Talk shows, negocio y vergüenzas

La Crónica, 29 de enero de 2001

Medio año más tarde, las empresas televisoras vuelven a ser cuestionadas la transmisión de talk shows de contenido para adultos en horario para todo público.

   En agosto pasado la Secretaría de Gobernación se negó a ejercer las facultades que la ley le confiere para persuadir a los empresarios de la televisión de que esos programas tenían que ser modificados, o transmitidos a otra hora. Incluso algunos funcionarios aseguraron que nada podían hacer y no solo con injustificable desvergüenza, sino como si nadie más conociera las leyes, aseguraron que no existían mecanismos jurídicos para forzar a un concesionario a transmitir sus programas en otro horario. Luego reconocieron que la Ley Federal de Radio y Televisión y su reglamento establecían multas aunque, insistieron, eran tan pequeñas que los empresarios se reirían de ellas. Sin embargo el peso político –y moral, y público– de una multa por atentar contra los niños y los jóvenes hubiera sido muy significativo.

   El gobierno anterior se negó a incomodar a las empresas de televisión ni siquiera con el pétalo de un regaño. Esa es una de las muchas pruebas que la nueva administración tiene que enfrentar. Ahora lo podrá hacer con el antecedente de que otro Poder, el Legislativo, le ha exigido que ponga en práctica sus facultades jurídicas para que los talk shows dejen de ser transmitidos, al menos en el horario vespertino en donde ahora son vistos por decenas de miles de niños.

   El punto de acuerdo que la Comisión de Comunicaciones y Transportes del Senado de la República tomó por unanimidad el martes pasado tiene una importancia histórica, política y educativa. Desde hace cuatro décadas la ley autoriza al poder público para, en defensa del interés general, sancionar a los radiodifusores que transmitan escenas o situaciones que puedan afectar a los niños y los jóvenes. Sin embargo esa capacidad legal el gobierno jamás la quiso poner en práctica –mucho menos se aventuraron, las administraciones anteriores, a condicionar seriamente la renovación de alguna de las concesiones que los radiodifusores consideran propiedad suya y permanente aunque en términos formales son de la nación–.

   Los senadores consideraron que en esos programas: “conflictos y desajustes como el adulterio, necrofilia, prostitución, violencia intrafamiliar, incesto, drogadicción y otros son tratados como espectáculo grotesco, carente de análisis serio,  orientador o profesional acerca de las posibles causas y repercusiones del problema abordado. Por el contrario, estos temas son abordados a partir de anécdotas provocadoras, con explicaciones parciales interesadas, con despliegue de mensajes esotéricos y mágicos, milagreros y paranormales, presentados de manera acrítica y en el mismo plano de realidad que los científicos. Usando la demagogia que suelen presentar las opiniones, como equivalentes y válidas, independientemente de los conocimientos sobre los que se sustentan o de sus fundamentos éticos”.

   El Acuerdo de la mencionada comisión senatorial recuerda las exigencias y exhortaciones que han levantado ante el gobierno federal o ante Televisa y TV Azteca los congresos de Jalisco, Baja California, Chihuahua y la Asamblea Legislativa del DF, diversos diputados federales, la Secretaría de Salud, especialistas convocados por la UNESCO, el ILCE y la UNICEF y las comisiones nacional de la Mujer y los Derechos Humanos, entre otros sectores y ciudadanos, para que los talk shows dejen de ser transmitidos o al menos trasladados a un horario congruente con el tipo de contenidos que ofrecen.

   La Comisión senatorial le exige a la Secretaría de Gobernación que aplique la ley de Radio y Televisión para reubicar esas series en horarios nocturnos. También demanda el establecimiento de “las políticas necesarias encaminadas a dar cumplimiento a la legislación, supervisar y mejorar el servicio en materia de transmisión de contenidos de la radio y televisión, considerando su naturaleza jurídica de medios sujetos a concesión federa, que explotan un bien público nacional”.

   Tanta coincidencia en esas demandas no podrá dejar indiferentes a las empresas de televisión. A esas alturas transmitir los talk shows tiene costos mayores a las ganancias que pueden obtenerse de la venta de publicidad en esos programas. En la lucha por prestigiarse delante del público, Azteca y Televisa habrán de ponderar si mantienen esas series a costa de que sus audiencias constaten que no les tienen respeto ni a los telespectadores ni a las leyes. Claro, en todos estos meses y mientras se ha producido la presión que hoy existe contra los talk shows, esas empresas han seguido haciendo negocio con tales programas.

 

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