EU 2000: elección reñida, medios confundidos

Publicado el 9 de noviembre de 2000 en La Crónica de Hoy

Poco antes de la media noche Dan Rather, el experimentado conductor del noticiero de la CBS, miró de frente a la cámara y dijo: “Si usted está disgustado con nosotros, francamente no se lo reprocho”. Para entonces las cadenas de la televisión estadounidense habían cambiado cuatro veces su información sobre el resultado de la elección presidencial.

   Aún faltaban, a esas alturas de la noche, dos grandes virajes. A la una y cuarto de la madrugada, tiempo de México, los medios consideraron que el gobernador de Texas había ganado la disputada Florida y con ella, la elección nacional. El jolgorio de los republicanos fue transmitido a todo el planeta. El candidato demócrata llamó a su rival para admitir la derrota. Ese era el hecho: George W. Bush tenía votos electorales suficientes para ser el próximo presidente de los Estados Unidos.

   A partir de ese hecho en todo el mundo centenares de diarios aparecerían pocas horas más tarde proclamando un resultado que, cuando esos periódicos comenzaron a circular, ya había sido refutado por el segundo gran vuelco que experimentó esa madrugada la elección estadounidense. Sus asesores le explicaron a Albert Gore que no era seguro que hubiera perdido en Florida.

   The New York Times imprimió cuatro ediciones en el transcurso de la madrugada. La primera, que tuvo un tiraje de 115 mil ejemplares, pregonaba “George Walker Bush fue electo el 43 presidente de los Estados Unidos ayer, con uno de los márgenes más estrechos de la historia, coronando así un espectacular y excepcionalmente rápida carrera después de que su padre salió de la Casa Blanca”. Una hora más tarde publicaba otra edición, de la cual imprimió en Nueva York 382 mil ejemplares, con un cauteloso encabezado: “Bush y Gore compiten en la orilla, con una estrecha diferencia electoral; Hillary Clinton va al Senado”.

   A las cuatro de la mañana el conductor de noticias de ABC, Peter Jennings, se hacía eco del desconcierto de todos: “No estamos absolutamente seguros de qué es lo que sigue”. Entre lo que seguiría, se encuentra una sensación de incomodidad y reproche a los medios. Para los espectadores en todo el mundo fue la televisión la que le dio el triunfo a Gore, se lo quitó dos veces, proclamó a Bush y luego declaró que siempre no.

   El bochorno de los medios fue definido por Tom Brokaw, el conocido conductor del noticiero vespertino de la NBC: “No solo tenemos huevos en la cara. Tenemos una omelette entera”.

   Sin embargo hay que ir con tiento antes de culpar a los medios de la confusión que mantuvo pasmados todo el día de ayer a los estadounidenses y a buena parte del mundo. En ese país se acostumbra que el resultado de las elecciones sea anunciado a partir de conteos rápidos y encuestas de salida de casilla. Ese procedimiento habitualmente es suficiente, pero en esta ocasión las votaciones por los dos candidatos principales fueron tan parejas en varios estados que las aproximaciones estadísticas no pudieron ofrecer resultados concluyentes.

   La estimación de los resultados se hace a partir de encuestas levantadas por una organización denominada Voter News Service, que es financiada por la agencia de prensa AP y por las cinco principales cadenas de televisión –ABC, CBS, NBC, CNN y Fox–. Cada una de esas empresas periodísticas recibe los datos del VNS y hace sus propias proyecciones.

   Anteanoche la información recabada por ese servicio indicó primero que la mayoría en Florida era para Gore y allí comenzaron los problemas porque, al parecer, ese resultado se proporcionó sin suficiente respaldo estadístico. La CNN ha sido muy cuestionada, sobre todo fuera de los Estados Unidos, pero el desempeño de esa cadena fue más bien escrupuloso. La rectificación alrededor de las 9 de la noche, cuando se advirtió que los votos en Florida estaban muy disputados y aún no se le podían asignar al vicepresidente, se debió a una llamada de atención de los especialistas de CNN que advirtieron contradicciones entre las estimaciones del VNS y los datos de las votaciones que estaban siendo conocidos. Y a la una y cuarto de la mañana la declaración de que Bush era el ganador no provino de CNN sino del canal de noticias de la cadena Fox que en pocos minutos, eso sí, fue imitado por las otras cuatro cadenas.

   Los medios hicieron lo suyo. Cuando la noticia era que Bush había ganado así lo dijeron. Luego difundirían la rectificación.

   El origen de la confusión no se encuentra en los medios, sino en la tortuosidad del sistema electoral estadounidense que no está sustentado en el voto directo de los ciudadanos como ocurre en países que tienen comicios con reglas civilizadas y plenamente democráticas. Además en Estados Unidos, como en tantos otros sitios, hay quienes hacen trampa en las elecciones –y sospechosamente, uno de los estados más conocidos por las tendencias al fraude electoral es, precisamente, Florida–.

   Ese sistema es tan embrollado y sus resultados oficiales demoran tanto (hasta tres o cuatro semanas) que para suplir sus ineficiencias los medios han tenido que articular el sistema de sondeos que hemos comentado. El resultado que los estadounidenses suelen conocer de sus elecciones no es el del número de ciudadanos que votó por cada candidato sino el porcentaje que resulta de encuestas y muestreos después de los comicios. En la práctica, los sondeos han llegado a sustituir a los votos. Allí está el problema.

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