Garganta profunda

La Crónica, 1 de junio de 2005

“Yo soy el tipo al que llamaron Garganta Profunda”. Con esa declaración W. Mark Felt, ex agente y ex funcionario del FBI, ha confirmado que él fue el informante que hace 32 años les permitió a los reporteros Bob Woodward y Carl Bernstein armar el complejo rompecabezas periodístico que conduciría a la dimisión de Richard Nixon, presidente de Estados Unidos.

   La revelación es tan importante en el periodismo y la sociedad estadounidenses que la revista Vanity Fair, en cuya edición de julio se publicarán las declaraciones de Felt, no pudo esperar hasta entonces. Ayer dio a conocer el reportaje del periodista John D. O’Connor que durante más de un año buscó, trabajó y afianzó la historia que tanto revuelo está causando en la prensa internacional.

   O’Connor se enteró circunstancialmente de la posibilidad de que el ex agente Felt fuera el celebérrimo Garganta Profunda. Desde mayo del año pasado le insistió para que aceptase que su identidad fuese revelada. Ahora, a los 91 años y bastante enfermo, la autorización para el reportaje no la dio Felt sino su familia, interpretando el deseo del antiguo agente del FBI.

   Durante décadas, Felt les ocultó incluso a sus hijos que él había sido quien les dio a Woodward y Bernstein las pistas básicas para denunciar el espionaje que la Casa Blanca había emprendido contra sus rivales políticos del Partido Demócrata. Apenas hace algunos meses se decidió a contarle a su familia aquella experiencia de la que, dicen, se encuentra orgulloso.

   En su largo texto para Vanity Fair, O’Connor explica: “La identidad de Garganta Profunda es el más grande misterio sin resolver para el periodismo moderno. Se ha dicho que puede ser la persona anónima más famosa en la historia de Estados Unidos. Pero no obstante su notoriedad, la sociedad americana de nuestros días tiene una considerable deuda con el funcionario del gobierno que decidió, con gran riesgo personal, ayudar a Woodward y Bernstein a que persiguieran las verdades escondidas de Watergate”.

   Ese era el nombre del edificio en Washington en donde estaban las oficinas del Comité Nacional Demócrata y en el cual, en junio de 1972, fueron descubiertos cinco individuos que colocaban micrófonos ocultos. Los reporteros del Washington Post siguieron esa historia hasta descubrir que estaba relacionada con financiamientos fraudulentos, espionaje ordenado directamente desde la Casa Blanca y con una cadena de falsedades cuya develación desembocaría en la renuncia del presidente Nixon. Ese trabajo se benefició, luego, de las revelaciones del confidente que ahora se sabe era el segundo hombre en la jerarquía del FBI.

   A ese informante uno de los directores del Post lo bautizó Garganta Profunda por las hondonadas del entramado político desde donde les ofrecía pistas a sus reporteros pero, también, porque así se llamaba una película pornográfica que estaba de moda y cuya protagonista, Linda Lovelace, se ufanaba de tener habilidades sicalípticas a las que aludía ese título.

   Sin la contribución de Garganta Profunda los reporteros del Post quizá no hubieran completado la descripción de los manejos tramposos de Nixon y algunos de sus colaboradores. Pero el trabajo de Woodward, Bernstein y otros de sus compañeros de ninguna manera se redujo a reproducir aquellas filtraciones. Si ese episodio sigue siendo considerado como paradigma de periodismo de investigación fue porque día tras día, durante varios meses, esos reporteros hicieron, simple y perseverantemente, su tarea.  

   El legendario director del Washington Post en aquellos años, Ben Bradlee, lo puntualiza así en su libro La vida de un periodista: “Mucha gente se preguntaba entonces –e incluso ahora, tantos años después– cómo podía el Post seguir adelante con la historia cuando el presidente de Estados Unidos, el fiscal general de Estados Unidos y todos los altos cargos del presidente, como H.R. Haldeman, John Ehrlichman y Charles Colson [asesores y consejero de Nixon] lo negaban todo constantemente, y continuar apoyando a Woodward, Bernstein y Garganta Profunda. La respuesta no es muy complicada. Poco a poco, semana a semana, sabíamos que nuestras informaciones eran ciertas cuando las escuchábamos, ciertas cuando las comprobábamos por primera vez y ciertas cuando las volvíamos a comprobar. Poco a poco, tan pronto como la comprobábamos, empezábamos a darnos cuenta de que la información que salía de la Casa Blanca era incorrecta. Que aquellos estadistas estaban mintiendo”.

   Esa es la diferencia entre un periodismo de filtraciones como el que está siendo tan frecuente en México –y que acaba sirviendo al interés de quienes deslizan informaciones anónimas– y, por otro lado, el periodismo de investigación que toma las versiones cuya fuente no puede acreditar solamente como indicios para verificarlos una y otra vez.

   Ese es, también, ejemplo de las circunstancias excepcionales en las que resulta preciso proteger el anonimato de una fuente. Woodward, Bernstein y Bradlee jamás revelaron quién era Garganta Profunda hasta que ayer lo dijo el propio Mark Felt.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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