Gobierno arrodillado

La Crónica, 11 de octubre de 2002

Ayer, con el regalo que les hizo a los radiodifusores, el presidente Fox confirmó que su gobierno está de rodillas frente a las exigencias de los principales dueños de la televisión y la radio. 

   La eliminación del llamado tiempo fiscal que las televisoras y radiodifusoras debían ceder para el uso del Estado cumple con las exigencias de los empresarios de esa rama y no representa, en absoluto, el interés de la sociedad mexicana.

   El 12.5% del tiempo de transmisiones que los radiodifusores debían entregar para la propagación de mensajes públicos atendía a circunstancias muy distintas a las que ahora tenemos en México y por eso era pertinente que fuese revisado. Tal fue, precisamente, la tarea de la llamada Mesa de Diálogo que la secretaría de Gobernación instaló en marzo de 2001 y en la que participaron docenas de legisladores, dirigentes partidarios, radiodifusores, representantes de instituciones académicas y de organizaciones sociales.

   Ese grupo trabajó durante un año bajo la convicción de que la reforma legal de los medios electrónicos tenía que realizarse de manera integral, sin medidas parciales que se antepusieran a la renovación de todo el marco jurídico. En atención a ese criterio la secretaría de Comunicaciones y Transportes postergó la renovación de varias concesiones que estaban por vencer para aguardar a que hubiera nuevos criterios para la aprobación de esas licencias.

   Aquel proceso de diálogo y la decisión misma de examinar de manera exhaustiva las normas para los medios electrónicos constituían un compromiso y, según parecía entonces, una actitud plausible del gobierno federal. Frente a la discrecionalidad en las decisiones respecto de la radio y la televisión y el oneroso rezago jurídico que se habían mantenido en esa área, el actual gobierno mostraba una actitud de renovación.

   Aquel proceso de deliberaciones y el compromiso para que la actualización del marco jurídico de los medios electrónicos atendiese al interés de la sociedad, han sido sustituidos por la postración ante las empresas de comunicación más poderosas.

   Al cancelar el llamado tiempo fiscal el presidente de la República regala, como si fuera suyo, un recurso que no era patrimonio solo del gobierno sino del Estado mexicanos. Al expedir un reglamento de la Ley Federal de Radio y Televisión sin consultar mas que a los empresarios de ese sector el gobierno se burla del resto del Estado y la sociedad.

   Los tiempos fiscales podían tener un origen discutible pero eran utilizados para difundir campañas de salud y educación, avisos útiles para la población, espacios de contenido cultural y los mensajes de los partidos políticos, entre otros contenidos. El 12.5% del tiempo de transmisiones, que en la mayoría de las estaciones equivale a 3 horas diarias, nunca se utilizó del todo e incluso en su aprovechamiento prevalecieron criterios oscuros que los radiodifusores solían dictar en beneficio de sus intereses. Pero eran un bien del Estado mexicano y sus instituciones.

   Ahora ese espacio es sustituido por un tiempo de hasta 48 minutos diarios en la televisión y 65 en la radio. ¿A cambio de qué? A cambio de nada. La Cámara de la Radiodifusión y el gobierno están presentando esta medida como se tratase de un trueque por el establecimiento del derecho de réplica en los medios electrónicos.

   Sin embargo ese derecho, tal y como se le describe en el artículo 38 del nuevo Reglamento, está supeditado a la decisión discrecional de cada estación de radio y televisión y solo podrá ejercerse cuando se trate de contenidos cuya fuente no se mencione. Así que bastará con atribuírselas a cualquier charla de café o a cualquier pasquín para que en la radio y la televisión se puedan decir mentiras, difamaciones y calumnias.

   El reglamento, así como la cancelación del 12.5%, fueron anunciados ayer por el presidente de los radiodifusores, Bernardo Gómez. Forma y fondo de la mano, esa ruptura del protocolo es indicativa de la subordinación del gobierno a los empresarios de la televisión. Más que fungir como inopinado vocero del presidente Gómez actuó como autor del guión que el licenciado Fox y el licenciado Creel aceptaron con inusitada docilidad.

   Ningún gobierno del PRI les había otorgado a los radiodifusores un regalo como el que ayer les hizo el presidente Fox.

   Resuelta de madrugada, a escondidas de la sociedad, la nueva alianza del gobierno y los radiodifusores constituye uno de los retrocesos más escandalosos (pero además innecesario) de la administración actual. Se trata, sin embargo, de una historia que no se ha resuelto del todo.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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