.

   Esa fusión dominaría con tanta fuerza el mercado de la radio que los radiodifusores que se opusieron a ella aseguraron en un segundo desplegado, el 15 de noviembre, que una empresa con el poder que tiene el Grupo Televisa no podría existir en ningún otro país de la OCDE, pues en todos ellos hay regulaciones que limitan la propiedad de medios de comunicación en un solo consorcio.

   Allí se encuentra la gran importancia de la decisión que tomó la CFC, presidida por Fernando Sánchez Ugarte. A diferencia de casi todo el resto del mundo en México ni las leyes, ni los gobiernos, han establecido límites para la concentración monopólica de los medios de comunicación. Gracias a tal descuido Televisa ha podido crecer a su antojo, aunque no es la única empresa del ramo que se ha beneficiado de esa condescendencia estatal.

   El hecho de que una sola empresa reúna tal poder mediático no solo afecta a sus competidoras. Además, la concentración de tantas capacidades de información y difusión Televisa la llega a aprovechar con propósitos de presión política para favorecer sus intereses mercantiles.

   La semana pasada, cuando se sabía que los razonamientos de los radiodifusores opuestos a la fusión estaban ganando terreno, Televisa emprendió una desaseada campaña contra la Comisión Federal de Competencia pero sin mencionar el asunto de la radio. Sin que viniera a cuento, porque ese tema fue resuelto hace dos meses, de pronto Televisa comenzó a mostrar declaraciones de los grupos que se opusieron a la venta del consorcio que formaban Aeroméxico y Mexicana de Aviación. Los noticieros de esa empresa no aclaraban que dicha operación ya había sido resuelta.

   Cuando aún no se resolvía la venta de las aerolíneas por separado Televisa no mostró interés en dar tribuna, al menos con tanta notoriedad, a los sindicatos que desde entonces cuestionaban la separación de esas empresas. Y no lo hizo porque entonces el tema no le concernía. En cambio ahora lo utilizó en un intento para forzar a la CFC, no el el asunto de la aviación sino en la decisión sobre las radiodifusoras.

   Con ese manejo noticioso Televisa volvió a conductas que algunos, con cierta candidez, creían superadas. En marzo de 1990 –por ejemplo– repentinamente denunció la tala de árboles que habría con motivo de la ampliación de la carretera México-Toluca. No era la protección forestal lo que le interesaba a ese consorcio sino, con esa imputación, presionar a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes que estaba por resolver las primeras concesiones de telefonía celular, negocio en el que Televisa quería participar. Los tiempos y hasta los personajes cambian, pero algunos comportamientos empresariales no.

   Ahora la Comisión Federal de Competencia no sólo no se dejó intimidar sino que denunció públicamente esa “campaña difamatoria”, como la calificó el pleno de ese organismo. Y ayer resolvió oponerse a la fusión. Se evitan así, al menos en este caso, las consecuencias de un injustificable vacío. Las leyes mexicanas no prohíben expresamente la desmedida concentración mediática, que comienza por el atrabiliario mecanismo que se mantiene en la asignación y la renovación de concesiones para transmitir por radio y televisión. Allí se encuentra una asignatura de urgente deliberación para los legisladores y las fuerzas políticas interesados en que la democracia mexicana vaya más allá de la efectividad del sufragio.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

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