Excélsior: nuevo rumbo, viejos problemas

Publicado en La Crónica de Hoy el 12 de octubre de 2000

Es enorme y hay que desearles entereza y suerte para que logren sobrellevarlo, el paquete que los trabajadores de Excélsior decidieron llevar sobre sus espaldas el viernes pasado. La suspensión de los derechos del director y otros funcionarios de ese periódico, decidida en asamblea con 773 de los 916 miembros de la cooperativa, señaló el fin de una larga y contradictoria época para el llamado Periódico de la Vida Nacional.

   La del viernes era una decisión larga, incluso desgastantemente anunciada. La cooperativa Excélsior siempre ha tenido conflictos, pero esas tensiones aumentaron cuando la crisis económica de hace casi seis años la golpeó de manera muy grave. Trabajar en Excélsior y sobre todo ser miembro de la cooperativa dejó de significar el privilegio que era en otros tiempos.

   Mimetizado desde los años cincuenta y hasta buena parte de los setenta a la supeditación que el gobierno le imponía a la prensa Excélsior contaba con suficiente presencia pública para, en ocasiones, tener destellos de buen periodismo e incluso de relativa autonomía. A pesar de la salida de don Julio Scherer y docenas de excelentes periodistas en 1976, Excélsior siguió siendo un periódico que informaba y orientaba –en ese orden–. Más adelante el surgimiento de nuevos diarios y la modernización de algunos otros fueron dejando rezagado a ése, que sin lugar a dudas fue el periódico mexicano más importante hasta hace algunos años.

   La sujeción de Excélsior al gobierno, siendo intensa, no era mayor a la que mantenían y mantienen muchos otros diarios mexicanos. Pero el oficialismo que de allí resultaba el diario de Reforma 18 no lo compensaba con los intentos de búsqueda y creatividad que, de una u otra manera, se desarrollaron en otros periódicos.

   Esa identificación con el poder político llegó a un momento extremo, y a la postre desafortunado, cuando Excélsior decidió apoyar al candidato presidencial del PRI en el reciente proceso electoral. Al asumir esa postura el diario era congruente con las posiciones que había sostenido desde su creación en 1918. Con frecuencia Excélsior no solo se consideraba vocero, sino parte del poder político. Así se comportaban, al menos, algunos de sus directivos más importantes. Así entendían al diario gobernadores y secretarios de Estado.

   No es reprochable que un periódico asuma simpatías o compromisos políticos. Si los tiene, es deseable que los haga explícitos ante sus lectores. Aunque no fuera compartida por quienes no simpatizaron con ese candidato, la definición de Excélsior a favor de Francisco Labastida era legítima. Lamentablemente, junto con esa posición política el diario se hizo cabida de libelos contra el candidato rival, Vicente Fox. Entonces Excélsior se apartó de su tarea informativa, enredó la información con la propensión política de sus directivos y la crisis económica que ya padecía se aunó a una patente ruina política.

   Muchos trabajadores del diario, que contemplaban con preocupación los problemas financieros, temieron entonces que la bancarrota política fuese también económica. Rumores y pleitos internos desadormecieron a los cooperativistas y minaron el consenso que hasta entonces, de muchas maneras, habían conservado Díaz Redondo y sus allegados.

   Al parecer el director de Excélsior había pactado o pensaba acordar la venta de la empresa a un empresario prominente (se habla de Olegario Vázquez Raña, dueño de hospitales y aeropuertos). Sin embargo, movidos por las dudas y el disgusto, la mayoría de los cooperativistas le dio la espalda.

   Muchos de los trabajadores de Excélsior que hoy celebran la caída de Díaz Redondo y hacen la crónica festiva de estos días de crisis, mantuvieron durante largos años una actitud de docilidad ante el director ahora destituido. Pocos de ellos pusieron en cuestión la línea editorial del periódico en los años o meses recientes. Ahora manifiestan que han recuperado el periódico. Pero Excélsior siempre ha sido suyo. Con su anuencia –o resignación– se tomaron las decisiones que orientaron al diario durante los 24 años de la gestión de Díaz Redondo, igual que con ella se resolvió la salida de don Julio Scherer en 1976.

   Excélsior, de cualquier manera, se transforma. Estos días, para los cooperativistas, han sido de exaltación y temor, con el sentimiento de aventura que siempre tienen las decisiones colectivas en las que se juega el destino de un grupo de mujeres y hombres. Por lo pronto han dicho que se niegan a vender el diario. Pero una vez que revisen los balances financieros, cotejen saldos y conozcan las verdaderas dimensiones de los aprietos económicos de su empresa, tendrán que pensar de dónde obtienen liquidez para mantener el negocio y sostenerse ellos mismos.

   El esfuerzo de los trabajadores de Excélsior suscita solidaridad y simpatía. Pero más allá de la buena voluntad que hoy los aplaude,  necesitarán del realismo suficiente para advertir que los problemas principales del diario son la casi total ausencia de renovación periodística y el desajuste financiero que tiene en jaque a su empresa.

   Ninguno de esos dos problemas se resuelve, simplemente, declarando que la línea editorial ha cambiado. Es imperioso que los cooperativistas regularicen los mandos de su empresa y designen a sus nuevos directivos. Muchas de las decisiones cotidianas que requiere un periódico no se pueden resolver en asambleas, ni en consejos, por muy democráticos que sean.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

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