Dioses de papel y marketing

La Crónica, 16 de junio de 2003

Uno de los motivos más sólidos para ser ateo, o al menos agnóstico, lo ofreció la semana pasada el coordinador de Opinión Pública e Imagen de la Presidencia de la República.

Conocido por la llaneza de sus declaraciones, que suelen ir de la temeridad a la irresponsabilidad, Francisco Ortiz Ortiz es uno de los hombres más cercanos al presidente Vicente Fox. Ese funcionario se ufana de diseñar la propaganda que muestra tan a menudo al titular del Ejecutivo Federal haciendo diagnósticos, o promesas, cuya difusión es tan extensa como su lejanía respecto de la realidad.

Los altos índices de reconocimiento que el presidente ha conservado entre los ciudadanos tienen a Ortiz encandilado y satisfecho. Su regodeo acerca de la eficacia de los anuncios que produce resulta algo contradictorio. Si la alta estima que el presidente suscita en la sociedad mexicana es causada por los “comerciales”, como llama Ortiz a esos mensajes, podría pensarse que tal apreciación no se debe a méritos auténticos del licenciado Fox y su gobierno sino a la divulgación que se hace de ellos.

Los ciudadanos, entonces, no aplauden los resultados del trabajo presidencial sino la imagen que de ese desempeño se propaga. Es decir, el mérito de los índices de popularidad registrados por las encuestas no sería del presidente de la República sino de sus asesores en mercadotecnia, encabezados por Ortiz.

Quizá esa magnificación de su propio quehacer conduce al coordinador de Opinión Pública e Imagen a considerar que el producto que con tanto buenos resultados ha elaborado, se encuentra tan distante de la realidad que ha podido colocarse en una zona exenta de riesgos en la estimación de la sociedad mexicana. Por eso, cuando se refirió a la reticencia que según él tienen los partidos políticos para cuestionar al presidente de la República, Ortiz se dio el lujo de expresar a la reportera Ivonne Melgar, del diario Reforma:

“No le conviene a nadie pegarle a Fox… Es como si tú eres cristiano y yo insulto a Dios… No puedes competir con un cuate que trae una calificación y una aprobación de si gobierno y de su persona como las suyas… Y ya todos se dieron cuenta de que por ahí no es”. Eso se publicó el jueves. Ni los partidos ni la Presidencia han objetado o desmentido esa frase tan petulante pero además, tan significativa del envanecimiento que define al equipo de comunicación de Los Pinos.

Hasta ahora Ortiz y los publicistas del licenciado Fox habían presentado al presidente alternando con payasos, jugando con niños, bromeando con estadistas, subiéndose al caballo, diciéndole sí al juez cuando lo casaron, tendido en su cama de hospital, saludando a la familia desde la tribuna del Congreso, haciéndola de locutor en su programa de radio, de abuelo feliz en el bautizo del nieto. Muchas de esas caracterizaciones o actitudes resultaron discutibles por la contradicción que implican con la formalidad y mesura que muchos mexicanos quisiéramos ver en el Presidente y por la confusión que implican entre vida privada y responsabilidades públicas.

Sin embargo la comparación que hizo Ortiz en la mencionada entrevista no tiene precedentes. Equiparar nada menos que con Dios al presidente de la República es indicio de la desproporción con que el Coordinador de Imagen percibe al producto que ha creado.

Esa analogía también da idea del sobredimensionamiento que Ortiz hace de sí mismo. Si gracias a su perfil público al Presidente se le compara con Dios, ¿en dónde quedará ubicado, dentro de esos parámetros, el publicista que creó tal imagen?

Esas actitudes no pasarían de ser una comprobación más de que el equipo gobernante no es sustancialmente distinto a quienes antes han ocupado posiciones destacadas en la cúpula del poder político, excepto porque la propaganda que diseña el señor Ortiz nos cuesta a los mexicanos una gran cantidad de pesos.

En algunas ocasiones distintos funcionarios del gobierno han asegurado que los spots del presidente son difundidos en lo que quedó del llamado tiempo fiscal en las televisoras y radiodifusoras. Sin embargo algunos observadores de estos asuntos tenemos dudas al respecto y sospechamos que ahora, igual que en años anteriores, el gobierno está gastando centenares de millones de millones de pesos en esos anuncios que el señor Ortiz denomina “comerciales” –confirmando que al presidente lo considera como un producto– y gracias a los cuales, según dice, el licenciado Fox se encuentra en una suerte de Olimpo mediático y político.

Por lo pronto, si esa es la imagen de Dios que tienen el señor Ortiz y otros inquilinos en Los Pinos, hay motivos para apelar al ateísmo. O quizá debamos creer que en México se hace realidad aquella película africana de hace dos décadas que anunciaba que Los dioses deben estar locos.

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