Intereses y convicciones

La Crónica, diciembre 14 de 2004

Anoche, a la hora de enviar esta columna para su publicación, las comisiones del Senado que evalúan la iniciativa de Ley de Radio y Televisión proseguían la reunión que iniciaron a las 6 y cuarto de la tarde. Después del largo y espaciado proceso de discusión y elaboración que se reseñaba ayer en este espacio era difícil que se expresaran inquietudes que no se hubieran conocido antes.

   Los senadores comprometidos con la modernización legal de los medios ratificaron las convicciones que, independientemente de sus adscripciones partidarias, los han llevado a coincidir en esa propuesta. Otros más, que no han querido reconocer la importancia del tema o que tienen demostradas coincidencias con los intereses de las empresas de radiodifusión más influyentes, buscaron paralizar la discusión del proyecto.

   Más allá del destino inmediato de esa iniciativa –que en cualquier caso tendrá que seguir el proceso legislativo en el periodo de sesiones que comenzará dentro de mes y medio– el avance que ha tenido la causa de la reforma de los medios ha sido notorio y considerable. Hace unos meses parecía que no existirían condiciones para que el tema de la situación legal de los medios electrónicos encontrara espacio en la agenda del Congreso. Hoy ha sido reconocido como una de las asignaturas fundamentales en la transición del país.

   Varias circunstancias coincidieron para actualizar el interés acerca de esos medios. El protagonismo que algunos de ellos han adquirido y que desborda al papel de intermediarios que sería de esperarse de las empresas de comunicación, así como la creciente influencia que la televisión y la radio alcanzan en la vida pública, resultaron más evidentes en el transcurso de este año.

   Videoescándalos, telecracia y concentración mediática son tendencias que existen hace rato en el escenario mexicano. Pero el abuso de un poder que desborda sus atributos tecnológicos y la omnipresencia que han alcanzado en todos los ámbitos del quehacer social permitieron que los medios hayan sido reconocidos ya no solamente como un recurso para propagar los contenidos más diversos sino, junto con ello, como un problema para la democracia mexicana.

   El problema que significan los medios no se debe a la libertad, por fortuna extensa e intensa, que han afianzado en los años recientes. Gracias a ella la sociedad se encuentra mejor enterada de algunos de los asuntos públicos relevantes y los medios a veces sirven como contrapeso a los abusos del poder político. La dificultad ha radicado en que la capacidad para difundir e influir a través de los medios de masas es acaparada por unas cuantas empresas –en la televisión solamente dos– en perjuicio de la sociedad e incluso de otras zonas del poder.

   Esas condiciones, entre otras, destrabaron algunas de las dificultades que habían encontrado los intentos para impulsar la reforma de los medios electrónicos. Y sobre todo, persuadieron a importantes segmentos de la sociedad y el poder acerca de la necesidad de perderle el miedo a los grandes consorcios mediáticos que se han opuesto a la modernización legal para la televisión y la radio.

   La mayoría de las objeciones a esa iniciativa partieron de la ignorancia o de la mala fe y le han atribuyeron peligros que no tiene. Varias de ellas sostuvieron, por ejemplo, que el proyecto de los senadores implicaría censura sobre los contenidos de la radio y la televisión. Sin embargo esos impugnadores no han señalado uno solo de los 193 artículos del proyecto de Ley que signifique riesgos para la libertad de expresión.

   Ayer en la reunión de las tres comisiones senatoriales se expresaban convicciones e ignorancias similares a las que se han exhibido en varios medios de comunicación. El senador Emilio Gamboa Patrón demostró que los intereses de los concesionarios sí están representados, aunque sea de manera oficiosa, en ese espacio legislativo. El senador Javier Corral Jurado, con claridad y energía, descalificó cada una de las objeciones que se presentaban para aprobar el proyecto de dictamen. La más extensa de sus alocuciones fue de una solidez ejemplar.

   En la fase siguiente, en la sociedad y en su momento en la Cámara de Diputados, esos argumentos adquirirán mayor peso. Anoche en la discusión de los senadores, transmitida por el Canal del Congreso, se pudo apreciar quiénes, por interés personal o porque nadie les avisó que el país y el mundo ya cambiaron, han decidido quedarse anclados en un pasado de prácticas discrecionales y patrimonialistas. Y se pudo observar en vivo y directo qué senadores defienden, con dignidad, valentía y convicciones, una radiodifusión comprometida con el servicio público y no con el lucro mercantil y político.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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