Acaparamiento radiofónico

La Crónica de Hoy, 20 de septiembre de 2000

Hace un par de semanas en su programa de Radio 13, Abraham Zabludovsky preguntaba sobre las restricciones establecidas por la legislación mexicana para impedir el acaparamiento monopólico en los medios de comunicación. Le respondimos que esa es otra de las grandes lagunas de las leyes destinadas a normar a los medios en nuestro país. No sólo no garantizan cabalmente los derechos de los individuos frente a posibles imputaciones en los medios, sino que tampoco limitan la posesión de muchas empresas de comunicación en pocas manos.

   En otros países –en los Estados Unidos, para no ir muy lejos– existen limitaciones para que quien es propietario de una empresa de televisión lo sea además de un periódico nacional, o de una radiodifusora, entre otras modalidades. El espíritu antimonopólico en los medios para comunicarse está de tal manera arraigado que incluso a Microsoft, la empresa de Bill Gates, le han prohibido difundir un software de su invención para navegar por Internet como parte de otro programa de cómputo también de su autoría –el sistema Windows–. Algunas instancias judiciales han considerado que eso es acaparamiento monopólico y el litigio continúa.

   En los mismos Estados Unidos hace una década y media Televisa tropezó con las leyes antimonopolios cuando pretendía ser propietaria, en la cadena Univisión, de más del 12.5% establecido por la ley para una firma extranjera. Cuando se negoció el Tratado de Libre Comercio el ahora difunto Emilio Azcárraga Milmo presionó para que se incrementara ese porcentaje pero no tuvo éxito.

   En México en cambio, ya que no tenemos una legislación que ataje la propiedad de muchos medios en pocas manos, las empresas de comunicación tienden a fusionarse y a volverse cada vez más grandes. La consecuencia inmediata es el empobrecimiento de opciones en materia de programación y lineamientos editoriales.

   Antier Televisa anunció la adquisición del 27.82% de las acciones de lo que hasta ahora había sido el Grupo Acir mediante un pago de 101 millones de dólares. Esa porción del segundo grupo radiofónico del país era propiedad de Inbursa cuyo dueño, el empresario Carlos Slim, hizo un buen negocio pues hace cuatro años pagó 60 millones de dólares por esas acciones.

   Junto con esa transacción Acir se integrará con Radiópolis, la empresa radiofónica de Televisa, para crear lo que ahora se llama Grupo Acir-Radiópolis.

   Propiedad hasta ahora de la familia Ibarra y de la empresa estadounidense Clear Channel, Acir tiene 50 estaciones de AM y 49 de Frecuencia Modulada en todo el país. A esas se suman las 11 en AM y 6 en FM de Radiópolis. Aunque la cuota de radiodifusoras que aportan a la nueva sociedad es mayor, los Ibarra poseerán solamente el 24.9% de Acir-Radiópolis. Otro tanto está en manos de la empresa estadounidense y el 50.01% será del Grupo Televisa. El manejo de la nueva empresa estará a cargo del radiodifusor Francisco Ibarra López cuya familia, sin embargo, solamente tiene capacidad decisoria sobre la cuarta parte de las acciones.

   Con 116 de las 1143 estaciones de radio concesionadas que según la Secretaría de Comunicaciones y Transportes hay en todo el país (según datos de 1988) pero con varias de las de mayor potencia de transmisión y presencia entre los radioescuchas, Acir-Radiópolis controlará una porción muy significativa del mercado. Si a esa capacidad de propagación y comercialización sumamos el respaldo que podrá encontrar en las televisoras propiedad de Televisa, su influencia para orientar y definir el perfil próximo de la radio mexicana parece excesiva. En la ciudad de México en donde según datos oficiales hay 52 estaciones de radio, Acir-Radiópolis es propietaria de la cuarta parte.

   Al anunciar la fusión de la cual se beneficia con la mayor parte, el propietario de Televisa, Emilio Azcárraga Jean, declaró que seguramente la Comisión Nacional de Competencia no objetará la transacción. Ese optimismo está fundado en los vacíos legales que seguimos padeciendo en materia de reglamentación para los medios y en la notable complacencia que el actual gobierno federal ha tenido respecto de las grandes empresas de ese ramo.

   Más allá de las imperfectas leyes actuales, el control de 116 radiodifusoras por parte de una sola empresa que, por añadidura, tiene otros y muy fuertes intereses mediáticos, no es precisamente una buena noticia. Ayer los escuchas de algunos de los programas de mayor audiencia en Radio Acir manifestaban su preocupación ante la posibilidad de que, con nuevo dueño, esa y otras emisoras modifiquen su contenido. En Los protagonistas participan conductores como José Ramón Fernández que, desde la perspectiva que le da su ubicación profesional en TV Azteca, ha sido persistentemente crítico con la política deportiva de Televisa. El noticiero Detrás de la noticia es dirigido por Ricardo Rocha y el Panorama de mediodía por Guillermo Ochoa, los dos conocidos periodistas que renunciaron a Televisa.

   Seguramente Acir, ahora ligada a Televisa, procurará mantener a esos conductores porque le reditúan audiencia. Pero no dejará de ser inquietante la capacidad del consorcio de Avenida Chapultepec y de San Ángel para promover cambios cada vez que sus intereses mercantiles, o políticos, así lo sugieran. Muchos medios, en pocas manos, es una tendencia que va en contra de la democracia.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

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